En primer lugar, pido a mi Padre Santísimo perdón, Señor, por nuestra terquedad, por nuestras conductas que no te agradan, porque muchas veces hacemos lo que queremos y no lo que Tu quieres que hagamos. Hacemos compromiso hoy de recibir tu perdón para seguir adelante, buscando tu Santo Nombre, confiando en Ti, rendidos en todo. Muéstranos hoy, amado Padre, el camino a seguir. Alumbra nuestra senda hacia la santidad que deseas para nuestras vidas. Danos un corazón que no deje de anhelarte y desear tu presencia. Ayúdanos a permanecer firmes haciendo tu voluntad en nuestras vidas. En el nombre de Jesús de Nazareth, amen.
INTRODUCCIÓN
A veces uno se pregunta: ¿cómo agradar a Dios, si uno es tan imperfecto? ¿Por qué, queriendo yo ir en busca de la santidad, caigo y caigo? ¿Cómo es que uno puede, siendo tan imperfecto, ser mirado con tanta compasión por nuestro Dios?
He oído personas a los que les he compartido el Evangelio, como aprendimos con mi esposa en el hermoso Ministerio de Evangelismo Explosivo, quienes al momento de tomar una decisión por aceptar a Jesús me dicen que ¡aun no están preparados! Que van primero a perfeccionarse un poco para luego dar el paso. Y muchos de los que ya están con Cristo a veces se dejan llevar por la excusa de ser imperfectos, de aun pecar y ofender a Dios, para alejarse de Él, unas veces definitivamente, otras temporalmente, pero todas con consecuencias que no logramos concebir.
A unos y otros, a aquellos que no han aceptado aun a Jesús como Salvador de sus vidas y a los que lo han hecho algún día, van estas palabras de exhortación, de consuelo y de ánimo. A aquellos no sin antes mostrarles lo que les dice el Dios creador del cielo y de la tierra a cerca del tiempo de su salvación en 2 Corintios 6, 2: "...He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación". A estos, cristianos seguramente inconscientes de lo que son en Cristo, no sin antes señalarles las amorosas advertencias de Su Señor y Salvador en Filipenses 2, 12 a 13: "Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad".
Esta enseñanza estará basada en la historia del Rey David, un hombre imperfecto, plagado de errores, que tuvo que afrontar y sufrir las consecuencias de sus pecados, pero que perseveró en tener una amistad entrañable con el Dios Altísimo y fue considerado por el mismo Creador del Cielo y de la tierra como conforme a su corazón.
"Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero". Hechos 13, 22
COMPAREMOS PECADOS
Uno tiene la tendencia a creer que para ser conforme al corazón de Dios debe ser perfecto, sin una mancha, pero creo que debemos tener plena conciencia de que tenemos a Jesús en el corazón, hemos sido sellados con el Espíritu Santo, pero no somos Jesús. Tenemos faltas, pecamos, somos santos en búsqueda de la santidad.
David Incita a Jonatán a mentirle a su Padre el rey Saúl.
Sí, David estaba asustado, temeroso, descontrolado por las actitudes del Rey hacia él. Es posible que se encontrara en una encrucijada como muchas veces hemos estado varios de nosotros, sin saber cuál es el camino que debemos seguir sin hacernos daño y sin violar la Ley de Dios. Había sufrido afrenta grave de parte de Saúl, el rey de su pueblo, pero sabía que no podía responder de la misma manera. Al mismo tiempo temía mucho por su propia vida. Fue débil y optó por la vía fácil: el engaño. No podemos condenarlo o excusarlo porque Dios que es al que le corresponde juzgarlo ya lo justificó. Solamente constatamos su humanidad, su imperfección, su condición de reaccionar humanamente ante ciertas situaciones. El ya había vencido milagrosamente a Goliat, un gigante mucho más grande que Saúl, pero esta vez se trataba de enfrentar un "ungido de Jehová". Entonces decidió convencer a Jonatán de ser su cómplice en la mentira: "Sabes, dijo David, mañana es la fiesta de luna nueva, y se supone que yo debo sentarme a la mesa para comer con el rey. Pues bien, deja que me esconda en el campo hasta pasado mañana por la tarde. Si tu padre me extraña, dile que yo insistí en que me dejaras ir en seguida a Belén, mi pueblo, pues toda mi familia estaba reunida allá para celebrar su sacrificio anual. Si él responde que está bien, entonces no corro ningún peligro. Pero si se enfurece, con eso sabrás que ha decidido acabar conmigo". 1 Samuel 20, 5 a 7. Jonatán que lo amaba con un amor de hermano accedió, mintió y de esa forma se convenció que su Padre realmente quería dañar a David.
Miente al sacerdote y hace que le entregue los panes de la proposición. Esto después causa un desastre abominable.
Ahora imaginemos a David más temeroso, corriendo, huyendo como un delincuente condenado a muerte. Agobiado, sin respuestas, perseguido sin ninguna razón entendible. Cuando llega a Nob está convencido de que es necesario ocultar la verdad pues según su lógica humana, si cuenta que el rey estaba tras él podía ser apresado inmediatamente y asesinado o puesto en supremo peligro. Piensa que no tiene salida. No sabemos si se imagina las consecuencias de lo que va a decir, pero después de todo lo sucedido el confiesa que en algún momento estaba seguro que Doeg el edomita le contaría a Saúl y que él, David, era culpable de este desastre. Pero sigamos. Entonces, David está en Nob y va a "ver al sacerdote Ajimélec, quien al encontrarse con David se puso nervioso. ¿Por qué vienes solo? le preguntó. ¿Cómo es que nadie te acompaña? David le respondió: Vengo por orden del rey, pero nadie debe saber a qué me ha enviado ni cuál es esa orden. En cuanto a mis hombres, ya les he indicado dónde encontrarnos. ¿Qué provisiones tienes a mano? Dame unos cinco panes, o algo más que tengas. No tengo a la mano pan común y corriente le contestó el sacerdote. Podría darte el pan consagrado, si es que tus hombres se han abstenido por lo menos de estar con mujeres. David respondió: Te aseguro que, como es la costumbre cuando salimos en una expedición, no hemos tenido contacto con mujeres. Además, mis hombres se consagran incluso en expediciones ordinarias, así que con más razón están consagrados ahora". 1 Samuel 21, 1 a 15
Pueden contar las mentiras: 1- Dijo que iba por orden del rey; 2- Dijo que la orden era de tal importancia que nadie debía conocerla; 3- dijo que venía acompañado de varios hombres leales al rey; 4- Dijo que ellos no habían estado con mujeres. 5- Además le agregó una "ñapa": hizo que el sacerdote cometiera pecado entregándole el pan consagrado, los panes de la proposición, que no podía regalar así y que David tampoco podía ingerir y ¡menos a punta de mentiras como esas!
¡Mejor dicho un verdadero record de mentiras y engaños en apenas 6 versículos!
Pero esto no fue lo peor pues lo pésimo de esta historia vino después cuando Saúl fue avisado por uno de sus fieles que fue testigo de todo, y ordenó a sus tropas moverse hasta Nob. Dejemos que sea la propia Escritura que nos cuente esta abominación: "¡Te llegó la hora, Ajimélec! replicó el rey. ¡Y no sólo a ti sino a toda tu familia! De inmediato el rey ordenó a los guardias que lo acompañaban: ¡Maten a los sacerdotes del Señor, que ellos también se han puesto de parte de David! Sabían que estaba huyendo, y sin embargo no me lo dijeron. Pero los oficiales del rey no se atrevieron a levantar la mano en contra de los sacerdotes del Señor. Así que el rey le ordenó a Doeg: ¡Pues mátalos tú! Entonces Doeg el edomita se lanzó contra ellos y los mató. Aquel día mató a ochenta y cinco hombres que tenían puesto el efod de lino". (1 Samuel 22, 16 a 18).
No creemos que David haya calculado las consecuencias lúgubres de su paso por Nob y de las mentiras que dijo. Casi nunca podemos ver todas las consecuencias de nuestro pecado. A veces sabemos algo pero preferimos ignorarlo y hacer como si nada supiéramos. Creo sinceramente que si David hubiera vislumbrado aunque sea una parte de la catástrofe, habría seguido su camino o habría tomado medidas para que todo eso no sucediera. Ahora bien, queda claro que Dios quiso dejar expresa constancia de todo lo que pasó para enseñarnos precisamente a proceder con extrema cautela en situaciones extremas, siempre considerando que nuestro pecado tendrá, sea cual sea la situación en que lo cometamos, consecuencias reales en nuestra vida.
Miente y engaña de nuevo al llegar a Gat, ¡esta vez con una interpretación teatral asombrosa!
No se distraiga de la escena. David sale de Nob, con la espada de Goliat que estaba allá y que le fue entregada por el mismo Sacerdote Ajilémec para cualquier eventualidad, y se dirige corriendo a Gat, la tierra de sus enemigos, los enemigos de su pueblo, los mismos que enfrentó al matar a Goliat. Allá lo reconocieron enseguida. Los oficiales del rey Aquis, al instante, se dieron cuenta que se trataba del famosísimo David. Al hombre le entró miedo de nuevo, pensó que la había embarrado por completo y que estaba en serio peligro de muerte. ¿Y saben que hizo? ¡Se hizo el loco! Pero no en el sentido de hacerse el que no sabe nada, sino en el literal sentido de la palabra. Fingió estar demente. Desquiciado. Sacó sus dones de actor e hizo unas escenas tan convincentes que el propio rey Aquis regañó a su gente por traerle semejante orate a su presencia para hacerle perder el tiempo. Miren como la Biblia describe este acontecimiento que de no aparecer allí, así apareciera en algún libro de historia nos hubiéramos, en principio, negado a creer: "Los oficiales le dijeron a Aquis: ¿No es éste David, el rey del país? ¿No es él por quien danzaban, y en los cantos decían: "Saúl destruyó a un ejército, pero David aniquiló a diez"? Al oír esto, David se preocupó y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Gat. Por lo tanto, cuando estaban por apresarlo, fingió perder la razón y, en público, comenzó a portarse como un loco, haciendo garabatos en las puertas y dejando que la saliva le corriera por la barba. Aquis dijo entonces a sus oficiales: ¿Pero qué, no se fijan? ¡Ese hombre está loco! ¿Para qué me lo traen? ¿Acaso me hacen falta más locos, que encima me traen a éste para hacer sus locuras en mi presencia? ¡Sáquenlo de mi palacio!"
Ahora, la pregunta es: ¿no es así como hubiéramos reaccionado muchos ante tan inseguras circunstancias? ¿Cómo actuaría usted si, por ejemplo, cae en un retén de las FARC en alguna carretera y ellos reconocen que usted es un comerciante exitoso o un político o un profesional bien posicionado o, como sea, una persona a la que pueden extorsionar o secuestrar? ¿Les diría usted con mucha cordura "sí yo soy fulano de tal, y tengo una platica con la que puedo pagar sus extorsiones"? ¿Qué actitud tendría usted? Ahora bien, usted es un hombre común y corriente, pero en la historia narrada se trataba de nadie más ni nadie menos que el escogido de Dios para ser rey de Israel, nación siempre enemiga de los Filisteos. Se trataba de un hombre que no sólo tenía responsabilidades personales y familiares sino políticas, gubernamentales y, también, divinas.
Con arrogancia planea rápidamente matar a Nabal (de la familia de Caleb) y a todos sus hombres.
Sigamos el relato sin confundirnos. Después de que el rey de Gat lo despreció como a un loco, David se fue para la famosa cueva de Adulán en donde se le unieron como cuatrocientos hombres, entre ellos su familia y muchos hombres en apuros, endeudados y con amargura en sus corazones. De ahí fue a Mizpa en Moab y allí dejó a sus padres y volvió a su refugio. Estando ahí fue que sucedió el asesinato de los sacerdotes y Ajimélec. Enseguida va David a liberar a Queilá, pero después tiene que dejarla porque Dios mismo le dijo que si se quedaba sería entregado por sus habitantes desagradecidos. David huye, va de un lugar a otro, corre atribulado, pero no angustiado por todas partes. Encontrándose en Maón y sabiendo que allí habitaba Nabal, un hombre muy rico, pero de malas maneras, envió a sus hombres a pedirle ayuda económica y provisión. Nabal les respondió, como cualquier impío lo hace, que ¡ni de riesgo iba a darles nada y que además no conocía al tal David! Cuando a David le dieron ese mensaje se llenó de soberbia y ordenó a todos empuñar la espada para salir a matar a Nabal y los suyos. Dice la Biblia que "acompañaron a David unos cuatrocientos hombres, mientras que otros doscientos se quedaron cuidando el bagaje". (1 Samuel 25, 13). Imagínese la desproporción: cuatrocientos hombres armados a masacrar a unos cuantos inocentes y a Nabal que sólo se había negado a regalarles algo de comer. David se llenó en un momento de amargura, de odio. Recordó cuando su gente había hecho bien a los de Nabal y le dio más ira, hasta el punto de invocar la ayuda de Dios para perpetrar su plan asesino: "David recién había comentado: "De balde estuve protegiendo en el desierto las propiedades de ese tipo, para que no perdiera nada. Ahora resulta que me paga mal por el bien que le hice. ¡Que Dios me castigue sin piedad si antes del amanecer no acabo con todos sus hombres!". (1 Samuel 25, 21 a 22).
Gracias a Dios la prudencia, la humildad y la inteligencia de Abigail, la esposa de Nabal, logró abortar el atentado. Pero queda la enseñanza de que la soberbia y la ira son dos pésimas consejeras y que uno siempre debe esperar que ellas se vayan para tomar decisiones. Antes de condenar a David por esto piense: ¿Cuántas decisiones impulsivas he tomado con soberbia? ¿Cuántas veces he decidido hacer cosas impulsado y motivado por una ira?
Mataba y masacraba clandestinamente a poblaciones impías.
David seguía huyendo, temiendo por su vida, aun después de haber perdonado la vida al rey Saúl. Entonces volvió a pensar en que lo mejor era refugiarse en tierras del enemigo y efectivamente apenas se refugió en tierras filisteas Saúl dejó de perseguirlo. 1 Samuel 27, del 1 a 2 nos cuenta esos sucesos: "Con todo, David pensaba: "Un día de éstos voy a morir a manos de Saúl. Lo mejor que puedo hacer es huir a la tierra de los filisteos. Así Saúl se cansará de buscarme por el territorio de Israel, y podré escapar de sus manos." Acompañado de sus seiscientos hombres, David se puso en marcha y se trasladó a la tierra de Gat, donde reinaba Aquis hijo de Maoc.... Aquel mismo día Aquis le dio la ciudad de Siclag, la cual hasta hoy pertenece a los reyes de Judá. David vivió en territorio filisteo un año y cuatro meses". En toda esa época el tuvo una costumbre tremenda: "Acostumbraba salir en campaña con sus hombres para saquear a los guesureos, guirzitas y amalecitas, pueblos enemigos de Israel que durante mucho tiempo habían habitado la zona que se extiende hacia Sur y hasta el país de Egipto. Cada vez que David atacaba la región, no dejaba a nadie con vida, ni hombre ni mujer. Antes de regresar donde estaba Aquis se apoderaba de ovejas, vacas, asnos y camellos, y hasta de la ropa que vestían. Si Aquis le preguntaba: "¿Qué región saqueaste hoy?", David le respondía: "La del sur de Judá"; o bien: "La del sur de Jeramel"; o "La del sur, donde viven los quenitas". (1 Samuel 27, 7 a 10).
Estudiosos afirman que aquí David no hizo más que matar a gente que ya estaba condenada a muerte por el mismo Jehová y en eso tienen razón, pero la Biblia no nos enseña que el Señor había dado esa misión a David, por el contrario nos muestra que David mismo "no dejaba con vida ni a hombre ni a mujer, pues pensaba que si llevaba prisioneros a Gat lo denunciarían por lo que estaba haciendo..." (1 Samuel 27, 11). Pero de todas formas David era un guerrero israelita y sabía la responsabilidad que un día, más temprano que tarde, iba a desempeñar al frente de los destino de su patria.
Traiciona a su patria yendo a las filas de sus enemigos filisteos.
Como si fuera poco, David decide sin problema, creo yo por el temor profundo que le infundía la situación misma de vivir en manos del pueblo enemigo, ponerse en contra de sus compatriotas y estar dispuesto a ir a la guerra contra ellos. "Por aquel tiempo, leemos en 1 Samuel 28, 1 a 2, los filisteos reunieron sus tropas para ir a la guerra contra Israel. Por lo tanto, Aquis le dijo a David: Quiero que sepas que tú y tus hombres saldrán conmigo a la guerra. Está bien respondió David. Ya verá Su Majestad de lo que es capaz este siervo suyo. Si es así añadió Aquis, de ahora en adelante te nombro mi guardaespaldas." Pero ahí no terminó la cosa sino que cuando efectivamente los generales de Aquis vieron a David saliendo a la batalla contra Israel se le rebelaron a su rey diciéndole que no aceptara su ayuda pues David podía traicionarlos en el fragor de la batalla. Aquis tuvo que aceptar a regañadientes las exigencias de su ejército y dijo a David que no obstante tener mucha confianza en él debería devolverse a casa a causa de los recelos de sus generales. Y para sorpresa suya y mía David trató de convencer al rey de Gat, llamándole incluso "mi señor": "Pero, ¿qué es lo que he hecho? reclamó David. ¿Qué falla ha visto Su Majestad en este servidor suyo desde el día en que entré a su servicio hasta hoy? ¿Por qué no me permiten luchar contra los enemigos de mi señor y rey?" (1 Samuel 29, 8). Tremendísimo ¿no? ¿Tenía David la intención real de ser fiel al rey de sus enemigos o era sólo una estrategia para hacer lo que sospecharon los generales del rey Aquis y propinar una dolorosa derrota a los filisteos, dejando de esa manera una puerta más abierta para caer en gracia a los ojos de Saúl? ¿O sólo era una reacción normal debida, como dije ya, al miedo que podía causarle estar durmiendo con el enemigo? No lo sabemos con certeza. La biblia no lo dice, pero creo que cualquier cosa que pensemos debemos hacerlo con benevolencia porque Dios mismo lo protegió de esa situación haciendo inclinar el corazón de los generales filisteos a rechazar su ayuda.
Con frialdad mata a Urías el Heteo (o hitita).
Este episodio del adulterio de David con Betsabé y el asesinato de Urías el heteo, marido legítimo de Betsabé, ordenado por David es un hecho lamentable del cual Dios quiso dejar, también, expresa constancia, sin ocultar detalle, con el fin de que sirviera de escarmiento a todas las parejas de la tierra y de mostrar su infinita misericordia. El resumen es que David un buen día, buscando lo que no se le había perdido y sin poner límite a sus ojos vió a Betsabé desde la azotea de su casa y se sintió fuertemente atraído por ella, pues era bella. El hombre no se aguantó, la hizo traer y cometió adulterio con ella. Luego se inventa con frialdad una treta y le tiende una trampa mortal al esposo de ella para ocultar su pecado pues ella había quedado en embarazo. Hace que Joab ponga a Urías en la línea de fuego para que lo maten y efectivamente lo matan. Veamos el relato completo en el capítulo 11 de 2 Samuel.
"En la primavera, que era la época en que los reyes salían de campaña, David mandó a Joab con la guardia real y todo el ejército de Israel para que aniquilara a los amonitas y sitiara la ciudad de Rabá. Pero David se quedó en Jerusalén. Una tarde, al levantarse David de la cama, comenzó a pasearse por la azotea del palacio, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era sumamente hermosa, por lo que David mandó que averiguaran quién era, y le informaron: "Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita." Entonces David ordenó que la llevaran a su presencia, y cuando Betsabé llegó, él se acostó con ella. Después de eso, ella volvió a su casa. Hacía poco que Betsabé se había purificado de su menstruación, así que quedó embarazada y se lo hizo saber a David. Entonces David le envió este mensaje a Joab: "Mándame aquí a Urías el hitita." Y Joab así lo hizo. Cuando Urías llegó, David le preguntó cómo estaban Joab y los soldados, y cómo iba la campaña. Luego le dijo: "Vete a tu casa y acuéstate con tu mujer." Tan pronto como salió del palacio, Urías recibió un regalo de parte del rey, pero en vez de irse a su propia casa, se acostó a la entrada del palacio, donde dormía la guardia real. David se enteró de que Urías no había ido a su casa, así que le preguntó: Has hecho un viaje largo; ¿por qué no fuiste a tu casa? En este momento respondió Urías, tanto el arca como los hombres de Israel y de Judá se guarecen en simples enramadas, y mi señor Joab y sus oficiales acampan al aire libre, ¿y yo voy a entrar en mi casa para darme un banquete y acostarme con mi esposa? ¡Tan cierto como que Su Majestad vive, que yo no puedo hacer tal cosa! Bueno, entonces quédate hoy aquí, y mañana te enviaré de regreso replicó David. Urías se quedó ese día en Jerusalén. Pero al día siguiente David lo invitó a un banquete y logró emborracharlo. A pesar de eso, Urías no fue a su casa sino que volvió a pasar la noche donde dormía la guardia real. A la mañana siguiente, David le escribió una carta a Joab, y se la envió por medio de Urías. La carta decía: "Pongan a Urías al frente de la batalla, donde la lucha sea más dura. Luego déjenlo solo, para que lo hieran y lo maten." Por tanto, cuando Joab ya había sitiado la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad salieron para enfrentarse a Joab, y entre los oficiales de David que cayeron en batalla también perdió la vida Urías el hitita. Entonces Joab envió a David un informe con todos los detalles del combate, y le dio esta orden al mensajero: "Cuando hayas terminado de contarle al rey todos los pormenores del combate, tal vez se enoje y te pregunte: ¿Por qué se acercaron tanto a la ciudad para atacarla? ¿Acaso no sabían que les dispararían desde la muralla? ¿Quién mató a Abimélec hijo de Yerubéset? ¿No fue acaso una mujer la que le arrojó una piedra de molino desde la muralla de Tebes y lo mató? ¿Por qué se acercaron tanto a la muralla? Pues si te hace estas preguntas, respóndele: También ha muerto Urías el hitita, siervo de Su Majestad". El mensajero partió, y al llegar le contó a David todo lo que Joab le había mandado decir. Los soldados enemigos nos estaban venciendo dijo el mensajero, pero cuando nos atacaron a campo abierto pudimos rechazarlos hasta la entrada de la ciudad. Entonces los arqueros dispararon desde la muralla a los soldados de Su Majestad, de modo que murieron varios de los nuestros. También ha muerto Urías el hitita, siervo de Su Majestad. Entonces David le dijo al mensajero: Dile a Joab de mi parte que no se aflija tanto por lo que ha pasado, pues la espada devora sin discriminar. Dile también que reanude el ataque contra la ciudad, hasta destruirla. Cuando Betsabé se enteró de que Urías, su esposo, había muerto, hizo duelo por él. Después del luto, David mandó que se la llevaran al palacio y la tomó por esposa. Con el tiempo, ella le dio un hijo. Sin embargo, lo que David había hecho le desagradó al Señor".
Cuando uno lee esto no quiere creer que se trate de David. Uno enseguida lo juzga como el peor criminal, uno enseguida lo condena. ¡No puede ser posible que alguien tenga un corazón tan malo! Pero David sólo era un hombre con pasiones, con carne, con momentos de debilidad, con unos pensamientos pecaminosos a los que no puso freno, con un dominio propio que no quería ejercitar. Descendió hasta donde ni el mismo había calculado, ¡como nos ha pasado a tantos de nosotros! David no sólo era el Soberano, era también alguien como usted y yo. Usted y yo hemos mentido, usted y yo hemos tejido ardides, usted y yo hemos asesinado ("Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida..." 1 Juan 3, 15); usted y yo hemos adulterado ("Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón." Mateo 5, 28); usted y yo estamos compuestos de lo mismo.
Quiero aquí citar el famoso comentario bíblico de Matthew Henry quien analiza muy bien estos acontecimientos:
"Obsérvese la ocasión del pecado de David; qué lo condujo a caer: -1. Descuidó su ocupación. Se quedó en Jerusalén. Cuando nos salimos del camino de nuestro deber, estamos en tentación. 2. Amor al ocio: la pereza da mucha ventaja al tentador. 3. Un ojo errante. No había hecho pacto con sus ojos, como Job, o se le olvidó en el momento. Nótense los pasos del pecado. Véase cómo el camino del pecado es cuesta abajo; cuando los hombres comienzan a hacer el mal, no pueden detenerse. Nótense los agravantes del pecado: ¿Cómo pudo David reprender o castigar en los demás aquello mismo de lo cual tenía conciencia que él mismo era culpable?"
El adulterio, mis amados hermanos, es un pecado abominable que suele estar enlazado a otros y otros y otros más, sin descartar el de homicidio al cual se puede llegar fácilmente. El adulterio siempre trae consecuencias devastadoras a la vida de las personas envueltas en él. Todos sabemos cómo puede iniciar, pero nunca nos imaginamos los desenlaces desenfrenados que puede tener. En el caso de David las consecuencias fueron asesinato, muerte de un niño, deshonra, violación sexual y pérdida de muchísimas bendiciones. Pero hemos leído y visto muchos otros casos con consecuencias muchísimo más graves, incluido el suicidio y el asesinato de familias completas. Dice Proverbios que el que hace adulterio corrompe su misma alma. Por eso el adulterio está entre los principales diez pecados del hombre ("No cometerás adulterio." Éxodo 20, 15) y la Santa Palabra se refiere a él muchas veces. Pero el adulterio no solamente es tener relaciones sexuales con una persona diferente a su cónyuge, pues Jesús fue mucho más lejos: "Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en el corazón". (Mateo 5, 28). A muchos (sobretodo hombres) les parece esta una Palabra muy difícil de cumplir y no es para menos pues no olvidemos que nuestra mente y nuestra carne han estado durante mucho tiempo haciendo lo que les place. Pero usted y yo somos nuevas criaturas, todo lo viejo ha pasado y todo es hecho nuevo. Usted y yo podemos vencer el mal con el bien. Lo que necesitamos ahora mismo es tomar medidas para que evitar ser tentados a cometer adulterio o fornicación. Para ello lo primero es ser conscientes de cómo es el "árbol genealógico" de la muerte, descrito en Santiago 1, 14 a 16, y estar alertas para esquivar cualquier manifestación inicial: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis". Me explico. Como sabemos ya que son nuestros propios malos deseos que nos seducen y nos arrastran, entonces tomemos medidas para impedirlo. Por eso 1 Corintios 6, 18 dice "huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca." Job nos dio una fórmula magnífica para poder huir de antemano: "Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer." (Job 31, 1). Controlar sus ojos es al inicio algo desconcertante pero le aseguro que si usted pacta con ellos y establece una especie de escudo escritural con el que pueda defenderse va a ver los resultados en un mes. En mi caso uso el versículo que le sigue al que acabo de citar de Primera de Corintios y me digo a mí mismo cada vez "No ignoro que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en mí, el cual tengo de Dios, y que no me pertenezco a mí mismo porque he sido comprado por precio; glorifico, pues, a Dios en mi cuerpo y en mi espíritu, los cuales son de Dios". Usted puede solamente decirse a usted mismo, cuando se sienta atraído a mirar con lujuria a una mujer: "no puedo hacerlo. No tengo derecho porque no me pertenezco. Fui comprado por precio. Pertenezco a mi Dios." Y, como decía mi abuelita: ¡Santo remedio!
Creo que el Señor quiso dejar expresamente consignado este tremendo pecado de David y todas las circunstancias que lo rodearon, y todas las consecuencias que vinieron sobre su vida a causa de él, para que ¡nosotros que tenemos ojos para ver, veamos y que tenemos oídos para oír, oigamos!
Tres de sus hijos, Amnón, Absalón y Adonías cometieron graves crímenes que no fueron castigados por David ni como rey ni como padre.
Esta es otra historia del David humano, del David plagado de errores. La Biblia cuenta en 2 de Samuel, capítulo 13, que Amnón, hijo de David, se "enamoró" enfermizamente de su propia media hermana Tamar, hermana de Absalón. Fue tanta la obsesión que tramó con su primo el muy astuto Jonadab un plan para acceder carnalmente a Tamar, haciéndose el enfermo y pidiéndole a su padre David que le permitiera que ella precisamente le atendiera en su lecho de enfermo. Accedió a Tamar, que hasta ese momento era virgen, de una manera violenta e inmediatamente la aborreció grandemente y la echó de su lado. David supo esto y dice la Biblia que se enojó mucho. Sólo se enojó mucho. No hizo nada más. La Biblia no nos muestra ninguna otra reacción de David. No dice que corrigió a Amnón, no dice que le pegó, no dice que le sancionó. No dice nada más. Su hermano Absalón tampoco hizo ni dijo nada, pero la Palabra dice que el sí le aborrecía por lo que le hizo a su hermana. Absalón se guardó ese resentimiento y odio, prefiriendo también urdir una celada para vengar a su hermana. ¡Lo hizo dos años después en plena fiesta en donde estaban todos los hijos del Rey David! El rumor que llegó al oído del Rey fue el de que Absalón había asesinado a todos sus hijos, pero el mismo Jonadab le aclaró que solamente había muerto Amnón a causa de lo que había hecho a Tamar. Cuando llegaron todos los demás hijos del rey a confirmarle lo sucedido, Absalón ya había huido a procurar socorro a Talmai, rey de Gesur. Cuando el rey David oyó el relato de sus hijos lloró mucho por su hijo Amnón y la Escritura dice que después de eso David lloraba por Absalón todos los días. A los tres años cuando ya estaba más consolado por la muerte de Amnón, David deseaba ver de nuevo a Absalón. Después Joab, quien conocía muy bien el amor de David por Absalón, tramó otro engaño para hacer venir a Absalón, el rey se dio cuenta de la trampa, pero mandó a traer a su hijo y el castigo fue que viviera en la misma ciudad pero que ¡por lo pronto no viera su rostro! Es decir que ¡el rey castigó el grave asesinato de su hijo Amnón, como decimos jocosamente, con el látigo de la indiferencia! A los dos años vuelve a aceptar la presencia de su hijo ante él y lo besa. La escritura no nos dice que el rey David haya hecho nada más para castigar semejante crimen.
Despúes, dice la Biblia en Primera de Reyes capítulo 1, cuando el rey David ya era tan viejito que no lo lograban calentar con nada el turno fue para su otro hijo Adonías. Adonías, con la complicidad de Joab y del sacerdote Abiatar, se rebeló y quiso dar golpe de estado al rey, proclamándose soberano de facto en una gran fiesta a la cual invitó a todos sus hermanos menos a Salomón y a todos los demás menos a los grandes de Israel y al profeta Natán y a Benaía que permanecían fieles a David. Cuando Betsabé, informada por Natán, entró a la recamara del Rey a reclamarle la promesa que le había hecho de que sería su hijo Salomón el heredero al trono el rey ordenó que efectivamente fuera trasladado Salomón a Gihón en donde el profeta Natán y el sacerdote Sadoc lo ungirían como rey de Israel. Enseguida avisaron a Adonías de la tremenda decisión que había sido tomado con firmeza por el rey y ¡sus cómplices aduladores momentáneos salieron corriendo! Entonces, temeroso Adonías de encontrarse con el nuevo rey Salomón salió corriendo también y se dirigió a "asirse a los cuernos del altar" con el fin de hacerle jurar al Rey que no lo mataría, como era de esperarse por ese delito enorme de rebelión que había cometido. Salomón le perdonó la vida pero sólo por un tiempo. La Biblia no nos enseña nada acerca de algún castigo o sanción que David hubiera dispuesto para corregir a su hijo Adonías.
¿Fue todo esto un simple descuido del rey David? ¿Pudo más el amor de padre que las razones de estado o la propia ley del Señor Su Dios? Como fuera debemos de todas formas concluir que todo esto vino a su vida como consecuencia de su pecado, pero que definitivamente Dios siguió perfeccionando el corazón de David hasta el día de su muerte.
Contrariando a Dios y en un acto de arrogancia hizo censar su pueblo y eso causó una gran mortandad en Israel.
La historia está completamente narrada en 2 de Samuel 24 y aclarada en 1 Crónicas 21 en el sentido de dejar completamente explicado que dicha decisión obedeció a que "Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a que hiciese censo de Israel". Con arrogancia y desechando los consejos de sus militares allegados David hace contar a su pueblo, tal vez para tener el orgullo de saber a cuántos podía llamar a las armas o para instaurar un impuesto para sostener la monarquía. "Después que David hubo censado al pueblo, afirma el capítulo 24 de la Segunda de Samuel, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente. Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra de Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo: Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga. Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado. Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres. Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres. Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo. Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre. Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo".
Bueno, hasta aquí hemos hecho una descripción de las faltas más sobresalientes de un hombre que ha inspirado a muchos, cuyo nombre ha sido llevado a la honra por nuestro Dios Todopoderoso. La intención que hemos tenido en todas estas citas es, aunque se dice popularmente que toda comparación es odiosa, que tengamos esa referencia y cotejemos sinceramente nuestras faltas, errores y pecados con las de ese Guerrero del Dios Altísimo, con el único fin de pedir a Dios que sopese nuestros corazones, que nos redarguya de pecado, que nos muestre la protuberancia de nuestras ofensas ante la infinitud de su santidad. Nuestro corazón, dice la Santa Palabra, es engañoso más que todas las cosas y perverso (Jeremías 17, 9). Pero Dios lo sopesa, lo prueba, conoce sus razones profundas y nos lo muestra tal como es para arrepentimiento.
COMPAREMOS FE Y AMORES
Cuando leíamos el acápite anterior tuvimos serías tendencias a creernos diferentes al Rey David. "Diferentes" no es la palabra. La palabra es: "mejores". Durante todo el rato a usted debió pasarle lo mismo que a mí. Fuí ligero en señalar a David como criminal, mentiroso, engañador, despiadado y todos esos apelativos que vienen a nuestra mente, ¡sabiendo nosotros de quien vienen! Es lo mismo que hacemos con los demás, con los actos del prójimo, con los errores de nuestros hermanos. Somos a veces rápidos para juzgar y para hablar, cuando la Palabra nos enseña que nuestro comportamiento debe ser justamente lo contrario. Nos hemos hecho en ocasiones tardos para oir y prontos para juzgar y para hablar. Pero Dios dice: "Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse." (Santiago 1, 19). Lo que sigue es la prueba de que la gran diferencia que tenemos con el Rey David no son las faltas que hemos cometido sino la fe que ponemos en acción y el amor en el que andamos.
Está seguro del favor de Jehová, proclama su fe y pasa a la acción.
No de otra manera puede usted explicarse la locura que puede parecer a cualquiera el hecho de ofrecerse a pelear mano a mano con un gorila de las dimensiones de Goliat. Esta historia bíblica es tal vez de las más conocidas y difundidas. Nos la han contado desde niños, siempre como ejemplo de valentía, pero casi nunca como ejemplo de fe y de amor a Dios. Yo no se usted, pero yo recuerdo claramente que cuando niño y aun de joven, siempre me pintaron a un endeble y flaco pastorcito que fue valientemente atrevido y se arriesgó a confiar en sus habilidades de buen cazador y buen tirador de honda para derrotar increíblemente a un monstruo bruto, lento, pero con una fuerza que podía hacer papilla a cualquier luchador profesional.
Yo me acuerdo que cuando mi Pastor en Chicago ALFREDO RAMOS, de la Iglesia Moody, predicó por allá en el año 2004, en uno de sus sermones, sobre la fe, basado en los versículos del Capítulo 17 de Primera de Samuel, yo quedé atónito. Eso era para mí muy diferente a lo que había oído. O a lo que había entendido, si usted lo prefiere de esa manera. David se convirtió para mí en el paladín de la fe en cambio del prototipo de la valentía. Fue hermoso ese sermón. Lo recordaré toda mi vida. Me conmovió y me retó. No conocía bien a Goliat y mucho menos a David. El gigante era realmente eso. Tenía unas dimensiones asombrosas. Leamos lo que dice la descripción Bíblica acerca de Goliat: "Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus hombros. El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él". Si uno lee acerca de las medidas de la época entonces se da cuenta de las dimensiones del "tipo ese". Casi tres metros de alto, su coraza pesaba 55 kilos de puro bronce. La pura punta de su lanza pesaba 7 kilos. Y su lanza era parecida de grande al rodillo de un telar. Entonces uno casi que puede también sentí el tono de la aterradora voz con la que desafió a los israelitas. El hombre habló (la Biblia no dice que gritó) y fue oído claramente al otro lado, teniendo en cuenta que ¡entre los dos ejércitos había un valle de por medio!
El gigantón salió dos veces al día durante cuarenta días a desafiar con su refinada arrogancia al ejército del pueblo escogido por Jehová de los Ejércitos. Cuarenta días de tortura. Cuarenta días de terror, sin que ninguna batalla se iniciara, sin que nadie hiciera nada diferente a compadecerse. Cada vez que el ejercito israelita oía esa voz se moría de miedo, los israelitas huían. Cuando David entra en escena oye al monstruo y oye cuando algunos decían que a quien matare a ese filisteo el rey Saúl lo haría multimillonario. ¿Qué responde David a todo eso? En primera de Samuel 17, 26 podemos ver la reacción de David: "¿Qué dicen que le darán a quien mate a ese filisteo y salve así el honor de Israel? ¿Quién se cree este filisteo pagano, que se atreve a desafiar al ejército del Dios viviente?"
Cuando Saúl oyó lo que había dicho David acerca de toda la situación lo mandó a llamar. David, sin dejar hablar al rey y sin amedrentarse, ofreció a enfrentar el problema, con la convicción de que Dios lo guardaría aun en tan tremenda circunstancia: "Entonces David le dijo a Saúl: ¡Nadie tiene por qué desanimarse a causa de este filisteo! Yo mismo iré a pelear contra él. ¡Cómo vas a pelear tú solo contra este filisteo! replicó Saúl. No eres más que un muchacho, mientras que él ha sido un guerrero toda la vida. David le respondió: A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo. Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente. El Señor, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo". 1 Samuel 17, 32 a 37.
Saúl, no porque fuera convencido por las palabras del muchacho, ni por creer en su valentía y mucho menos confiando en Jehová, sino porque no tenía más opciones, ya que ningún otro, incluido él mismo, se había ofrecido a pelear, no le quedó más remedio que decirle: "Anda, pues y que el Señor te acompañe".
¿Usted cree que se necesita valor para hacer eso que hizo David? Indiscutiblemente, pero más que valor se necesita una fe que mueve montañas. Más que eso se necesita haber desarrollado una verdadera relación de amor desbordante con el Dios Altísimo. Y eso era lo que David tenía. Ese era el secreto bien resguardado en su vida, conocido hasta ese momento, solamente, por la campiña agreste en donde el joven David pastoreaba el rebaño de su padre Isaí.
Lo que sigue en la narración bíblica es una escena hasta chistosa donde el rey ensaya aprovisionar a David de toda su armadura, sin éxito pues ese disfraz le queda grande. ¿No le parece esto familiar? Al principio uno no le ve la relación con nuestra vida diaria, pero eso que hizo Saúl es lo mismo que hace cualquier inconverso para tratar de ayudarnos a resolver nuestros líos. Ellos no entienden que Dios puede hacer cualquier cosa, no lo creen, lo pasan por alto, creen que cuando hablamos de confiar en Jehová en situaciones gravísimas estamos usando una fórmula religiosa sin valor. Entonces, cuando menos ignoran completamente lo que se les ha dicho del supereminente poder de Dios y tratan de dotarnos con armas de hombres, escudos de humanos, armaduras que no sirven para nada. Nos dan toda suerte de consejos mundanos, nos indican cómo hacer alguna trampa o como tomar un atajo, nos proponen confiar en algún muerto, y en fin, toda clase de supercherías que simplemente ningún efecto bueno puede tener sobre la situación que vivimos.
Por eso, ¡David prefiere quitarse todo ese ropaje de guerra y ponerse la armadura de Dios, haciendo algo increíble para cualquier humano como fue irse corriendo al río a escoger cinco piedras lisas para su única arma. La Escritura dice que después de echar las piedras en su morralito de pastor de ovejas, David se acercó a Goliat. No esperó. No usó ningún ardid para evitarlo o confundirlo. Se acercó al gigante. Cuando Goliat lo vio, le pareció tan despreciable el muchachito que lo único que atinó hacer fue insultarlo y maldecirlo. Todo esto suena, también, a lo que nos pasa muchas veces con lo que creemos que son inmensos problemas o con las circunstancias adversas del mundo. Los que creemos en Cristo somos regularmente despreciados por el mundo, vituperados, maldecidos. Jesús lo dijo: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece" (Juan 15, 19). Somos considerados, la mayoría de las veces, como poca cosa, como fanáticos, ignorantes, seres vivientes en un mundo irreal o todo lo anterior. Y no es para menos pues la Biblia dice que "El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente" (1 Corintios 2, 14). Lo peor es que a veces dejamos que esas cosas, personas, problemas, adversidades, insultos nos amedrenten, nos atemoricen, nos hagan retroceder o dudar. Solemos olvidar en esos momentos que la Biblia también dice, gloria a Dios, que ¡la sabiduría de este mundo es locura para Dios! (1 corintios 3, 19). Pero Dios nos invita, a través de este pasaje bíblico, a tener siempre como ejemplo a David quien ante las blasfemias y maldiciones del Gigante responde: "Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado. Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel. Todos los que están aquí reconocerán que el Señor salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos" (1 Samuel 17, 45 a 47). El resto de la historia ya la sabemos. David corrió hacia el Gigante y le disparó con su honda una de las piedras que incrustó justo entre ceja y ceja por lo que el Filisteo cayó inmediatamente desplomado sobre su rostro. David se acercó y con la misma espada del Gigante le cortó la cabeza. Pero no fue por su puntería, ni siquiera por su valentía, ni por su habilidad, ni por su agilidad, sino porque el mismo había creído y confesado que Dios lo haría no para la gloria de David sino para la propia gloria de EL.
En las situaciones más difíciles de su vida confía en el Señor con todo su corazón.
Hay más ejemplos en la Escrituras sobre la fe de David y la confianza suya en nuestro Dios. Era su regla de comportamiento y, entre otras cosas, esto es lo que el Señor quiere que aprendamos de David.
"Al tercer día David y sus hombres llegaron a Siclag, pero se encontraron con que los amalecitas habían invadido la región del Néguev y con que, luego de atacar e incendiar a Siclag, habían tomado cautivos a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el más grande hasta el más pequeño. Sin embargo, no habían matado a nadie. Cuando David y sus hombres llegaron, encontraron que la ciudad había sido quemada, y que sus esposas, hijos e hijas habían sido llevados cautivos. David y los que estaban con él se pusieron a llorar y a gritar hasta quedarse sin fuerzas. También habían caído prisioneras dos esposas de David, la jezrelita Ajinoán y Abigaíl, la viuda de Nabal de Carmel. David se alarmó, pues la tropa hablaba de apedrearlo; y es que todos se sentían amargados por la pérdida de sus hijos e hijas. Pero cobró ánimo y puso su confianza en el Señor su Dios". (1 Samuel 30, 1 a 6).
El anterior suceso ocurrió después de que David intentó pelear contra su propio pueblo israelita, bajo el mando del rey filisteo Aquis y no pudo porque fue devuelto por este a la ciudad donde vivía (Siclag), debido a la gran oposición del alto mando filisteo. Por eso la Biblia dice que su tropa estaba a punto de apedrearlo. ¡Claro! David se había ido de la ciudad a encontrarse con las tropas de Aquis y todos sus hombres entendían lo que estaba sucediendo: ¡dejaron los suyos para ir a combatir a los suyos! Cuando regresaron venían, por un lado, algo humillados pues se les vetó para ir a la guerra, perdiendo todo el tiempo y el esfuerzo del camino, y por el otro lado con gran ansiedad de ver a los suyos. El impacto tuvo que ser enorme al encontrar su ciudad quemada, desolada y a los suyos secuestrados. Esa sí que era una situación embarazosa y terrible para David que era el Jefe. Pero la solución estaba a la mano y David la tomó. Echó mano del Dios Todopoderoso en quien puso toda su confianza para resolver este grave problema. Por supuesto el problema fue resuelto. El mismo David y sus guerreros recuperaron todo lo que habían perdido.
Le daba la gloria a Dios por lo que El hacía en su vida.
David sabía que aparte de la desobediencia, la arrogancia y la ira, una de las razones por las cuales Moisés no pudo entrar a la tierra prometida fue precisamente no haberle dado la gloria a Dios. Dios le dijo claramente cuando Moisés clamó por agua para el pueblo de Israel que tomara la vara y reuniera a la asamblea y que en la presencia de la misma asamblea Moisés y su hermano Aarón le ordenaran a la roca que diera agua. ¿Y qué fue lo que efectivamente sucedió? La Escritura lo deja explícito: "Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés dijo: "¡Escuchen, rebeldes! ¿Acaso tenemos que sacarles agua de esta roca?" Dicho esto, levantó la mano y dos veces golpeó la roca con la vara, ¡y brotó agua en abundancia, de la cual bebieron la asamblea y su ganado! El Señor les dijo a Moisés y a Aarón: "Por no haber confiado en mí, ni haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no serán ustedes los que lleven a esta comunidad a la tierra que les he dado." (Números 20, 10 a 12).
David tomó precauciones al respecto y, a parte de todos las evidencias que podemos leer en los Salmos, un ejemplo de ellos fue cuando una vez recuperadas sus familias y todo lo demás de manos de los amalecitas, vino el problema de la repartición del botín de guerra. Esa situación de discordia fue aprovechada por David, para darle toda la gloria a Dios, tal y como había hecho en el episodio de Goliat. "Pero entre los que acompañaban a David había gente mala y perversa que reclamó: Éstos no vinieron con nosotros, así que no vamos a darles nada del botín que recobramos. Que tome cada uno a su esposa y a sus hijos, y que se vaya. No hagan eso, mis hermanos les respondió David. Fue el Señor quien nos lo dio todo, y quien nos protegió y puso en nuestras manos a esa banda de maleantes que nos había atacado. ¿Quién va a estar de acuerdo con ustedes? Del botín participan tanto los que se quedan cuidando el bagaje como los que van a la batalla. Aquel día David estableció esa norma como ley en Israel, la cual sigue vigente hasta el día de hoy".
Le alaba, le adora y danza en Su honor, sin importarle nada ni nadie.
La adoración y la alabanza a Dios por parte de David es toda una fiesta del corazón, de la mente y hasta de la misma carne a la cual somete absolutamente para que glorifique al Creador del Cielo y de la Tierra. Lo hace con todo su ser, antes o después de cualquier clase de situaciones y aun después de las cuales a cualquiera no se le ocurriría sino quejarse o llorar. Retomemos la historia del asesinato de Urías. Después de que Urías muere, David toma inmediatamente como esposa a Betsabé, la cual como ya dijimos, en ese momento estaba embarazada. Betsabé da a luz un varón, pero el enferma gravemente y David dura 7 días intercediendo por él. El niño muere y los oficiales de David tienen temor de contarle hasta que el los oye cuchicheando y ellos tienen que contarle. "Entonces, dice la Escritura, David se levantó del suelo y en seguida se bañó y se perfumó; luego se vistió y fue a la casa del Señor para adorar". Imagínese usted en la misma escena de su dolor, de sus ruegos, sabiendo que eso que pasaba a su bebé era consecuencia de sus pecados, en ayuno, pasando en blanco noches enteras en medio del llanto, hasta que le confirman que su hijo acaba de morir. ¿No habría seguido usted por un buen tiempo allí tendido y sin consuelo? ¿No hubiera usted renegado hasta echarle toda la culpa a Dios? David no. El se paró, se acicaló y fue a adorar a Su Señor. A darle gracias por todo lo demás, a adorarle por su compasión y por todo lo que había hecho en su vida.
En otra ocasión, cuando David ordenó traer el Arca a Jerusalén, después del infortunado suceso de la muerte de Uza, era tan grande su gozo que dice la Biblia: "Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino" (2 Samuel 6, 14). Sí, el verso es muy explícito: ¡David usaba todas su fuerzas para danzar! Brincaba como un niño, bailaba como un trompo, se deleitaba en la presencia de Jehová. Más adelante sigue la Biblia dándonos más detalles de la danza, la alabanza y la adoración de David. "Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón". A Mical, su esposa, le pareció despreciable lo que hacía David en plena calle, a la vista de todo el mundo. Como dicen ahora ¡le dio oso ajeno! Fue el mismo menosprecio que sienten muchos religiosos hacia las expresiones de adoración y alabanza del pueblo cristiano, pero que no ven mal brincar y saltar en un estadio de fútbol o en un desfile de alguna fiesta popular. El mismo que a veces aleja los recién convertidos de las iglesias cristianas, pues les parece exageradas las maneras con las que se alaba y adora en los diferentes servicios evangélicos. A esas personas que nos repudian por esas razones sólo diremos que les perdonamos de corazón, pero que tengan cuidado con lo que sienten y dicen, pues las consecuencias pueden ser terribles. Miremos el final de este relato que nos dejará en claro la posición de David con respecto a su modo de danzar y alabar. "Volvió luego David para bendecir su casa; y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera! Entonces David respondió a Mical: Fue delante de Jehová, quien me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Por tanto, danzaré delante de Jehová. Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado. Y Mical hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte". Por último, si usted ha leído los salmos, podrá poner punto final a este acápite. Bástenos, por razones de espacio, sólo citar el último, el Salmo 150:
"Alabad a Dios en su santuario;
Alabadle en la magnificencia de su firmamento.
Alabadle por sus proezas;
Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Alabadle a son de bocina;
Alabadle con salterio y arpa.
Alabadle con pandero y danza;
Alabadle con cuerdas y flautas.
Alabadle con címbalos resonantes;
Alabadle con címbalos de júbilo.
Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya"
Quiere a toda hora estar en Su Presencia, siempre estar en Su presencia.
David fue un hombre de oración, que apartaba tiempo para estar en la presencia del Señor, que disfrutaba su compañía a solas, que seguramente pasaba horas enteras en su "lugar secreto" siendo ministrado por Jehová. En el Salmo 27, 4 tenemos una de tantas pruebas de ello: "Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo". Y uno más: "Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre". (Salmos 16, 11).
Sin duda aquí estaba una de las claves más efectivas de su relación con el Señor, como está aquí una de las claves más poderosas de toda nuestra vida cristiana. La Biblia dice: "Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu" (Gálatas 5, 25). Y ¿Cómo podemos hacer eso si no dedicamos tiempo hermoso para oír la voz apacible de nuestro espíritu al que el Espíritu Santo da testimonio, o para escuchar la voz autoritativa e inconfundible del Espíritu Santo? Todos los creyentes necesitamos ser cuidadosos para construir el hábito de estar en la presencia del Padre, pues es allí que Él nos descubrirá sus insondables secretos y nos mostrará su interminable grandeza y bondad. Debemos escuchar a Dios antes de tomar cualquier decisión, antes de hacer cualquier cosa, antes de invertir en cualquier empresa, antes de aceptar cualquier empleo o alguna promoción, antes de emprender cualquier viaje, antes de adquirir y de vender, antes de todo. Y eso se hace en esos momentos que debemos dedicar a cultivar nuestra relación con El a solas. La Palabra dice en el Salmo 46, 10: "Estad quietos, y reconoced que yo soy Dios". Esto no significa que no debemos ser diligentes en lo que nos toca a nosotros. No. Lo que esto significa es que antes de ir por ahí tomando decisiones racionales o humanas, y de andar para arriba y para abajo ejecutando acciones planeadas solo por nosotros mismos, debemos esperar en quietud las respuestas de nuestro Dios, la dirección de nuestro Dios, el consejo insuperable de nuestro Dios, el plan perfecto de nuestro Dios, sabiendo que El es Soberano.
Esta era una de las claves de David. Una enseñanza que nuestro Padre Eterno nos da para perfeccionarnos.
Le pide constantemente a su Padre Eterno que le diga lo que El quiere que haga.
Mucha gente va a muchos lugares a consultar sobre su futuro, sobre su vida, sobre sus seres queridos. La gente quiere saber su porvenir, quiere andar seguro, quiere sentir que nada lo tomará por sorpresa y lo hace por cualquier medio. Visitan brujos, adivinos, espiritistas, hechiceros, indígenas del Amazonas o la Orinoquía, leen con fe horóscopos, consultan astrólogos, gitanos y, bueno toda clase de personajes siniestros, desechando al Único que de verdad sabe el futuro de ellos y todas sus casas, al Poderoso Dios de Abraham, Isaac, Jacob y David. La naturaleza de Dios sobre este punto está, entre otros, muy claro en Isaías 46, 9 a 10: "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero..." Por eso, ¡no pierda el tiempo y no bote la platica en nada ni en nadie más! Mejor recurra al Señor y a su Palabra Santa que es la más segura profecía en el universo: "Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo". (2 Pedro 1, 19 a 20).
David hacía lo que le aconsejamos. Varios ejemplos de esa bendita costumbre de David podemos encontrar en los dos libros de Samuel y en los dos de Reyes y en los dos de Crónicas, como también en Salmos y en el resto de la Biblia.
Recordemos que cuando estaba desesperado por la persecución de David fue alcanzado por su familia y unos cuatrocientos hombres afligidos, endeudados y amargados. Todo un ejército con el que ya podía enfrentar el hostigamiento del rey. Pero el no quería hacer nada sin consultar a su Rey de reyes y Señor de señores, y saber claramente lo que El pensaba que debía su siervo hacer. Nos cuenta la Biblia que "De allí se dirigió a Mizpa, en Moab, y le pidió al rey de ese lugar: "Deja que mis padres vengan a vivir entre ustedes hasta que yo sepa lo que Dios quiere de mí". (1 Samuel 22, 3).
A veces David duda como todo ser humano aun después de oír al Señor, pero no corre a probar lo que su propio raciocinio o su propio instinto le dice sino que ¡mejor vuelve y consulta a Dios! Eso le pasó después de saber lo del asesinato de los 85 sacerdotes de manos de Saúl, cuando le contaron que los filisteos estaban combatiendo a Kelia y robando las eras. David estaba aun turbado con la noticia de esa horrible masacre, se culpaba a sí mismo por ello, estaba sintiendo una gran pena cuando le contaron lo de los filisteos. Su reacción inmediata fue consultar a Jehova. "¿Iré a atacar a estos filisteos?" (1 Samuel 23, 2), le preguntó David a Dios muy directamente. Y la respuesta de Dios fue también muy directa: "Ve, ataca los filisteos y libra a Kelia." Pero los demás, los que estaban con él enseguida refutaron, expresaron su miedo, le pidieron a David no ir allá, no avanzar en el plan de Dios, pues tenían mucho miedo. Eso debió impactar negativamente a David, pues era la voz de los que estaban cercanos a él la que estaba desanimándolo de arrancar a obedecer. Pero David no se puso a elucubrar, a hacer con ellos nuevos planes, a inventarse teorías para evadir las directivas de Dios. El sabía que lo había oído claro, pero como también era humano, quería confirmación. Entonces, lo que hizo fue precisamente eso, volver a preguntar, volver a consultar con Dios. Y por supuesto Dios volvió a decirle lo mismo. ¡EL nunca cambia de parecer!
A veces también David oye al Señor claramente, pero no está muy seguro de los detalles. En ese caso el tampoco se los inventa. No recurre a otros para debatir los detalles que solo Dios puede darle. 1 Samuel 2, 1
Después de consultarle a Dios, hace lo que Dios le dice que haga.
¿Cuántas veces, mis hermanos, hemos clamado, hemos pedido, hemos orado al señor por respuestas hasta cuando Dios en su infinita misericordia nos responde con tanta claridad que nuestra bendita naturaleza humana y nuestra mente deciden inmediatamente hacer algo diferente?
David oía y hacía conforme a lo que el Espíritu disponía. Podemos leer en 1 Samuel 23, 2 a 5 que: "Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los filisteos, y libra a Keila. Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos? Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos. Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a los de Keila".
A David le gusta comunicarse con Su Señor. Solía preguntarle qué hacer, cómo y cuándo. Pero no se queda ahí. No se queda solo suplicando, preguntando, proclamando. No. El pasa a la acción cuidándose de hacer al pie de la letra lo que Dios le ha respondido. ¿Esta acaso no es la actitud que todos debemos tener? O ¿acaso alguien más podrá dar pasos de fe en la realidad en lugar de nosotros mismos?
La obediencia y la fe están íntimamente ligadas. Usted no puede ser obediente sino tiene fe y no puede desarrollar la fe si no da pasos efectivos en obediencia a lo que ha oído del Señor, sino pasa a la acción confiado en El.
Es un guerrero aguerrido.
Cuando Saúl estaba buscando a alguien que le tocara el arpa para tener alivio cuando le atormentaba el espíritu malo, uno de sus criados le habló de David, haciéndole una hermosa descripción de la cual se han hecho muchas prédicas: "Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él." (1 Samuel 16, 18). ¡Qué descripción tan sencilla y tremenda! El era conocido por todos en Israel como un guerrero y aun no había derrotado a Goliat en ese momento. Pero no era sólo un guerrero en el sentido militar secular sino que Dios se refiere a él aquí como un guerrero espiritual. El sabía en su corazón, con toda seguridad, lo que hoy sabemos acerca de nuestras luchas, esto es que no son contra sangre o carne sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Y él, también, estaba dotado de toda la armadura de Dios para poder estar firmes contra las asechanzas del diablo y poder resistir el día malo, y para que habiendo acabado todo pudiera estar firme. (Efesios 6, 11 a 13). El era un hombre dotado de todas las armas de nuestra milicia que no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando todo argumento y altivez que se levantan contra el conocimiento de Dios, y llevando todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo. (2 Corintios 10, 4 a 5). Todo esto es el sentido completo del apelativo "Hombre de guerra", con que Dios lo llama.
Respetó profundamente la autoridad puesta allí por Dios, nunca difamó de ella y mucho menos intentó rebelarse, derrocar o matar la autoridad.
Sí. David ya había sido ungido por Samuel para ser el próximo rey de Israel, pero durante mucho tiempo más reinó Saúl, aun habiendo sido ya desechado por Dios. Dios entregó a Saúl varias veces en manos de David, pero éste nunca quiso hacerle el menor daño. Leamos sobre sólo una de esas ocasiones: "Entonces Saúl tomó consigo tres batallones de hombres escogidos de todo Israel, y se fue por los Peñascos de las Cabras, en busca de David y de sus hombres. Por el camino, llegó a un redil de ovejas; y como había una cueva en el lugar, entró allí para hacer sus necesidades. David estaba escondido en el fondo de la cueva, con sus hombres, y éstos le dijeron: En verdad, hoy se cumple la promesa que te hizo el Señor cuando te dijo: Yo pondré a tu enemigo en tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca. David se levantó y, sin hacer ruido, cortó el borde del manto de Saúl. Pero le remordió la conciencia por lo que había hecho, y les dijo a sus hombres: ¡Que el Señor me libre de hacerle al rey lo que ustedes sugieren! No puedo alzar la mano contra él, porque es el ungido del Señor". (1 Samuel 24, 2 a 6). ¡Qué buen ejemplo de sumisión y nobleza para con la autoridad establecida por Dios! Observe bien que David no hizo caso a su concepto carnal sobre el rey (autoridad) actual, hizo caso omiso de los consejos de sus amigos sobre derrocarlo, matándolo en el acto; no obedeció su opinión sobre supuestas ilegitimidades que el rey pudiera tener debido a su conducta impía, no tomó ni siquiera en cuenta saber que él mismo (David) había sido ya escogido para reinar sobre Israel, sino que respetó, con profunda reverencia la autoridad que había sido colocada allí por el Señor, y lo hizo hasta que ella fue quitada por Dios.
A veces hay actitud de queja en él, pero reconoce rápidamente y corrige.
No es común ver a David en actitud de queja. Normalmente, él se porta como lo hizo cuando Saúl intentó clavarlo en la pared con sus lanzas. No se quejó y por el contrario tuvo el mismo Saúl que alejarlo de su presencia, porque ¡David ni siquiera se fue! "Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo. Al día siguiente, el espíritu maligno de parte de Dios se apoderó de Saúl, quien cayó en trance en su propio palacio. Andaba con una lanza en la mano y, mientras David tocaba el arpa, como era su costumbre, Saúl se la arrojó, pensando: "¡A éste lo clavo en la pared!" Dos veces lo intentó, pero David logró esquivar la lanza. Saúl sabía que el Señor lo había abandonado, y que ahora estaba con David. Por eso tuvo temor de David y lo alejó de su presencia, nombrándolo jefe de mil soldados para que dirigiera al ejército en campaña". No se quejó ni antes ni después de que el niño que tuvo con Betsabé, producto de una unión pecaminosa, muriera. "Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió". 2 Samuel 12, 16 a 20.
Pero otras veces David debe soportar todas las consecuencias de su pecado y a veces se enoja, le echa la culpa a Dios pero es noble y reconoce rápidamente su pecado y corrige. "Al llegar a la parcela de Nacón, los bueyes tropezaron; pero Uza, extendiendo las manos, sostuvo el arca de Dios. Con todo, la ira del Señor se encendió contra Uza por su atrevimiento y lo hirió de muerte ahí mismo, de modo que Uza cayó fulminado junto al arca. David se enojó porque el Señor había matado a Uza, así que llamó a aquel lugar Peres Uza, nombre que conserva hasta el día de hoy. Aquel día David se sintió temeroso del Señor y exclamó: "¡Es mejor que no me lleve el arca del Señor!". (2 Samuel 6, 6 a 9). Cuando leí esa escritura no la entendí muy bien. Les confieso que a mí también me pareció Dios injusto con el pobre Uza, pues llegué a pensar que su muerte no tenía razón de ser. Pero Dios no se equivoca. Y mucho menos es injusto. En la Ley Jehová Dios había establecido quiénes debían transportar el Arca y como se debía transportar. David lo sabía. El intentó llevar el Arca hasta Jerusalén y lo hizo hasta con un corazón gozoso (aunque muchos opinan que en ese momento el gozo de David era aparente y mejor correspondía a una alabanza en la carne), pero él sabía que llevar el Arca de esa manera, en un carruaje (no sobre los hombros de levitas) y por gente común y corriente, no pertenecientes a la tribu de Leví, era contrariar la Ley de Moisés. Como todo hombre, hizo como hombre, es decir se sale de la voluntad de Dios, desobedece sus mandatos, pero cuando viene la consecuencia de ello, entonces ¡se enoja y le echa la culpa al propio Dios! ¿No le parece conocida la historia?
Se arrepiente de todo corazón de sus pecados y corrige su caminar.
Si hay algo que debemos admirar e imitar de David es que una vez confrontado por la voz del Espíritu Santo a través del Profeta Natán, tuvo voluntad de arrepentirse, no obstante haber tratado de encubrir su pecado a como diera lugar. De todo corazón, confesó su pecado al Señor y cambió de rumbo. El sabía ya que si confesamos nuestros pecados Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Contrasta este comportamiento con el de Saúl, el cual ciertamente al ser confrontado por el Espíritu Santo, a través del Profeta Samuel, tiene una actitud de irresponsabilidad, de arrogancia, de búsqueda de su propia gloria y de disculpa. Recordemos que Jehová Dios había dicho claramente a Saúl: "Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos." (1 Samuel 15, 2 a 3). Pero, tercamente y premeditadamente, Saúl decide, junto con el pueblo, perdonar la vida al rey Agag y destruir todo lo vil y despreciable, pero conservar todo el buen ganado y todo lo bueno. Cuando Samuel va al encuentro de Saúl, el lo recibe con un saludo hipócrita, ¡apresurándose a decirle de una vez que él sí había cumplido la Palabra de Jehová! Samuel, a quien ya Jehová le había manifestado su pesar por haber puesto al desobediente Saúl como rey de su pueblo, le preguntó entonces que eran esos balidos de ovejas y bramido de vacas que estaba oyendo. Saúl, con un descaro propio del prepotente, le echó toda la culpa al pueblo diciendo que ellos habían perdonado la vida a ese ganado ¡para sacrificarlo a Jehová! ¡Qué mentiroso! ¡Qué retador! Samuel, tal vez como para darle el último chance de arrepentirse sinceramente, le recordó de nuevo como había sido ungido y cuál era la orden que le había dado Jehová. Pero Saúl llegó al colmo del cinismo al reafirmarse en su mentira reasegurando haber obedecido la voz de Dios (!) y volviendo a echar la culpa al pueblo de la desobediencia, pero excusándolo por su "noble y religioso motivo" de ofrecer sacrificios a Dios. Acto seguido Samuel le declaró lo que Dios había dispuesto ya sobre él y su reinado. "Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, le dijo tajantemente Samuel, él también te ha desechado para que no seas rey." Entonces aquí llegó el colmo de la arrogancia del rey impío. "Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios", le imprecó fríamente el rey a Samuel, preocupado ahora más por su popularidad política y el mantenimiento de su gobierno que por honrar verdaderamente a Jehová, el cual reconoce ya no como su propio Dios sino como el Dios de Samuel.
Traigo todo esto a colación, pues es bien importante hacer el contraste con lo que habló e hizo David ante una situación muy similar.
Habíamos dicho que David, después de haber cometido adulterio con Betsabé y haberla embarazado, hizo lo imposible para encubrir su pecado, tratando de hacer que su marido Urías, aunque sea una noche se acostara con ella y que así creyera que el hijo era de él. Cuando vio que no pudo, entonces fraguó el detestable asesinato y llegó hasta el colmo de hacer que Urías llevara a Joab, personalmente, la carta en donde el rey ordenaba que pusiera al pobre Urías en la línea de fuego con el fin de que fuera dado de baja. Es decir, David llegó tan bajo que hizo portar a Urías su propia sentencia de muerte. Y sucedió tal cual. Joab puso a Urías al frente en lo más recio de la batalla y se retiró de él, y el fue asesinado. Cuando David supo la noticia mandó fríamente una razón aterradora a Joab: "No tengas pesar por esto porque la espada consume ora a uno, ora a otro". (2 Samuel 11, 25). Esa frialdad y masoquismo sólo es posible cuando la mente está entenebrecida. Pero la cosa continuó. La esposa de Urías supo, hizo duelo y después del luto David envió por ella y la tomó por esposa. Seguramente el creyó en algún momento que ahí terminaría la cosa, pero no. Su pecado no confesado causó estragos tremendos en su vida. Miremos lo que el mismo David dice en el Salmo 32: "Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano". Entre el asesinato y su arrepentimiento, dicen los estudiosos, pasaron de 9 a 12 meses en los que su vida era un tormento. Entonces aparece Natán el Profeta a confrontarle de parte del Espíritu Santo. Por lo impactante de este pasaje, dejemos que sea la propia Escritura que nos narre: "Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. Mas, por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá. Y Natán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente". (2 Samuel 12, 1 a 15).
David acepta su falta y la confiesa sin arandelas. Al principio oye la historia de Natán como alguien que tiene un velo. Cree que se trata de una historia de injusticia de otro y nunca se le ocurrió recordar su propia injusticia. El aun creía que su pecado estaba enterrado, oculto para siempre. El "corrientazo" que debió pasar por todo su cuerpo cuando Natán dijo "tu eres aquel hombre", debió ser estremecedor. Tuvo que ser como estrellarse de frente con una tractomula, sin que el cuerpo se despedazara. Pero su reacción fue instantánea cuando fue confrontado. Se arrepintió de una vez. Natán no tuvo que repasarle la historia ni decirle nada más. Además su arrepentimiento fue genuino y sin ningún propósito diferente que el de reconciliarse con Jehová nuestro Dios. Acepta también, con obediencia completa, el juicio de Dios sobre su vida y su reino.
En ese periodo de tiempo es en el que escribe el Salmo 51, un Salmo poderoso como oración de arrepentimiento y restauración.
"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad,
y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones,
y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado,
y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido formado,
y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría,
y se recrearán los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis pecados,
y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti,
y no quites de mí tu santo Espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salvación,
y espíritu noble me sustente.
Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
y los pecadores se convertirán a ti.
Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios,
y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
no quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Haz bien con tu benevolencia a Sion;
edifica los muros de Jerusalén.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
el holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar".
La amistad con Dios es restaurada. Mucho más que el gran impacto de su confrontación con el pecado, tuvo que ser el impacto de haber reanudado una amistad íntima con quien el amaba sobre todas las cosas, el Dios Viviente de sus padres. David había recibido la promesa de parte de Dios del establecimiento del reinado eterno, y ha debido ser grandioso para él, después del agobio de su corazón por andar en pecado, tener certeza del infinito y maravilloso amor de Su Padre quien ciertamente le devolvió para siempre el gozo de la salvación y confirmó su trono eternamente.
Ama a Dios. Ama a la Palabra de Dios.
Cuando leemos el salmo 116 encontramos el verdadero amor de David. "Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; Porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días". David no lo oculta, lo grita, lo dice como testimonio en las iglesias en donde se leen sus Salmos. Su amor lo lleva a confiar en la Roca de su salvación. "Te amo, le dice en el Salmo 18, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos".
Es Jehová su gran amor, su pasión. David no se detiene en encantamientos del mundo, comete muchos errores, se deja llevar, a veces, por ellos, pero no ama los deseos de los ojos, los deseos de la carne ni la vanagloria de la vida que está en el mundo. Ama a Dios sobre todas las cosas. No lo oculta, ni le produce vergüenza en ningún momento de su vida el nombre de Jehová, sino que lleva constantemente en su corazón ese gran Amor que crece hasta hacerse merecedor de los "elogios" de Su Señor.
Entiende que la Escritura entera es inspirada por Jehová y que es Palabra suya y nada más que suya. Por eso también decide amarla. En su Salmo 119 lo repite y lo repite. "¡Oh cuanto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación (Ver 97).... aborrezco a los hombres hipócritas, mas amo tu ley (Ver 113)... Mira oh Jehová que amo tus mandamientos (Ver 159)... La mentira aborrezco y abomino, tu ley amo... "
¡LOS CORAZONES CONFORMES A DIOS NO NACEN, SE HACEN!
Sí mis hermanos. La vida de David nos deja espectaculares enseñanzas y el ejemplo de lo que puede Dios hacer personas comunes y corrientes, con pasiones, con flaquezas, con debilidades, con errores, con faltas, con carne y con alma. Deben dejar que sea Dios quien cincele su corazón, quien lo pula, quien le enseñe, quien lo quebrante, quien lo haga de carne. David no nació con un corazón conforme a Dios sino que a lo largo de su vida tomó decisiones a favor de nuestro Dios, aprendió creerle, a obedecerle. David buscó a Dios como pudo y siempre quiso hacer Su Voluntad. Los enormes errores de su vida no lo detuvieron para construir con paciencia y mucha voluntad esa reluciente filigrana de su relación con el Dios de Israel.
En su vida, guardadas proporciones, puede ocurrir lo mismo, si usted se abandona en Las Adorables Manos del Todo Poderoso Dios nuestro, para que ellas sean las que den forma y pulan su nuevo ser. Y aquí vale la pena hacer un alto y preguntarse allá en su aposento, a solas, si su vida ha valido la pena, si su vida tiene sentido, si su vida tiene propósito, si usted realmente es feliz. Si alguna de esas respuestas es no, atrévase a hacer algo diferente, ¡atrévase a ensayar a Jesús! Usted seguramente ha probado con muchas cosas y no le han funcionado. Seguramente usted ha recorrido todos los caminos desviados, todos los caminos tortuosos, y ellos no lo han llevado a donde quería llegar que en últimas es a ser plenamente feliz. Jesús es el único camino, la única verdad y la única vida y nadie llega al Padre sino a través de El. Jesús no es una manera de vivir sino ¡la única manera de vivir! Aproveche este tiempo para reconocer a Jesús como su Salvador personal. Usted No necesita fórmulas solemnes o formales. No necesita un sitio determinado, lo puede hacer donde quiera. No es un asunto de religión pues la religión no salva. La Biblia dice que quien confesare con su boca que Jesús es el Señor y creyere en su corazón que Dios le resucitó de entre los muertos será salvo. Lo que El quiere es sencillamente que usted le diga con sus propias palabras que acepta a Jesús como Señor y que en su corazón crea que Jesús resucitó y que vive para siempre y que usted lo deja entrar en su corazón y en su vida para que la restaure y la cambie, arrepintiéndose de sus pecados. Si no lo ha hecho aun, atrévase a hacerlo con sinceridad y conozca ese Jesús que est&a