Ayer, me atropello desesperadamente un hombre.
Parecía muy afanado y apurado, sus libros y sus morral me hacia pensar que era un profesor.
Era mi mejor amigo, quizás ya ni me reconocía y yo tampoco, había crecido mucho más que cuando lo conocí, su voz y su figura eran desfiguradamente grotescas, sus ojos parpadeaban cansados por las rutinas largas de trabajo, su manera estruendosa de mover las manos presagiaba que tenia problemas, y el constante sacudir de la cabeza y bolsillos me permitían creer que esos problemas eran económicos.
Hablamos de tantos momentos; de la secundaria, de las risas, tan fáciles en ese tiempo, de las travesuras de niño, de ser inocentes y tentativos al disfrutar y conocer lo desconocido, en ser adolescentes.
Bastante afligido y visiblemente afectado, me hablaba de su vida de lo sórdido que lo había vuelto la realidad, de la separación con su esposa, de los problemas en su trabajo, de no ser tan feliz y alegre como hace años atrás, de ya no ser el mismo.
El, recordaba esos chistes flojos y un tanto estupidos de los que sin sentido nos reíamos por semanas, de profesores que enfurecidos por nuestro comportamiento nos enviaban más de una vez por día a la dirección, de vivir sin sentido, sin rumbo, y sin pensar aun cuando en la vida no había motivo alguno para hacerlo.
Se levanto resignado y se despidió con un fuerte apretón, recordado por ser nuestro saludo insignia en nuestros juegos juveniles.
La nostalgia y la melancolía invadió por completo mi cuerpo, y pensé que inequívocamente nunca volveriamos a estar en esa época, tan provisional y reducida solo a la frase de "esos tiempos aquellos” y al final de “jamas volverán”.
W.E. Surmay
Valledupar, Colombia
Fuente del artículo http://www.articulo.org/autores_perfil.php?autor=235
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Walter Surmay Bersinger - Valledupar, Colombia
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