Estabas tan concentrada en tu tarea, que no te percataste como te miraba.-
Como admiraba tus dedos llevando el pincel de la paleta al lienzo, dando vida al paisaje que tu mirada descubría, llenándote de satisfacción que iluminaba tu cara.-
Y el reloj se había detenido, mientras el río se volvía azul, los pinos verdes en el ocre terreno, y a lo lejos, unas montañas bañadas de blanca nieve, se perdían en el horizonte de la esperanza.-
Y fue en ese momento, que quise que mi cuerpo sea tu lienzo, donde tus dedos, con pinceladas de caricias, dieran color, al paisaje de mi alma.-
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