Nos reuníamos todos en el pasillo caminábamos entre puertas, era todo oscuro, se escondían las sombras en mas que tinieblas, éramos 4 o 5 talvez el lugar no lo reconocía, quizás pude verlo alguna vez, pero en realidad no lo recordaba. Después de caminar y caminar entre el luctuoso túnel, sentía como mis compañeros se acercaban mas a mi, todos parecíamos andar en el mismo pie, incluso guiados por el mismo temor. Al final una puerta casi imperceptible por el negro dominante, le abrimos talvez buscando calmar la curiosidad y escapar de la claustrofobia. Sin un destello de luz invadimos el recinto, con un hedor a polvo y a humedad, nos preparamos temerosos para ocupar la posada, sin saber quien era el anfitrión. El ambiente era todo ausencia, ausencia de vida, ausencia de sonido, éramos todos contra el nada, desconcertante e indiferente. Nos perturbo el silencio y nos acercamos a la cama, a la ducha, y casi a la salida. En el instante mis compañeros en la ráfaga de una mirada, empezaron a desaparecer, uno tras otro, tragados por el espacio, solo escuchaba sus voces como en el eco, sin saber donde estaban, solo corría despavorido antes de ser alcanzado. Me desplace por el pasillo, no veía las puertas no pensaba oscuridad, sabia que tan cerca y que tan próximo se encontraba el espectro. Pensé en el instante en alguien como alucinando en poder enfrentarlo, y al regresar hacia la puerta contemple la tenebrosidad y observe una figura, la quise tocar y me tropecé con su boca de guadaña y vislumbre horrorizado su rostro caravelico. Corrí velozmente sin pensar en nada hasta que regrese a la luz, y encontré a mi familia quizás preocupada por la lluvia que arrecia en ese momento, tranquilo por su compañía pero drásticamente perturbado por mis amigos presos aun de ese lugar. Pase hacia la sala o quizás a un dormitorio y vi detrás de unos utensilios la perilla descubierta de una puerta nunca antes vista. La abrí y entre directamente a este recinto y como inundado de brillo parte del misterio se esfumo con el aire disperso. Pero aun se mantenían cautivos, sabia y sentía que estaban ahí pero al igual estaba el espectro aun irreconocible para mi. Corrí hacia la calle, y podía volar entre los edificios en busca de alguien que socorriera mi desesperación, alguien me escucha extrañamente en una absurda soledad. Entrecruzamos el cielo del recinto, y rebasamos el techo y encontramos a una de las personas desaparecidas mientras veíamos como se evidenciaba como instantemente su aparición en las telas de un colchón, luego corrimos hacia la ducha donde otro totalmente desnudo se bombeaba desde del fondo de la tina. Veíamos como se abría el piso la edificación se desmembraba. Aunque la noche caía, aun faltaba alguien cuando el hombre que me socorría vio romperse el piso mas abruptamente y en un bloque de tierra salía mi ultimo amigo, pero que aun mas estupefactos estábamos al ver la lapida abierta quizás con algunos restos entre las tripas del suelo muy cerca de él, huesos y terror entre miles de tumbas subterráneas que eternizaban la huida de los espectros.
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Walter Surmay Bersinger - Valledupar, Colombia
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