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Artículo.org .: Poesía y Relatos .: La suerte del Inodoro

La suerte del Inodoro

Escrito por: pedro A Olmeta

“Y juraron amarse, cuidarse y respetarse hasta que la muerte los separe. Acompañarse en la salud y en la enfermedad, pero también en la riqueza y la pobreza...”

Luis es un tipo de unos sesenta años de edad , un tanto obstinado e introvertido. El paso de los años le habría hecho perder aquella su jovial forma de ser, con la cual al menos gozaba de una vida plena llena de respeto y admiración por parte de sus familiares y amigos. Condición que según él, se habría perdido gracias a las amargas situaciones a las que estuvo sometido durante tantos años en su matrimonio y por los innumerables prejuicios y complejos a los que estaba sometido el carácter de Juliana, su mujer, que aun le amaba y quien ademas, debía armarse de mucha fuerzas y valor para llevar en sus hombros el peso de los gastos y de los quehaceres de su casa, que era el hogar donde alguna vez ella se sintió  feliz, pero en el cual ahora y desde hacia ya mucho tiempo, se encontraba sometida por las interminables quejas de Luis, quien tenia tres meses sin trabajo y se pasaba horas en su sillón haciendo mella del tiempo en sus incorregibles desmanes y suertes de perezoso.

Juliana siempre ha sido una mujer trabajadora y un tanto emprendedora, pero el ruido de aquellas innumerables batallas en su matrimonio, había hecho de ella una mujer muy mesurada y callada. No soportaba las injusticias, las traiciones y mucho menos las mentiras. Y cualquier cosa de estas que viniese por parte de Luis, mas que enojarla,  le hacían sufrir. También, el paso de los años había dejado muchas huellas en su piel. Al menos eso era lo que mostraba su rostro, ademas de una mirada perdida con la cual se excusaba su cansancio.
   
Ya los dos hijos de estos, Carlos y Javier,  se habían casado desde muy jóvenes, uno al año siguiente del otro, y tenían establecida sus vidas con sus parejas. Lo que en cierta medida, ayudaba a reducir el gasto familiar desde que estos se independizaron, según pensaba juliana. Pero aun y así, privaba en ella el pensamiento de que estas decisiones de ambos, un tanto apresuradas, habrían sido tomadas mas por el hecho de huir de casa, que por la viruela que produce el matrimonio o el profundo amor por sus parejas. Ellos, siempre han sido muy hogareños y han amado mucho a sus padres, pero llevaban apilados encima de si,  un sin numero de insultos verbales y actos de violencia domestica que desde temprana edad les había tocado vivir en el lugar que fuera el hogar de la niñez y su juventud.

-No fue para esto que nos casamos hace ya treinta años - replicaba Luis para si mismo. El, se  sentía agobiado, impotente y presionado. Se torturaba ahora que tenia el tiempo suficiente para pensar,  y solo veía el horror que transformó su hogar durante muchos años. Sabia que no podía retornar al pasado y no era posible tampoco enmendar los errores cometidos. Una vez que el tiempo se fue, los hechos se hicieron irreversibles e implacablemente ya se habrían cuadrado las cosas y cada quien ocupaba su lugar respecto a la vida de los demás y no había nada que se pudiera hacer. Eso era lo que mas le atormentaba, pues las cosas no salieron como él las esperaba y el resto de su familia ya tenia una manera distinta de ver las cosas. Por esto,  muchas veces Luis se sometió a si mismo por esas culpas, aunque también fueron muchas las veces en las que no dejo de echar esas mismas culpas a su mujer.

Ya ni el amor y tampoco el significado de aquellos primeros años de su matrimonio, lo salvarían de los sutiles dejos de rechazo por parte de sus seres queridos. Pues muy a pesar de que su esposa aun le amaba y sus hijos le querían, se daba cuenta de las reservas que estos tenían  en el trato que a él le daban, cosa que no creía justa, pues las muy ligeras conversaciones, los fríos abrazos y el desvío de sus miradas en aquellas reuniones familiares, lejos de ser fraternas, denotaban mas bien obligación y compromiso. Y todo esto se lo ganó por haber sido como fue en su vida familiar, por culpa de un maldito orgullo y por la insistencia de querer imponer su carácter en lo que él creía eran sus ideales y que hoy menos que con amor, le harían  pagar con rechazo.

Un día, por consejo de un vecino, Luis empezó a ejercitarse tomando caminatas por las tardes. Algunas veces, daba vueltas al vecindario, Y otras, cuando habían juegos de apuestas de números, aprovechaba y se dirigía en ruta del comercio de la zona para comprar billetes de lotería. Opción que sería para si mismo, de ganar, el final ideal de su tormentos, justificación de sus ansias y la nueva razón de su vida.

Para sus gastos particulares, Luis tomaba unas monedas que tenia guardadas desde siempre en un pequeño baúl que estaba escondido en su armario y que nunca utilizó mientras estuvo trabajando sino hasta ahora, que le era de gran utilidad para la comprar cigarrillos, periódicos y billetes de lotería.

Así que todas las tardes, Luis cambiaba sus vestimentas por las de hacer calistenia para dar luego su habitual caminata. Aunque detrás de todo esto, existía un hecho muy particular y de alguna forma un tanto morbosa, que hacia que Luis desahogase sus amarguras mas alla de lo que pudiera producir una caminata de veinte minutos. Y era que cada vez antes de salir, este se dirigía a su mujer, quien luego de haber trabajado todo el día en una tienda de flores, se encontraba ya en casa ocupandose en alguno de los quehaceres de aquel hogar y que al parecer a él poco le importaba,  pues siempre pegaba un grito diciendole :

    - Te odio   -

Luego de esto se marchaba de la casa para tomar su acostumbrada caminata. Juliana, solo se limitaba a bajar la mirada y se quedaba allí callada como muestra de una determinada indiferencia por la costumbre ya en ese diario ritual. De hecho, en la mayoría de los días, ese era el único elemento de comunicación entre ambos. Después de escuchar un -Te odio-,  bajar la mirada y fraguar mas indiferencia.
  
Pero llego el día en el cual las monedas del baúl ya no alcanzaron para la buena suerte. Se habían acabado justo y cuando estaba en juego un gran acumulado para el premio mayor de la lotería. Hacia semanas que nadie ganaba y la cifras rodeaban mas del millón. Para cualquier jugador era un pecado en grado mortal no apostar ese día y para Luis, esto era un tormento. No hubo lo que no hizo por obtener  mas monedas. Busco por todos los lados y en todas las partes de su casa. Y encontrar monedas se le hizo muy difícil, debido a la precaria situación económica que estaban viviendo en ese momento. Tanto fue su afán en la búsqueda del metal, que lo venció el cansancio y hasta llegó a desistir  de la idea de jugar ese día. Pero al ver el correr de las horas y  la llegada de la noche, Luis se hizo del desespero. Así que despojandose de su orgullo como ultima alternativa, en un falso acto de cordialidad y usando la cara de la orfandad, este se dirigió a su mujer a la vez que ella planchaba una de sus camisas, para preguntarle :

 - No tendrás unas monedas que me regales ?

Ella, cesó de su labor en un segundo y un tanto sorprendida lo miró a la cara fijamente, pero luego de una pausa y sin decir nada, se dirigió al sitio donde estaba su cartera, tomó unas monedas del monedero y las entregó en las manos de Luis. Luego, ella volvió de nuevo a su labor sin esgrimir palabra alguna, movimiento o expresión que pudiese dar lugar a un pensamiento cualquiera de complacencia o contradicción. Mas bien Luis, en un acto irónico y sintiendose mas confiado, luego del logro por su  manipuladora acción y usando un tono de burla como muestra de su predecible  personalidad,  le reposto: - Te odio -  luego, se marcho enseguida para ir a buscar su deseado billete de lotería.

Ya después, sentado como de costumbre en su sillón , allí junto a su radio y a eso de las once y quince de la noche, Luis escuchó los resultados que daban los números ganadores de la lotería de ese día. Lo que se convirtió en una sorpresa que por momentos lo dejo perplejo y sin aires, pues luego de cotejar aquellos números con los de su billete, se dio cuenta de que se había convertido en el gran ganador de aquella noche, pues él era el dueño del billete de la suerte y por tanto, el poseedor de aquel premio mayor. Enseguida, se desato un mar de emociones y de gritos que luego se hicieron eco hasta la otra habitación donde se encontraba Juliana, quien vino a ver lo que ocurría y confundida por aquel alboroto, al ver a Luis saltando de la alegría por tanta emoción desbordada, no pudo reaccionar sino hasta cuando logro descifrar el significado de aquellos gritos de emoción que se oían :

- Me gane la lotería, me gane la lotería !  

 Luego, luis se acerco hasta ella y la abrazo fuertemente, y con ese gesto, hizo que sus ojos brillaran y se contagiara de la emoción. Pero luego, él le grito nuevamente :

 - Soy rico...,  soy rico !

La verdad es que no se sabe si fue el sigilo lo que se perdió en Juliana esa noche debido a la emoción provocada por Luis y su repentina riqueza. Pero ella, a todas estas, y a pesar que desde  mucho tiempo atrás se había acostumbrado al hecho de limitarse en generar razonamiento alguno ante los sometimientos de su marido, había notado en ese momento la falta de pluralidad en Luis al referirse a su nueva condición cada vez que este esgrimía sus gritos. Y ella, que en ningún momento anterior a este, ni por razón alguna, habría lanzado al aire una mínima expresión en cualquiera de los acontecimientos vividos con su pareja, precisamente en ese momento, tuvo el desatino en comentar a su marido la incomodidad que generaban en ella sus singulares expresiones, por lo que argumento en lo siguiente :

- Bueno Luis, imagino que ya no debes odiarme tanto, puesto que fui yo quien te dio las monedas para comprar ese billete de lotería ... -


Aquello, fue suficiente para enceguecer el alma de Luis, por lo que entonces de repente y así como si nada, cesaron sus emociones. Y luego de hacer una pausa y dejar de mirar a Juliana directamente a los ojos, este, le dio la espalda para dirigirse hasta el lugar donde había dejado aquel billete de lotería, luego lo tomó determinadamente en sus manos y lo  llevó consigo para encerrarse en su cuarto de baño. Una vez allí, observó fríamente por algunos minutos aquel billete de la improvisada riqueza, mientras Juliana desde afuera un tanto desesperada le llamaba y  preguntaba:

 - Luis, esta todo bien ? ...       responde...    Luis !

pero no hubo respuesta, solo el fluido del desagüe del inodoro fue el sonido que se dejo colar por las rendijas de la puerta de aquel baño convertido en un cubo de incertidumbres. Luego, Luis abrió bruscamente la puerta, pasó a un lado de su mujer quien tenia el rostro vacío de respuestas,  y unos segundos después, este le replicó :

 - Nada mujer, sal de mi habitación. Te odio ! 

Juliana sorprendida y asumiendo que lo de la lotería habría sido un invento de Luis con el solo proposito de martirizarla o gastarle una broma de mal gusto, se dispuso abandonar la habitación para volver a sus quehaceres un tanto perturbada.

Entre tanto, Luis quien sabia que aquel había sido el  billete ganador de la lotería, no pudo resistirse al hecho de pensar que de alguna manera, él debía conciliar con su mujer Juliana y asumir que gracias a las monedas que ella misma le regalo, él había sido el gran ganador de esa noche. Así que fue en ese momento, mientras estuvo encerrado en su baño, cuando se genero en él un maquiavélico impulso y decidió romper aquel billete hasta convertirlo en mil pedazos, para tirarlos luego por el desagüe del inodoro.

Luis había ganado esa noche, otra razón mas por la cual arrepentirse el resto e su vida.

 

Pedro Olmeta

Fuente del artículo http://www.articulo.org/autores_perfil.php?autor=964

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