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Artículo.org .: Religión .: El Hombre y su temporalidad

El Hombre y su temporalidad

Escrito por: drwong

"El  hombre tiene sed de Eternidad"

La significativa declaración  extraída de la obra de Miguel de Unamuno, sirve de  acicate para estimular el pensamiento  sobre la ineludible circunstancia de la temporalidad  humana.    El tiempo es tema  obligado en las  cavilaciones del hombre, y
el quehacer filosófico nos ha heredado desde la antigüedad un inmenso bagaje de  reflexiones en torno a este asunto.  Por lo tanto las  siguientes líneas  no tienen como objetivo ofrecer novedades intelectuales  sobre el tiempo.  Su propósito es el repasar el fenómeno  desde la perspectiva del mensaje bíblico, tratando de recalcar  al hacerlo,  algunos conocimientos útiles  para el intelecto y la vida de los creyentes.
Sin  detenernos en  una definición del término, el  Génesis nos ofrece el comienzo de todo, el “ab ovo” del ser humano y todo cuanto le concierne. Y como parte innegable de ese todo está el tiempo.  Este es parte fundamental  del contenido semántico  del primer libro  de la Biblia.  Independientemente de la versión que se lea, palabras como:
   “En el  principio, Día, Noche, tarde, mañana” ( Génesis, capítulos 1 y 2)   son formas léxicas que  se interpretan con base  en la temporalidad. De manera  similar se puede pensar de los cuerpos  astronómicos llamados las “Dos grandes lumbreras” .

Una sencilla observación  de otras  expresiones  permite resaltar  la trascendencia de la temporalidad en la teología bíblica, “ Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo”.  Es impostergable y crucial reconocer la necesidad del   ejercicio de la fe  al  desear extraer del conciso discurso del Génesis  todas las respuestas   que  la mente exige a las inquietudes  sobre el tema  del tiempo.     Hay  detalles  que no constituyen una información indispensable para  el conocimiento de la voluntad y planes de Dios para  la salvación del  hombre; sin embargo son parte del prurito intelectual de los individuos,   ejemplos de éstos están: el  querer  precisar  el tiempo de duración de el estado  edénico  sin pecado, el día de la creación de Eva, el momento exacto de la caída en el pecado, el lapso entre la caída y la salida del huerto ¿cuándo fueron concebidos sus dos primeros hijos?   ¿Qué día  pronunció el Señor  la maldición sobre la serpiente, ¿cuándo  les preparó  las túnicas  a nuestros primeros padres?, etc. Como  lo manifestamos ya, desde la perspectiva del propósito divino  para la salvación de sus hijos,  el  contar con esos datos resulta superfluo e inútil su investigación.   Más beneficioso es tratar de sondear el impacto  humano  de los hechos  descritos  en el inicio  de la Biblia, especialmente   sobre las repercusiones  permanentes para  la humanidad  del factor llamado temporalidad.

La primera existencia edénica del hombre, es una etapa   que bien   podemos  llamar de  despreocupación; ¿qué aspectos  provocan en el ser   pensamientos,  sentimientos, estados anímicos, acciones adversas o negativas? , ninguno: pues éstos  no pueden ser aún parte de su experiencia vital, nada puede producirlos. 

En un punto de esa  circunstancia  de cero afección   física , mental o espiritual,  el hombre da inicio a su temporalidad; aunque es imposible precisar  el instante cuando se produce  el paso  de  la despreocupación  a la conciencia obligada, permanente y amenazante de las circunstancias que condicionan ineludiblemente sus existencia. Objeto de su  ahora preocupación es su irremediable sujeción al efecto del tiempo.
Este tiene para él un nuevo significado, ahora nace el interés por estudiarlo, medirlo, identificarlo, y si es posible eludirlo. La declaración  …, pues que no alargue su mano, y tome también del árbol, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado¨.  Conlleva la puesta  de límites a su vida, en otras palabras  ahora estará sujeto al tiempo.  Y como bien lo  registran las páginas inspiradas, la historia del  hombre  es un compendio de su  temporalidad.

Cerca de la Eternidad o en ella

Nunca estuvo el ser humano  más cerca como ser creado  de experimentar esta condición de atemporalidad, sino en el  momento edénico, cuando en la perfección de su  estado goza con inmunidad del transcurrir del proceso del mundo. No hay un pasado que  recordar ni rescatar u olvidar; no tiene que enfrentar un  futuro lleno de incertidumbre  o anhela un mañana más promisorio; hay un bienestar siempre presente.   La muerte es para el hombre un concepto sin mayor trascendencia  o significado.  No hay en su mente la idea de no ser, de no estar.    Su atemporalidad no es una eternidad  sin inicio ni  fin;  tiene un inicio, - su creación- , pero sin límites en el devenir del tiempo.  El deseo de vivir siempre no aguijonea su  mente o emociones, no conoce  los estados anímicos de miedo, angustia y dolor.   Su espíritu no padece de la  obsesión de las cosas materiales con las cuales cree asegurar  su continuidad sobre la tierra.  Es el estado de las necesidades primordiales o básicas.  En este medio no se puede utilizar la corporeidad biológica humana como registro del paso de los años, pues no  deja  en el cuerpo su huella.


La Vida, sinónimo de tiempo

 La pérdida de la condición edénica  produce una transformación semántica de  la palabra vida: ahora tiene que definirla  en  términos  del tiempo,   su existencia es un continuo  hacerse  dentro del paréntesis de tiempo que corresponde a su vida ,es el que  García Morente ( 1982)   llama  el tiempo que constituye la vida; sin embargo este tiempo transcurre en medio del tiempo de la física, de la astronomía, de la relatividad.      Pero evidentemente todo cuanto haga y deje de hacer en ese paréntesis de tiempo que le corresponde  es la definición  de su vida;  la extensión    del paréntesis ha  ido cambiando  como se observa en estas  citas bíblicas
“Los  días que vivió  Adán novecientos treinta  años.  Fueron pues todos los   días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años (Génesis, capítulos 5 y 6)).  Y Dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne;  más serán sus días  ciento veinte años.  Los días de nuestra edad son sesenta años; Y si en los más robustos son ochenta años…” (Salmos 90: 10). 

Desde entonces  el conteo de los años le es imperativo, la lucha constante por ampliar el paréntesis de su temporalidad  es una tarea dominante; vivir es sinónimo de tiempo, pero este le  es cada vez más breve, y por cuanto es  más corto produce mayor ansiedad    Este  sentir  es notorio a  través de las páginas sagradas, unas   pocas citas son  muestra  suficiente y elocuente de esto.

       “  Y   Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta  años ; pocos y malos  han sido los días  de los años  de mi vida”. ( Génesis   47: 9).

“   El hombre  nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”. ( Job 14: 1-2).

“  ¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?( Salmos 34: 12).

“ Los días de nuestra edad son sesenta años ; y si en los más robustos son ochenta años, con todo , su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos” (Salmos 90:10).

No es de extrañar entonces que en las Sagradas  Escrituras uno de los principales dones ofrecidos sea el tiempo.

Honra  a tu padre y a tu madre, Para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu  Dios te da”. (Éxodo 20:12).
Hijo  mío no te olvides  de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos ; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán”.( Proverbios 3: 1-2).

Biológica y  fisiológicamente se manifiesta  la acción del fluir temporal  en el individuo, lo corporal es inexorablemente  el testigo  irrefutable de  que  su existencia le exige saber vivir   distintos   tiempos  en uno. Lo que tradicionalmente se identifica como niñez, adolescencia, adultez, vejez,  son  el tiempo de su vida.   Pero  si el tiempo total del hombre le resulta efímero, más fugaz es cada  etapa dentro de éste.  Recordemos  la  conocida primera estrofa del bardo modernista  Rubén Darío  en su Canción de Otoño  en Primavera

“   Juventud, divino tesoro
    Ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro
   Y a veces  lloro sin querer

   Una razón para juzgar  la brevedad   de estos segmentos de la vida la encontramos   en la idea del tiempo  como  posibilidad.

Muchos siglos antes que filósofos modernos reflexionaran sobre el tiempo  como posibilidad, entre ellos  Martin Heidegger ,  ya  el hijo de  David   había meditado  en ello, producto de su trabajo, es su discurso exegético del tiempo conocido como El Eclesiastés.  Este escrito es sin duda un monumento de la filosofía hebrea.    Sus palabras representan  el balance final  de la evaluación   del uso de las posibilidades  por parte del hombre en  cada uno de los escenarios de su vida.  Desde su aparición  sobre la tierra  el ser humano  está obligado  a vivir   decidiendo, su existencia es un  continuo  escoger, esto último es  condición incuestionable  para ser acreedor del libre albedrío, y éste se ejercita  sujeto a las posibilidades  propias  de la infancia , la juventud, madurez, o  senectud.   Ineludiblemente todo  hijo de Adán y Eva  vive decidiendo qué  hacer con el tiempo   a  su disposición.    En el  individuo, posibilidad y tiempo aparecen juntas; pero   las   posibilidades no son las mismas  en  cada  tiempo del hombre.  Esto produce  una insatisfacción en él.  Apropiadas resultan  para  ilustrar este concepto  las palabras    del escéptico Voltaire:  
                                                                                                       
 “El gran mago propuso primero esta cuestión:
¿Cuál es, de todas las cosas del mundo, la más larga, y la más corta,  la más rauda y la más lenta, la más divisible y la más extensa, la más descuidada y la más lamentada, sin la que nada se pueda hacer, que devora todo lo que es pequeño y que vivifica  todo lo que es grande?  ( …) Unos dijeron que la clave del enigma era la fortuna, otros, la tierra, otros la Zadig  dijo que era el tiempo.

Nada es más largo- añadió-, puesto que es la medida de la eternidad; nada es más corto, puesto que falta en todos nuestros proyectos; nada es más lento para quien espera; nada es más rápido para quien lo goza; se extiende hasta el infinito de grande; se divide hasta el infinito de pequeño; todos los hombres lo descuidan, todos lamentan su pérdida; nada se hace sin él, hace olvidar todo lo que es indigno de la posteridad, e inmortaliza las grandes cosas.  La asamblea convino en que Zadig tenía razón”. ( Voltaire, Zadig o el Destino: Historia  Natural)

 El implacable efecto del tiempo sobre todo cuanto el ser hace o le concierne, hizo brotar en su espíritu la insatisfacción.    A las cosas que le  son favorables les faltan tiempo;  y  a las que le resultan negativas parecen sobrarles.    Vanos son sus esfuerzos propios para  revertir esta condición.  Salomón cantó la verdad de la impotencia  humana  para detener este proceso ante el cual solo queda someterse con  sabiduría.   Los capítulos de su libro son  en gran  medida una taxonomía compendiada de las  actividades que constituyen la vida de los hombres, éstas se suceden unas a otras  sin dar un resultado novedoso a la existencia, ni eximirle  de las responsabilidades de sus  elecciones y sus  actuaciones.  

El Tiempo como Responsabilidad.                                                                          
 Desde su creación la responsabilidad es inherente al hombre, pues ésta es consecuencia del libre albedrío.   Aunque el tiempo en la vida edénica no era causa de mayor preocupación, sí formaba parte  de su responsabilidad; no podía darse  al ocio, no debía descuidar el sábado.  La primera pareja tenía que  ocuparse en trabajar, aprender, adorar  y atenderse uno al otro;  en otras palabras,  el ocuparse en sus deberes antes de la caída implicaba  desde entonces su compromiso con el tiempo, la diferencia consistía en que éste no le era adverso.  Al salir de su primer hogar  el tiempo constituye  una mayor responsabilidad;  debe ejecutar en él  cuanto debe y puede. Sin hacer mayor esfuerzo,  esto se infiere en los pasajes del Eclesiastés.

El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios y Guarda, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés  12: 13)

 El todo del hombre incluye obligatoriamente el uso de todo lo que fue su tiempo de vida El ser humano es responsable del tiempo no bien empleado, y de igual modo del tiempo  usado con provecho. El tiempo requerido para adorar a Dios, el tiempo requerido por el prójimo, el tiempo de la familia, y aún el tiempo que el mismo individuo requiere para ser mejor y estar más capacitado para aprovechar el tiempo de su vida; son facturas que debe pagar. 
Lastimosamente  el irreversible tiempo ido es el que   provoca  la mayor nostalgia  o dolor en el hombre; claro, experiencia y  vejez  son  elementos concomitantes en   nuestra temporalidad.

El Tiempo como necesidad.

 ¿Cuán largo y lleno de mortificación debió  ser para la primera pareja aquel  primer día  fuera del huerto?  Era  el primer día de su existencia sujeta  al tiempo,  y la sentencia“  Polvo eres y al polvo volverás”   alcanzó plenitud significativa cuando al transcurrir los días en   ese primer  matrimonio se introduce un elemento extraño  a su circunstancia, la muerte  entró a ser parte permanente de su experiencia. 

Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató”(  Génesis 4:8)

La muerte se va convirtiendo en una especie de antítesis para el tiempo del hombre, muchos  han reflexionado sobre la muerte como fin del tiempo; y entre sus cavilaciones  consideran que paradójicamente, cuanto más vive el hombre, más se acorta  su tiempo en esta tierra,  igual efecto  produce vivir poco; esto confirma  la conclusión o premisa del  Sabio , “ todo es vanidad”; por más que viva el hombre  en su temporalidad sobre la tierra el tiempo de su existencia no le es suficiente, la muerte desnaturalizó el tiempo ofrecido originalmente a los seres humanos.

  Todo acontece de la misma  manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme al juramento” ( Eclesiastés  9:2).

La Biblia y la historia secular  nos muestran al hombre en la incesante búsqueda de  tiempo. Desde aquella salida del Edén  el contar  o tener más vida  es una constante inquietud en los mortales.  La satisfacción de las necesidades básicas o  físicas no  elimina su necesidad de tiempo. Esta necesidad puede mostrarse mediante muchos matices.   En  primer plano  sobresale  el deseo de prolongar el tiempo de su reloj biológico, el prolongar la  existencia  es  una  característica humana desde que rige en su experiencia  la muerte. Sin embargo  la necesidad de más vida  tiene su satisfacción plena en el uso del tiempo.  El ser humano necesita tiempo para estar con  el  creador del tiempo, para recibir de  él la inmunidad sobre los efectos de éste; su permanencia en lo temporal y la posibilidad de  constituirse en un ser  atemporal  depende exclusivamente  del tiempo  pasado con el Alfa y  Omega.     El individuo  que fue hecho un poco menor  que los ángeles, Y lo coronaste de gloria  y de honra. Le hiciste señorear sobre  las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus manos (Salmos  8:5,6);  es irremediablemente   el más necesitado de tiempo.  Y si parafraseamos las palabras del filósofo, es más el tiempo  que necesita, que el  que tiene. De acuerdo con el cronómetro profético bíblico los  días que restan   de la temporalidad  humana  son escasos y muy fugaces; por lo tanto el hombre necesita   usar lo que le queda de años, meses días u horas para  lograr otra vez  su estado de atemporalidad.

El   Tiempo como conocimiento.

La  total indefensión ante los efectos del transcurrir de los años, y la   impotencia  para transformar esa circunstancia  del ser, impulsa  a  los inspirados escritores a dejar su legado  sapiencial  sobre el hombre y su temporalidad.  Es fácil descubrir  que en gran medida los consejos de la Sabiduría  para los mortales  están íntimamente   ligados con el  conocimiento y uso del  tiempo.   En  el relato sagrado hay una gran cantidad de pasajes que demuestran la inevitable necesidad de conocer el tiempo.


• El  Conocimiento del tiempo como fenómeno continuo  del mundo
        
       “Tuyo es el día, tuya  también es la noche; tú estableciste la luna y el sol”
          (Salmos 74: 16).
       “ Son tus  días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos?
           (Job 10: 5)
       “ Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer que pasó”
           (Salmos  90:4).

• Conocimiento del tiempo Profético

 “Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”( Lucas 19: 44).

“Aprovechando el tiempo porque los días son malos” ( Efesios 5: 16)

“ Y esto conociendo el tiempo, que es hora ya de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca  nuestra salvación que cuando creímos” ( Romanos  13:11).

        
• EL conocimiento de su tiempo como individuo
          

   “ Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos
       En la mala red, y como la aves que se enredan en lazo, así son enlazados los
      Hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos
      (Eclesiastés 9; 12)

    “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón 
       Sabiduría
” ( Salmos 90:12).

“Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites del cual no pasará”( Job 14: 5).

Este último pasaje  nos lleva a considerar la inquietud de la limitación temporal de hombre, si este  es solo un  espacio  entre dos paréntesis del tiempo, no es extraño que para él, el cierre de ese espacio  sea motivo de interés.  La bondad divina  que dispuso   limitar la existencia de un  ser contaminado  por el mal, también  decidió dejar  fuera del conocimiento de éste el momento de su fin.   La preocupación  de saber que su vida tiene un punto final, adquiriría proporciones  desastrosas en  la   mente y conducta de los hijos de Adán, si a esa realidad se le suma  el conocimiento   preciso del   año, día y hora de su muerte.     Unido a éste  saber esta  la antigua ambición de conocer lo que hay en el tiempo venidero.   La efímera  permanencia sobre la tierra produce el dolor  de solo poder conocer  muy exiguamente  lo pretérito, ser protagonista o testigo del fugaz presente, y  tener vedado  lo que hay en el porvenir, más cuando en ese segmento del tiempo, éste se acaba para él.
 
Al considerar el tiempo como objeto de conocimiento, es pertinente hacer mención de la  necesidad de contar  con el mismo  para perfeccionar otros conocimientos
     
“En los ancianos está la ciencia, Y en la larga edad la inteligencia” ( Job 12:12).
    
“Yo   decía: Los días hablarán , y la muchedumbre de años declarará  sabiduría” ( Job 32:7)

Las escasez de tiempo con que cuenta el hombre  es un obstáculo   para la posibilidades  de adquirir y pulir sus conocimientos, pues estos exceden toda edad humana; el   reducido número de años adjudicados a cada individuo y la poca dedicación  a buscar  la sabiduría  contribuyen decisivamente   para que la persona  no logre agotar las posibilidades de aprender y ser sabio.   La brevedad e inestabilidad   de la vida obliga  correr en la búsqueda de la satisfacción   de otras necesidades  cuya jerarquía  o preferencia  es establecida por el yo.   Aun  el   poco conocimiento que puede  alcanzar no logra perfeccionarse ya que  del limitado tiempo  de su existencia dedica  muy poco para profundizar en ello. Para ilustrar esta última idea   podemos  recurrir  al terreno  de la educación. ¿Cómo lograr la tan proclamada y  defendida excelencia académica, acortando  el tiempo de lo educativo; en la esfera humana el perfeccionamiento de toda tarea- incluyendo lo espiritual-  lleva implícita el factor tiempo. Es difícil pensar en un alto grado de excelencia en las cosas del hombre, si éstas son hechas  con rapidez y por un ser cuya naturaleza  es débil y cada vez más decadente.   El  individuo no alcanza el conocimiento ni la sabiduría  a su disposición por falta de tiempo , del que dispone en la extensión de su vida y del tiempo que dedica  para ello.

“ Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? No conoce su valor el hombre. ( Job 28: 13)

  Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría , y que obtiene la inteligencia” ( Proverbios  3: 13).


La Tecnología y la temporalidad humana.

  La  disposición o inclinación por la técnica es inherente a la naturaleza  humana,  no hay registro ni evidencia de cuál fue exactamente la primera  creación tecnológica de los antiguos o los descendientes  de Adán.  Esto es parte del poquísimo conocimiento  de todo cuanto  pertenece al ayer de  la humanidad.
 Sin embargo  eso no ensombrece  el brillo y actualidad de la  tecno- sociedad del   
presente y lo porvenir.   Bien podemos deducir que en un primer momento  el hombre  crea o utiliza un objeto para  satisfacer una necesidad  primaria o básica ( ayuda, protección, defensa,  juego, educación,  etc).
       Con el transcurrir de los siglos  las herramientas y la técnica  se multiplican, crecen y se transforman hasta  alcanzar una influencia y presencia tan determinante que  hoy  nadie  niega la total tecno- dependencia  humana. Los objetos que una vez  fueron construidos para ahorrar tiempo, facilitar el trabajo,  movilizarnos y entretenernos; en el siglo XXI  son los que regulan, controlan o dirigen a la sociedad.  
En medio de estas circunstancias se encuentra  la tecnología   producida  para estudiar, predecir, controlar  o ahorrar tiempo. Gran parte del desarrollo técnico guarda alguna  relación con la precisión del movimiento y el tiempo  .Absurdo sería negar las incontables ventajas de las máquinas para estudiar los secretos de la física y la matemática del tiempo; de igual manera todos los usuarios de la técnica defenderían con justificadas razones  la disponibilidad de tiempo  que tienen gracias  a ella.  No obstante, parece que ese tiempo extra  esta reservado para  dedicarse  a  adquirir lo material, y mucho de esto es lo técnico, no hay entonces tiempo  para ser mejor  como humano, sino para tener  lo mejor como consumidor.  El tiempo ahorrado que nos regalan las máquinas  está  hipotecado  por las exigencias,  no de necesidades  básicas, sino de  las superfluoas.  

“ Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino…, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan  debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí  viñas; me hice  huertos  y jardines, y planté en ellos  árboles de todo fruto” ( Eclesiastés 2:3-5)

Los versos sapienciales  adquieren mayor vigencia   sin consideramos que  la economía del tiempo se gasta en lo que al final resulta ser pura vanidad.     La tecnología  produjo la cultura de la velocidad, característica de esta  época es la rapidez  de la comunicación, del transporte y la  producción de nuevas tecnología; sin embargo, la velocidad  con la que dispone  el hombre actual para lo material y pasajero, no es totalmente  aplicable  a lo que concierne a su carácter, espíritu  y redención. El proceso  para  restablecer al ser humano a su estado de completa inmunidad de lo temporal incluye aspectos  que deben cultivarse y desarrollarse  con el tiempo de dedicación a ello.

Por otro lado, hay gran sabiduría en reconocer y aprovechar lo que la técnica  puede aportar en  la ejecución de los planes del cronograma divino para la humanidad.   Mucho más cuando  en el calendario celestial, son pocas las páginas  que le quedan a la temporalidad humana.   

La  Teología y la temporalidad   humana.

Es imposible extraer el factor tiempo de los estudios de la Biblia, y presentar una adecuada observación, una completa descripción, una correcta explicación  y  por consiguiente, una enseñanza real del mensaje que en ella hay.
La premisa de la necesidad de la fe al estudiar las Sagradas Escrituras incluye  aceptar y aplicar lo que contiene, sin que aquello que no encontramos  invalide nuestra confianza en su contenido. Tal es el caso de  las omisiones  sobre  las especificaciones o detalles de tiempo que hay en sus páginas. 

 A pesar de lo anterior,  resulta elocuente  observar el papel preponderante  del elemento tiempo  en  lo que  se refiere  al   estudio e interpretación  de las páginas sagradas.


• El tiempo en el mundo Intra- bíblico

 En el Génesis encontramos   el punto de partida para esa parte de la eternidad que corresponde a la temporalidad del mundo y por ende  la del ser humano,  el  primer versículo es inherentemente una declaración de un momento en el tiempo, es  el comienzo de éste.  Estudiar o enseñar lo que la Biblia  contiene significa, escudriñar  el paso del hombre de un estado de independencia del efecto de tiempo, a un condicionamiento  total a este último. También implica  determinar y tratar de ubicar a  cada hecho, suceso y protagonista dentro de ese proceso que constituye la historia humana. Dentro de sus páginas  está la cronografía  del papel que  desempeñaron los individuos, culturas y naciones  en   ese espacio temporal asignado  a esta parte de todo lo que existe.  Debemos recordar que éste   es uno de los principales objetivo de la historicidad en los estudios teológicos.
 
La Teología y los Planes Divinos  para la Temporalidad humana

 No puede faltar en el análisis  de las Sagradas Escrituras el  tratar de descubrir la relación de los eventos dentro del tiempo narrado con los  objetivos establecidos  para el hombre en el cronograma  celestial.  Determinar cómo los espacios temporales humanos están  supeditados  al reloj y calendario del creador del tiempo es una de las principales y mayores tareas teológicas.     Frecuentes son  los intentos del   hombre que  en su  fugaz duración sobre la tierra  desea medir antropomórficamente  el tiempo del Eterno

 “ ¿ Son tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos?”
     (  Job 10:5)
He aquí  Dios es grande, y nosotros no le conocemos , ni se puede seguir la huella de sus años”.(Job 36:26).

     Todo el concepto de la salvación humana presentado en la Biblia, tiene una gran estructura  de tiempo; ésta se  planea en un tiempo

Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado  en los postreros tiempos por amor de vosotros”( I Pedro 1:19-20)

   Se ejecuta en un tiempo planeado.

 “Pero cuando vino el cumplimiento, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” ( Gálatas 4:4).

 Tiene un tiempo  apropiado para su aceptación
Porque  dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación  te he socorrido.
  He aquí ahora el tiempo  aceptable; he  aquí ahora el día de salvación
”.( 2 Corintios 6:2).

 

La insaciable sed de tiempo y la Biblia

   La mayor justificación de la investigación teológica de la Palabra de Dios consiste en la utilidad práctica de los conocimientos obtenidos, y por supuesto no hay mayor  beneficio que el  comprender y reconocer  que en las Escrituras  se condensa  el inicio, desarrollo y el fin de la temporalidad  humana.
    Volviendo a las palabras iniciales, el hombre tiene sed de eternidad, siempre tendrá esa sed, ésta no se podrá saciar mientras no regrese a ese estado de libertad total  de los efectos del paso de los días y los años; su condición actual de mortalidad   es ajena  a   la naturaleza inicial con la  cual  fue puesto sobre la tierra .  El tiempo no fue  creado para  ser enemigo implacable de las criaturas de Dios .  Por lo anterior el  mensaje   bíblico es  un ofrecimiento   de eternidad  “ Si alguno tiene sed, venga a mí  y beba.” ( Juan 7:37).


Fuentes de  Consulta
 • Abbagnano, Nicola.(1963). Diccionario de Filosofía. México: Fondo de Cultura Económica.
 • García Morente, Manuel. (1982). Lecciones Preliminares de Filosofía. México: Editorial Porrua.
 • Santa Biblia. (Revisión 1960). México:  Sociedades Bíblicas Unidas
 • Unamuno, Miguel.( 1913).El  Sentimiento Trágico de la Vida, Cap.XIII.


  Dr. Manuel Wong López


http://www.gramatica.biz

Fuente del artículo http://www.articulo.org/autores_perfil.php?autor=371

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