Exageraríamos al tildar de "revolución" aquello sucedido en mayo de 1968. Lo acaecido en la época sólo fue una explosión del ingenio, la inteligencia y la ardentía juvenil. Sus primeras manifestaciones tuvieron lugar en universidades europeas (Instituto de Ciencias Políticas de Trento, Universidad libre de Berlín-Oeste junto al SDS -Sozialistischer Deutscher Studentenbund- de Rudi Dutschke, discípulo del Che Guevara, así como la Universidad de Nanterre y de París), orientadas todas ellas a atacar la política americana en el Vietnam. Se trataba de la penetración del marxismo en una gama de la sociedad que no había conocido la guerra ni el estalinismo, a través, de la difusión del odio hacia "eso" representado por EEUU.
En Francia se señalan causas internas del malestar como la del exagerado número de estudiantes en la Universidad (650.000, o sea superior al número total de estudiantes en Inglaterra, Bélgica y la vieja Alemania Federal reunidas) y el cambio del sistema de certificados de aptitud y preparación para la obtención de títulos universitarios al de "años aprobados de estudios", copiado de sistemas alemanes y americanos. Pero la mecha que hizo explotar la revuelta fue la Universidad de Nanterre, construida en los suburbios de París en 1964 para descongestionar la antigua Sorbona. Sin duda, mucho influyó el hecho del encuentro diario entre los estudiantes burgueses de los distritos XV y XVI y los pobres de las "Bidonvilles", el cual despertaba en los primeros un cierto sentimiento de culpa. A eso se agregó el manejo de la situación por parte de los 5 o 6 profesores de extrema izquierda con los cuales se inició Nanterre y liderados, entre otros, por Henri Lefebvre y Paul Ricoeur. Se protesta contra la reforma de Fouchet, contra la segregación sexual y contra la medida gubernamental de seleccionar cuidadosamente los estudiantes a los cuales se admitiría en la Universidad. El 3 de mayo toda la radio anuncia el incendio de una dependencia de la Sorbona y los líderes de la UNEF (Unión de Estudiantes de Francia) difunden un rumor alarmante: "¡el occidente va a atacar!" Por supuesto, la solidaridad de los de Nanterre no se hizo esperar. Fue la famosa toma de la Sorbona disuelta por el propio rector Monsieur Roche con la ayuda de la Gendarmería. Después siguieron más disturbios y a partir del 9 de mayo las cosas se agravaron a raíz de la encuesta publicada por los medios en donde se mostraba una ciudadanía solidaria con las reivindicaciones estudiantiles. Las ideas, entonces, eran torbellinos. Embestidas furiosas de originalidad saliendo de inteligencias como la del "intocable" Cohn-Bendit y agregándose, a manera de grafitis, sobre los muros de la ciudad. Para el 15 de mayo, ya las manifestaciones eran de ¡20.000 estudiantes! La prensa jugó su papel al mezclarse entre los manifestantes haciendo reportajes sólo con la opinión de los estudiantes y, practicamente, haciendo un llamado al desorden. Las técnicas de la lucha, del terrorismo y de la agitación fueron enseñadas por camaradas alemanes, chinos, cubanos y de Hong Kong. Ello se ha probado con los contactos telefónicos tenidos desde dentro de las universidades invadidas por la época. Al final de mayo Francia está paralizada y hasta el suministro de gasolina se acababa. El gobierno respondió concediendo a los sindicatos poderes importantes en el famoso pacto llamado "Acuerdo de Grenelle", pero las "bases" dejaron sin piso toda la concertación. En la Asamblea Nacional se dan, también, grandes debates como aquel famoso donde Mitterrand denuncia la utilización, por parte de la Policía, de gases venenosos. Se presenta por la oposición una moción de censura al final rechazada. Finalmente, De Gaulle, quien había propuesto hacía poco un gran "referendo por la participación", el 30 de mayo notificó a los franceses, en alocución radial de cuatro minutos y medio, su permanencia en la presidencia y ordenó organizar la "acción cívica de apoyo al gobierno en contra de la subversión". Disolvió la Asamblea Nacional y convocó a nuevas elecciones. Resultado: ¡una manifestación de un millón de personas en los Champs Elysées y el triunfo de las nuevas mayorías en las elecciones de junio!
Pero, como ha sucedido frecuentemente en la historia, la mayoría victoriosa no supo manejar su momento y los logros prácticos, sobre todo en el campo universitario, fueron beneficiosos para los derrotados.
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