Cuando son casi cuarenta años de la celebración de la Libertad y el Orgullo de la Diversidad, todavía existe el rezago de mas de medio mundo, el desprecio y la marginación de distintos sectores políticos y sociales que aun no comprenden que somos parte activa e influyente de la sociedad moderna.
Según investigaciones preliminares, en Bogota cerca del 58% de la población homosexual, se mantienen en secreto bajo el temor de represarias y discriminación en sus trabajos, localidades e incluso en sus familias. Estudios argumentan que 7 de cada 10 bogotanos no tolera públicamente expresiones de afecto y cariño entre parejas homosexuales, con lo cual queda más que demostrado, el desprecio que aun ejerce la sociedad colombiana, por la diversidad sexual.
Claramente “salir del closet” (como coloquialmente se dice) se ha convertido en toda una odisea para quienes ante la sociedad se represan ante su propia personalidad y modo de vivir; paradójicamente mientras el gobierno colombiano ha promulgado leyes a favor de los derechos patrimoniales en las uniones de parejas de mismo sexo, derechos a pensiones y a seguridad social beneficiaria, no existe una política de estado encaminada o que haga vislumbrar una intención decidida a la aprobación de matrimonios homosexuales y/o derechos básicos de libertad y expresión, cabal y eficaz.
La población LGBT de Colombia, es una de las mas numerosas de Suramérica, de hecho constituye la segunda mayor aglomeración en la región, después de Brasil. Se cree que cerca del 9.8% de la población del país es gay, y que aparte de ello crece de manera apresurada, aun mas rápido que la misma población del país.
Aunque la constitución del 1991 por primera vez acepto que todos los ciudadanos colombianos nacían libres y con el derecho a la expresión y a la autonomía de su personalidad, el Congreso Nacional ha sancionado negativamente cuatro veces el proyecto que legalizaría y reglamentaria la uniones de parejas homosexuales, y con esto cerrado la puerta a un eventual reconocimiento a la comunidad LGBT.
Básicamente el escepticismo es generalizado, sectores radicales y tradicionalmente católicos, ejercen aun una importante presión sobre los sectores políticos y gubernamentales en el país; la percepción puritana de una familia meramente heterosexual, aun impide la concepción de los homosexuales como seres capaces de formar hogares, convivir en localidades o trabajar honestamente.
El reconocimiento, la aceptación y la legalización de los matrimonios homosexuales, ya no es un problema de juicios, requisitos o de importancia, carece de voluntad política y apoyo ciudadano; la Corte constitucional ha sido un gran respaldo, pero evidentemente se requiere el compromiso de bancadas partidistas, sectores económicos y hasta del mismo presidente de la republica.
Fuente del artículo http://www.articulo.org/autores_perfil.php?autor=235
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Walter Surmay Bersinger - Valledupar, Colombia
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