La pequeña sala de la casa se encuentra invadida por los juguetes: cochecitos, trompo, resortera, canicas, pelota. El padre ha llegado hoy más que nunca con muy mal humor. Tropieza con uno de lo juguetes que por poco lo tumba. Es la gota que derrama el vaso:
- ¡Chamaco del demonio!… ¡cuántas veces te he dicho que recojas los benditos juguetes, pero parece ser que por un oído te entra y por el otro te sale!… pero la culpa la tengo yo por estarte alcahueteando… ¡no te escondas maldito escuincle!… ¡mira que donde te agarre te acordarás de mi toda la vida! Además, no me tienes contento diantre… vengo de la escuela de hablar con tu maestro y ya me dijo que si no te apuras vas a reprobar el año… ¿para eso me parto la madre?, todo el pinche día trabajando, para que el niñito se la pase huevoneando y jugando con sus amigos….¡pero ya vas a ver baboso!… si no sales de donde estás te va ir peor…¡eres un castigo de Dios…! ¡Sal de donde estés!… ¡ven para acá coño!… ¡Si no has conocido al Diablo… ahora sabrás quien es!… Nomás donde te encuentre no te la acabarás… al fin y al cabo en este momento no esta tu madre para defenderte. ¡Órale cabrón!… Este hijo de la tiznada… ya va a ver, canijo…
El aire de la casa se torna tenso, pesado, pareciera que hasta la paredes tiemblan ante la ira del padre. Verdaderamente se encuentra contrariado, sin poder contenerse, algo lo impulsa a seguir vomitando lo que trae, bajando ligeramente la voz, entra en un soliloquio: - Desde el principio todo ha salido mal… hace siete años todo era distinto… lo único que buscaba era seguir estudiando y en mis tiempos libres rolar con los amigos, disfrutar las cheves, estar en onda, ligar chamaconas… pero, ¡tuve la maldita suerte de encontrarme con esta pinche vieja!… ¡la muy estúpida se dejo embarazar!…. Que si no… eso si… cuando ella se entero de su chistecito se puso a llorarle a medio mundo… Mi padre, que nunca había mostrado interés en mis broncas por primera vez metió su cuchara… me obligo al casorio… bueno… también el acapulqueño de mi suegro me convenció de que tenía que casarme pa' hacerme responsable.- Realiza una inspiración profunda para seguir hablando…se: -¡Ah! Y como siempre el sentimentalismo de las mujeres… mi madre con aquello de: “Es tu sangre… sino te responsabilizas lo lamentaras, recuerda que la sangre llama”… y luego mi suegra: “¡Mal hombre, le robaste la inocencia a mi hija!”… que esto, que aquello… como si la muy cuzca no hubiese abierto las piernas… Bueno… Vieran el trabajo que costo pa' que me diera el chance… sin embargo cuando le dije que “la amaba con toda el alma”, me creyó, eso nunca falla… si tan solo la estúpida no hubiese tenido tanta caca en el cerebro, hubiera podido pensar en haberse inyectado o haber tragado la píldora, pero no… ahí salio con su tarugada del chiquito… desde entonces lo arruina todo.-
Algo le hace retomar la razón por la cual ha llegado a la casa, y vuelve a exclamar en alta voz: -¡Hijo de tu mal dormir!…¡entre más tardes en salir peor te va ir… no podrás sentarte en un mes!…- En tanto el niño que pareciera esconderse no sale a la orden del padre, la contrariedad lo introduce de nueva cuenta en su monólogo: -Es que a este desgraciado chamaco le gusta hacerme enojar. ¿Cómo quieren luego que uno trate bien a los hijos si son peor que la piel de judas? Nomás gano para enojos con este diantre. ¡Qué le cuesta portarse bien!… va muy mal en la escuela… puros seises… ha tenido la desfachatez de presumirme que ha sacado un ocho: “Mira papi, me pusieron ocho en matemáticas…”, ¿Cree que con eso me voy a contentar?, así que he tenido que decirle: Pura chiripa …. Tú nunca podrás sacar diez.- Da explicaciones al aire, aunque pareciera que trata de entender algo dentro de si: -La verdad me toco un hijo muy peneque… es mi cruz. Lo peor es que no puedo hacerle ni decirle nada porque luego luego entra su madre a defenderlo: “que lo vas a traumar…. Que le vas a afectar sus sentimientos, que no se tratarlo…” Puras pendejadas… mi padre me decía cosas peores y a mi no me paso nada… al contrario… le agradezco que me haya enseñado a ser hombre de trabajo. Ahora con esas estupideces que dicen quesque los psicólogos, que no hay que pegarle a los niños porque salen afectados… Más pendejadas… lo único que se consigue con esos consejos es que los chamacos de hoy en día estén más mal educados que nunca… no saben respetar la autoridad.-
Si, eso es, el niño reta su autoridad, tiene que demostrar quién es el que manda, para eso están los gritos: -¡Demonios carajo!... ¿Piensas que soy tu juguete cabrón? ¡Sal de donde estés que de todos modos te voy a partir tu pinche suerte!…- Su respiración se agita,.. entra incesante a su dialogo… a su forma de justificarse: -Es que los chamacos de hoy en día no se contentan con nada… trabajo de sol a sol pa' que no le falte algo que llevarse a boca, tiene ropa todos los días, tiene sus útiles escolares, que carajo quiere este demontre… Tengo que hablar con su madre para que hagamos algo pa' componer el asunto… luego no quiero que digan que el hijo de Don Gustavo es un bueno para nada… Nomás le daré chance un año más… si no lo aprovecha le diré a mi hermano que lo meta al taller. Si no tiene cholla para los estudios, cuando menos que tenga huevos para el trabajo. Si tan solo me hubiera tocado las facilidades que Tavito tiene hoy día, otro hubiese sido mi cantar. En fin, lo importante es que se convierta en hombre… ¡ay de él si me llega a salir con alguna mariconada!. Ojala la vieja no se oponga… porque si lo hace, peor para ella-.
Ante la tardanza en salir, el padre empieza a buscar en la casa sin dejar de gritar: -¡Tavo! No te escondas perro… ¡ora sí no haces ruidos verdad!, ¡pero cuando vengo cansado y quiero quietud… ahí estas friega y friega!…. ¡Que papá esto, que papá aquello!… ¿piensas que la vida es puro juego?… ¡pues no!…. ¡La vida es dura… y te enseña a golpes y patadas!… ¡ya vas a saber lo que es amar a Dios en tierra de indios!…
Llega al cuarto del hijo, cuya puerta es una cortina, lo llama con voz fuerte: -¡Tavo ya no te escondas!… ¡Nomás te voy a dar una garrotiza…!- Abre la cortina, se detiene en seco, para su respiración, pone ojos de asombro: -¡¿Qué hiciste chamaco?!...- unos segundos de silencio invaden la habitación: -¡No es posible…!... Hijo… ¡Que hiciste! ¡¿Porqué?...-Siente que se ahoga, se acerca al cuerpo suspendido:- ¡Vamos campeón!… ¡No me hagas esto!… ¡Auxilio!… ¡un doctor!… ¡mi hijo esta colgado!… Tavo… Tavito….- El padre llora por vez primera delante de su Hijo: ¡No, por favor!… Dios mío ¿Porqué?... Hijo mío, no te mueras…¡Perdoname!- Cuanto querría Gustavo que ese instante fuese un mal sueño, solo una pesadilla… sin embargo, el escenario muestra a un padre con el cuerpo de un niño que ya no tiene aliento de vida.
Autor: Rommel Sierra Zavala. Derechos de Autor 2007.
Dos puntos que se encuentran: la violencia intrafamiliar y la conformación de la autoestima con energía tanathos. La narración muestra diálogos cotidianos, que por fortuna no siempre terminan en suicidio. Ciertamente cada ofensa, grito, insulto, golpe, son semillas de cizaña que derivan en una serie de minas que explotan en diversos conflictos, causando daños de grandes dimensiones: inseguridad, ansiedad, depresión, auto rechazo. Los que caminan con estas heridas, tropiezan, sabotean sus proyectos. La terapia viene enontonces a constituirse en gran medida en un taller de reparación para resarcir el alma lastimada. Brinda un espacio de aceptación, que es uno de los cimientos vitales que se pierden cuando la humillación cual golpe de huracán, destruye lo que hay a su paso. Aceptación plena, escucha y acompañamiento. Es permitir que esa voz que fue doblegada, apagada por el abuso de poder, surja, de manera protegida, mas allá de los introyectos sociales, culturales que protegen a los victimarios por el hecho de llamarse padre, madre, abuelo, figuras de supuesta autoridad… es una voz que cuando logra expresarse, aligera la pesada carga.
Vaya entonces este texto con el afán de invitar a cada lector a trabajar en dos vías: la reparación de la propia autoestima y la segunda, una vez que se experimenta la recuperación de “mi valor”, ayudar a otros a recuperarse. Implica transmitir un mensaje que ponga alto a una maldición generacional, un mensaje que vaya tijereteando el ciclo de la violencia, para que ya no se reproduzca. Evidentemente implica enfrentar y en ocasiones revivir el dolor, ciertamente no es tarea fácil… aquel que la emprenda obtendrá una medalla, una copa de campeón que permitirá decir: ¡Que suerte he tenido de nacer! Las vías de sanación quizás impliquen un proceso psicoterapéutico, y un proceso espiritual que me permita reconocer que no estoy solo en este mundo, que hay un motivo, un propósito en la vida. Lo importante es dar los primeros pasos.
Con amor fraternal:
Rommel Sierra Zavala
rommel104@hotmail.com
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