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martes 26 de marzo del 2019
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Amor ordenado

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Ser católico en realidad, no es tan fácil que digamos; aun para los propios católicos, les es un poco difícil practicar su fe (me incluyo). Cuando se llega a conocer verdaderamente todo lo que encierra este término, y se profundiza en la doctrina cristiano católica, hay situaciones y comportamientos que se deben respetar al milímetro, si es que se quiere ser en realidad un “perfecto católico”, o llegar a ser un ascético (persona que se dedica a la práctica y ejercicios de la perfección espiritual y lleva una vida modesta y sobria).

Hay una situación, un poco contradictoria todavía para algunos católicos practicantes, que no se llega a aceptar del todo, pero que es cierta, y es la referente a las prioridades en el amor. Las etapas de vida en el ser humano, (que se presentan desde la niñez, hasta la ancianidad), pasan por diferentes momentos. En todas estas etapas aprendemos a ser: hijos, hermanos, amigos, esposos, padres y abuelos (salvo error u omisión).

Quiero centrar mi apreciación en uno de estos momentos: Esposos o cónyuges. Para algunas personas es difícil aceptar esto. Si bien es cierto que los cariños son diferentes, en este caso se tienen que ordenar los afectos para que no haya problemas futuros. Para el esposo o esposa, primero es el amor a Dios, luego el amor al cónyuge, después el amor a los hijos, seguidamente el amor a los padres, continua a los hermanos y demás familiares. (Siempre cuando hago este tipo de apreciaciones, pido al que me escucha, consulte con un sacerdote, para verificar lo que digo).

Aún, no se puede aceptar que para el esposo o esposa primero sea el amor a Dios y después al cónyuge. También algunos esposos piensan que primero es el amor a los hijos y después al esposo o esposa. Algunos esposos piensan que primero es su madre y después su esposa; esto es mas duro de aceptar. A su vez se piensa, que para una esposa primero es su madre o padre y después su esposo. La Ley de Dios, que a su vez, es la ley de la Iglesia y por lógica también es una ley natural; es sabia, porque ordena nuestros afectos, para que todo en la vida se desarrolle con normalidad y tranquilidad. Si toda pareja al casarse tuviera presente estos principios, no abría tantas separaciones ni divorcios.

Algunos dirán que para el amor no deben existir leyes, pero creo se debe tener en cuenta esto, porque sino estaríamos acomodando todos los aspectos de nuestra vida, a lo que nos conviene aceptar. Es por este motivo, que se llega a creer en un amor libre, donde todo puede ser permitido, y se viola toda ley natural.

Y eso no es todo. Lo que voy a decir a continuación, todavía es mas duro de aceptar. En nuestra Iglesia cristiano católica solo se pueden permitir dos estados de vida: Vida de cónyuges casados como Dios manda, o, Vida consagrada a Dios. No hay estado intermedio. (Consultar para verificar esta afirmación).

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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