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sábado 06 de junio del 2020
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El corazón de la razón

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Dar de sí es lo que mueve a las personas de buen corazón. Pero ¿debemos tener sólo corazón o quizá la razón debe complementarlo? Yo creo que sí.

Muchas veces pensamos y queremos tantas cosas, y aquí viene lo importante: ¿lo podemos hacer? ¿cómo lo haremos? ¿estará de acuerdo con lo que supone nuestro bienestar? ...y muchas otras interrogantes que lo debe analizar la razón, porque a pesar de que pueda aparentar absurdo, es lo que asegura nuestro equilibrio y procura nuestra salud integral (psicológica, física, sentimental, etc.).

Cuando uno camina por la senda de la vida, concientemente y con el buen propósito de hacer siempre el bien, no faltan las contrariedades y situaciones nada buenas, que muchas veces nos hacen daño, y si la razón no estuviera atenta nos traería abajo no sólo nuestro entusiasmo sino también nuestros buenos propósitos.

Y es más, luego de haber pasado un momento triste o doloroso, es la razón la que nos conduce nuevamente al encuentro de nuestro origen interno, y sacar desde lo profundo aquello que es nuestra base y soporte fiel, algunos le llaman principios, otros valores, pero para el caso es todo ese conjunto de mixturas que nos hacen ser quienes somos y quienes deseamos ser.

Entonces, cuando algo adverso sucede en nuestra vida, no debemos dejar que la situación se apodere de nosotros sino más bien sacar todo ese cúmulo de soporte que nos permita encumbrarnos y salir victoriosos, conociéndonos y queriéndonos, como debe ser.

Con esto no quiero decir tampoco que no hagamos caso a los susurros del corazón, de hecho que es importantísimo. Ya lo referí anteriormente, es nuestra esencia natural de la cual brota todo lo bueno, lo maravilloso, lo especial.

Razón y corazón, ambos deben coexistir siempre para bien nuestro. A veces no es así y nos damos cuenta porque "algo" no marcha bien. Está en nosotros mismos el analizar y dar equilibrio a esa singular relación.

Si nosotros deseamos algo bueno, hagámoslo. Pero si nos sentimos presionados y eventualmente agredidos en nuestro ser, debemos poner nuestra confianza en ambos: razón y corazón, a fin de encontrar la mejor respuesta y solución, porque después de todo, tenemos derecho a vivir bien, con la alegría y entusiasmo que caracteriza o debe caracterizar a todo ser humano. Todos tenemos derecho a ser felices.

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Acerca del autor

Darío Enrique

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