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sábado 14 de diciembre del 2019
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¿Dónde está Dios?

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¿Pasa usted por un momento tétrico en su vida y se pregunta dónde está Dios?  ¿Los problemas económicos le agobian sin compasión, aun después de pedirle tato a Dios que le ayude?  ¿Está usted padeciendo de alguna enfermedad que lo ha dejado sin esperanza?  ¿Es usted de aquellos que simplemente niegan sistemáticamente la existencia del Creador porque ello no concuerda con su lógica?  ¿A toda hora duda de la existencia de Dios porque no lo ve, no lo palpa, no lo oye, no lo siente?  ¿Es usted de aquellos que no encuentra lógica la existencia de Dios dados tantos sucesos dolorosos que aquejan al mundo?  ¿Cree que Dios es un ser mítico lejano de su vida y la de su familia?  ¿Cree que Dios sí existe pero que no está interesado en usted?  ¿Ha vivido su vida sin que le haya importado mucho si hay o no Dios?  ¿Se pregunta muchas veces que si Dios existe por qué no interviene en tantas circunstancias injustas para usted?  ¿Se pregunta dónde está Dios ahora mismo?

Usted no está leyendo esto por pura coincidencia.  No tiene en la mano este folleto por causalidad porque le cuento que esto fue escrito por una persona como usted para personas como usted.

Muchísimos, algún día, nos hemos hecho a nosotros mismos, o hemos hecho a otros, preguntas como las de arriba y varias más.  Pero voy a empezar por lo malo del asunto primero: con seguridad Dios no va a bajar en persona para dejarle en claro que El sí existe y poner todas las cosas en su lugar en todas las áreas de su vida.  ¿Sabe por qué Dios no va a hacer eso?  No es porque El no exista.  No es porque sea tan desalmado que no le importe lo que pasa en su vida.  No es porque El sea un Dios que no interviene en nada.  No es porque esté ocupado en otros asuntos o haya desaparecido o esté enfermo.  Nada de eso.

¡Es simplemente porque El ya lo hizo!

En el pasado, Dios habló muchas veces y de diferentes maneras por medio de personas y de muchas otras maneras y últimamente Dios nos ha hablado de nuevo a través de su Hijo.  Él creó todo el universo por medio de su Hijo, a quien escogió para que fuera dueño de todo lo que existe.  El Hijo muestra la grandeza de Dios; es la imagen perfecta de todo lo que Dios es, sostiene todo el universo por medio de su poderosa palabra, nos limpió de nuestros pecados y después se sentó a la derecha del trono de Dios en el cielo.[1]

Ese Hijo ha existido por siempre, desde siempre y para siempre.  Era el mismo “Verbo” que estaba al inicio, que estaba con Dios y que era Dios y que siempre ha sido Dios.[2] Es ese que usted ha oído nombrar muchas veces como Jesús o Cristo o Jesucristo o el Mesías, pero al cual nunca ha prestado atención o por lo menos no le ha prestado la atención que El siempre ha estado esperando de usted.

Dios ya vino, se acercó a nosotros de una manera preciosa, se hizo carne, se hizo hombre y habitó entre nosotros[3] en la persona de su Hijo Jesucristo, el infinito Dios-Hombre.  Pronunció las palabras más hermosas y recordadas de todas las épocas, hizo los milagros más extraordinarios, vivió la vida más ejemplar, fue el más santo, más noble, más misericordioso, más sabio, más inteligente, más influenciado por los más altos propósitos, más impecable, enseñó las mejores cosas que cualquier hombre puede aprender, pasó a la historia como el hombre más importante de todos los tiempos.  El tuvo un solo propósito para hacerse carne y habitar entre nosotros, para morir en esa cruz del Calvario por mi y por usted, en el lugar mío y en el suyo y para resucitar de entre los muertos: ¡SALVARNOS!

Estuvo aquí, brillando con una luz indescriptible e irrepetible con el único fin de ir a esa horrible cruz de madera para pagar por todo lo que nosotros hemos hecho contra Él.  El, que no pecó, murió como el peor pecador, pues decidió por sí mismo remplazarnos a mí y a usted, quienes somos los que merecemos esa muerte por nuestras ofensas contra ÉL.  Dio su propia vida en un acto de Amor sublime y eterno por usted y por mí.  Antes de morir pronunció la palabra “tetelestai” que significa “todo está pagado”.  Después de morir fue enterrado, tal y como lo dice una de las más de 333 profecías acerca de Él en el Antiguo Testamento (que a propósito se terminó de escribir 400 años antes de Su nacimiento), en una tumba para ricos de propiedad de José de Arimatea, pero milagrosamente resucitó al tercer día[4], pasó cuarenta días más en medio de sus discípulos[5], ascendió al cielo ante la mirada atónita de muchos[6] y volverá cuando menos lo pensemos[7].

Aquí está la verdadera respuesta.  Dios existe[8], es un ser real, es el mismo ayer, hoy y por los siglos de los siglos[9].  Lo que pasa es que usted sencillamente no lo ha visto ni lo ha conocido porque usted no ha querido, o porque no sabe cómo acercarse a El o cómo tener una relación con EL de la manera en que a El le gusta.

Para ello el propio Jesús dijo que uno solamente necesita nacer de nuevo.

«Había un hombre que se llamaba Nicodemo, dice el Evangelio de Juan, Capítulo 3, del versículo 1 al 7, era de los fariseos y líder importante de los judíos.  Una noche fue a donde estaba Jesús y le dijo: -Maestro, nosotros sabemos que Dios te envió a enseñarnos porque nadie sin la ayuda de Dios puede hacer los milagros que tú haces.  Jesús le respondió: -Te digo la verdad: el que no nace de nuevo, no puede tener parte en el reino de Dios.  Nicodemo le dijo: -Pero si uno ya es viejo, ¿cómo puede nacer de nuevo? ¿Acaso puede entrar dentro de su mamá y nacer otra vez?  Jesús respondió: -Te digo la verdad: uno tiene que nacer del agua y del Espíritu.  Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar al reino de Dios.  El cuerpo de uno viene de los padres, pero la vida espiritual nace del Espíritu.  No te sorprendas si te digo: 'Ustedes deben nacer de nuevo'.»

Observe que Jesús dice “Te digo la verdad” y en otras versiones de la Biblia dice “de verdad, de verdad te digo” para luego afirmar que si uno no nace de nuevo (en otras versiones dice que si uno no nace de lo alto) no puede ver el reino de Dios.  Y el mismo Jesús explica este concepto ante la contrarréplica un poco necia de Nicodemo cuando pidió que le explicara cómo era eso de que tenía que entrar en el vientre de su madre para nacer de nuevo.  El Maestro le dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (note también que el primer “Espíritu” o aquel del que se predica que engendra, está escrito con “E” mayúscula porque se refiere al Espíritu Santo, y el segundo, el engendrado, está escrito con “e” minúscula.

Todo ello llamó poderosamente la atención de Nicodemo hasta el punto que se mostró muy interesado y preguntó “¿cómo es posible que esto suceda?”.  Entonces Jesús le da una maravillosa explicación sobre la cual vale la pena reflexionar porque eso mismo le dice a usted y a toda la humanidad.

“¿Eres tú un maestro importante del pueblo de Dios y sin embargo no lo entiendes?  Te digo la verdad: nosotros hablamos de lo que sabemos.  Contamos lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan lo que decimos.  Les he hablado sobre lo que ocurre aquí en la tierra y ustedes no creen.  Entonces, ¿cómo van a creer si les hablo de lo que ocurre en el cielo?  El único que ha subido al cielo es el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.  Moisés levantó una serpiente de metal en el desierto, así que tiene que pasar lo mismo con el Hijo del hombre: el Hijo del hombre también será levantado.  Así todo el que crea (ponga su entera confianza) en el Hijo del hombre tendrá vida eterna.  Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.”

En otras palabras Jesús le dijo que El conocía las cosas del cielo muy bien porque procedía de allí pero que era muy consciente de que si le hablaba de ello Nicodemo seguramente no le pararía bolas ni le creería, pero siguió dándole la clave de toda la salvación.  Le dijo, en metáfora, que El tendría que morir levantado (crucificado), pero que precisamente porque en ese acto se condensaba la salvación de la humanidad, todo el que creyera en Aquel que entregó su vida con amor para ser crucificado y el cual resucitó a los tres días tendría vida eterna porque esa era la salvación: poner toda nuestra confianza en Jesús quien murió por nosotros y quien vive para siempre, arrepintiéndonos y separándonos de nuestros pecados.

Ahora bien, si Jesús es quien dice ser, si El es Dios como ciertamente lo es (“En el principio ya existía el Verbo,y el Verbo estaba con Dios,y el Verbo era Dios” –Juan 1: 1), ¿no le parece que lo más lógico y lo mejor para usted sería entregarle su vida, dejarlo entrar en su corazón como su Unico y Suficiente Dios, como Dios resucitado y vivo, aceptando el regalo maravilloso de la vida eterna que El le ofrece diariamente y arrepintiéndose de todo lo que ha hecho usted que le desagrada a Él?  Pregúntese allá en su aposento, a solas, si su vida ha valido la pena, si su vida tiene sentido, si su vida tiene propósito, si usted realmente es feliz.  Si alguna de esas respuestas es no, atrévase a hacer algo diferente, ¡atrévase a ensayar a Jesús!  Usted seguramente ha probado con muchas cosas y no le han funcionado. Seguramente usted ha recorrido todos los caminos desviados y ellos no lo han llevado a ser feliz.  Jesús es el único camino, la única verdad y la única vida y nadie llega al Padre sino a través de Él (Juan 14: 6).  Jesús no es una manera de vivir sino ¡la única manera de vivir!  Aproveche este tiempo para reconocer a Jesús como su Salvador personal.  Usted No necesita fórmulas solemnes o formales.  No necesita un sitio determinado, lo puede hacer donde quiera.  No es un asunto de religión pues la religión no salva.  La Biblia dice que “quien confesare con su boca que Jesús es el Señor y creyere en su corazón que Dios le resucitó de entre los muertos será salvo” (Romanos 10: 9-10) . Lo que El quiere es sencillamente que usted le diga con sus propias palabras que acepta a Jesús como Señor y que en su corazón crea que Jesús resucitó y que vive para siempre y que usted lo deja entrar en su corazón y en su vida para que la restaure y la cambie, arrepintiéndose de sus pecados.  Si no lo ha hecho aun, atrévase a hacerlo con sinceridad y conozca ese Jesús que está siempre dispuesto a hacer cosas maravillosas y milagrosas en su vida, a ese Jesús que tiene para usted cosas que ningún ojo ha visto, ni ningún oído ha escuchado ni ninguna mente ha concebido[10] y que serán suyas con la sola condición de que le ame sobre todas las cosas.  Si lo quiere hacer ya mismo, sólo dígale a EL, en voz audible, la siguiente oración: “Maravilloso Jesús: Te acepto en mi corazón como mi Señor y Salvador, como mi único Dios resucitado y vivo. Acepto, Jesús, el regalo hermoso de la vida eterna que me ofreces.  Me rindo a ti. Confieso con mis labios que Tú eres el Señor y creo en mi corazón que Dios te levantó de entre los muertos.  Me someto a Tu Palabra y te pido que gobiernes de ahora en adelante mi vida. Me arrepiento con sinceridad de todos mis pecados, de todo lo que he hecho contra ti, de todo lo que he hecho que te desagrada.  Gracias por tu perdón y tu perfecto Amor.  En el nombre poderoso de Jesús. Amén”.

Sólo a partir de ahora usted ha entrado al grupo extraordinario de los hijos de Dios[11] y puede usar efectivamente los cinco medios para crecer espiritualmente: leer la Biblia, Orar, Congregarse en una Iglesia, Alabar a Dios y dar testimonio a otros de lo que El ha hecho en su vida.  A partir de ahora usted es una nueva criatura, las cosas viejas pasaron y todas serán hechas nuevas[12]. A partir de ahora usted no solamente sabrá dónde está Dios sino que lo aprenderá a amar con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas.

Bogotá, enero de 2010

[1] Hebreos 1: 1-3

[2] Juan 1: 1

[3] Juan 1: 14

[4] Lucas 24: 1-7

[5] Hechos 1: 3

[6] Hechos 1: 9-11

[7] Lucas 17: 22 y ss

[8] Salmo 14: 1

[9] Hebreos 13: 8

[10] 1 Corintios 2: 9

[11] Juan 1: 12

[12] 2 Corintios 5: 17

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Acerca del autor

Carlos Mauricio Iriarte Barrios http://carlosmauricioiriarte.blogspot.com

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