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domingo 24 de marzo del 2019
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Testimonios de pastoral tercera parte

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Participando en el coro “parroquial “, descubrí que existían rivalidades y conflictos con los otros coros, ya que no se tomaba conciencia de que el servicio era el mismo para todos y no cabía pensar que algunos de ellos era el principal o parroquial. Solamente quedaba la idea de que el coro fundador de la parroquia era el principal y el parroquial, por ser el que comenzó ofreciendo su servicio a las doce del día.

 Descubrí también, algo lógico y válido   dentro de los coros. La participación en las misas principales tanto las de Semana Santa como las de Navidad, era un premio para los jóvenes,  que por selección necesaria participaban en dichas misas. Entonces esta selección era vital, tanto musical como espiritual. Los integrantes tenían que haber demostrado durante todo el año una asistencia y comportamiento no digamos excelente, sino más bien  comprometidos con la Iglesia.

 Pienso que es necesario que comience hacer un comentario  a título personal y muy subjetivo si  se quiere decir, pero solamente lo hago con la voluntad de mostrar algo a las personas que deseen pertenecer a un grupo parroquial dentro de nuestra Iglesia, y más que nada a los jóvenes.   Es cierto que la Iglesia necesita de más personas comprometidas en las pastorales, pero uno no puede hacer lo que le venga en gana y querer distorsionar todo lo referente a disciplina y cumplimiento de algunas normas dentro de la Iglesia

Mi participación en el coro de las 12 del día, también consistía en asistir a los ensayos semanales que se realizaban los días sábados a las 6 de la tarde en un salón de la parroquia, fue así que en un ensayo se dio un aviso para conocimiento de todos los integrantes.  El aviso lo dio el director del coro que era en ese entonces Juan Carlos Medina hijo.  Para el conocimiento de todos se dio lectura de unas cartas que el director anterior le hacía llegar al Padre Eddy. En dichas cartas se  insultaba al Padre y, a parte de la feligresía y personas comprometidas con pastorales.

 Mi esposa y yo, ya conocíamos a dicha persona de vista, porque antes de pertenecer al coro y asistiendo de vez en cuando a la misa de doce del día, lo habíamos visto dirigiendo el coro. Mi sorpresa y admiración era la lógica, no me cabía en la cabeza que alguien dentro de la parroquia se pudiera expresar de esa manera de un sacerdote.

 Es por eso que mi reflexión me lleva a pensar y preguntarme: ¿hasta qué punto uno puede dar o hacer un comentario, crítico acerca de los acontecimientos dentro de nuestra Iglesia? ¿O es que no existe un respeto para quien recibe el Orden Sagrado, y que ya por ser persona, merece respeto?

Después que terminó el ensayo, me acerqué a preguntarle a Juan Carlos, sobre este director anterior, y me contó muchas cosas más acerca de su comportamiento.

Si él lo deseaba no cantaba y no dirigía el coro, y nadie podía cantar. Dejaba a la misa de doce del día sin coro. Qué lástima que teniendo tanto poder de liderazgo y convocatoria  no  haya sabido usarlo para bien, tan es así que el día que renunció se fue con más de la mitad del coro.

 Pero el tiempo pasó, y después regresó con su coro, porque según él era su coro y no el del servicio a la parroquia, y para desorganizar todo lo referentes a coros dentro de la parroquia, ya que luego se sentía con derecho a participar en las misas principales.

¿Puedo yo, salirme de la parroquia, renegando de los sacerdotes, llevarme parte de un coro, sabiendo que no es mío porque pertenece a Dios, luego regresar, y querer desorganizar todo lo que ya está organizado?

 Siempre insistiré de una manera categórica, que el ejemplo es muy importante y en este caso mucho más. ¿Qué pudieron haber aprendido de este director de coro los integrantes que se fueron con él?   El daño ya estaba hecho.

 El Consejo Parroquial de aquellos días, consistía en la participación de un representante de cada pastoral, con el Párroco a la cabeza. Este Consejo tenía un presidente, un vicepresidente, y un secretario o secretaria. Cada coro tenía su representante en este consejo, y como es de suponer a la llegada de nuestro director con su coro, también tenía un lugar en dicho Consejo. En la agenda de ese día en la reunión de Consejo, el punto principal era elegir o designar el coro que cantaría en las misas de Semana Santa. Después de muchas discusiones se acordó que en la misa del jueves Santo cantaría el coro de las doce del día, y en la misa de Sábado de Gloria cantaría el coro de nuestro director en mención que nada menos era el señor Franco Farfán y su coro “voces del cielo”. Y así de esta manera todos quedarían en paz.

 En nuestra Parroquia, como todas y como es natural cada cierto tiempo se cambia de Párroco, y en esta ocasión nos tocó asistir y presenciar ese cambio. Nuestro Párroco el Padre Valentín Guerenabarrena, dejaba el cargo y en su lugar estaría el Padre Luis Elordi.

 Siempre nosotros en la Iglesia tenemos la esperanza de ver  recapacitar a las personas que han cometido errores en su vida. Enmendar estos errores, y cambiar de aptitud, cosa que a cualquiera de nosotros nos puede  pasar.  En el caso del Sr. Franco Farfán no fue así.  En agradecimiento por haberlo dejado participar en una de las misas principales de Semana Santa, envió unos correos electrónicos, tanto como para miembros responsables de pastoral, como también al mismo Párroco, insultando y agrediendo verbalmente a todos.  Volvió a caer en el mismo error.

 Faltaban pocos meses para la navidad, y nuevamente se tendría que entrar en discusiones para ver que coro sería el responsable de animar la Misa de Gallo. Esta decisión se tomó en el Consejo Parroquial, y fue que todos los coros se debían unir, y entre sus directores, uno de ellos debería ser el responsable de dirigir esta unión.

 El tema del perdón en la doctrina de nuestra Iglesia Católica, creo que está un poco laxado, se cree que perdonar es olvidar y dejar pasar por alto las equivocaciones y errores que podemos cometer. El perdón no significa dejar de corregir.  Todos nos podemos equivocar, y caer en contradicción con respecto a lo que predicamos, y tenemos a nuestro lado a un amigo que nos cuestiona e interpela diciéndonos: “espérate un momento, lo que estás haciendo y diciendo está mal, no sigas cometiendo ese error,  cambia de aptitud por el bien de la Iglesia”.

 Nos reunimos varias veces con los integrantes de los otros coros, para elegir a la persona que sería responsable de dirigir a todos, y para esto yo di mi opinión acerca del Sr. Franco Farfán, no podía quedarme callado, y dejar de mencionar todo lo malo que veía en él.

 Llegó el día de decidir quién dirigiría ese coro, y todavía no se había designado de entre nosotros quien sería. Se reunió el Consejo Parroquial  con la asistencia también como es  lógico de cada representante o director de cada coro. Como no habíamos llegado todavía a tomar una decisión, se propuso que pasáramos a un saloncito contiguo a tomar de una vez la decisión.

 La reunión en el “saloncito contiguo” se desarrolló de la siguiente manera: 1.- Ángel, representaba al coro de las 7.30 de la noche, llamado también “coro juvenil”.   2.- Cristian, representante del coro de niños. 3.- Franco, representante del coro de las 6.00 de la tarde con su coro “voces del cielo”.  4.- y un humilde servidor “el que escribe estas líneas”, representante del coro de las 12 del día, llamado también coro Parroquial de Cristo Rey.

 Se decidió que cada uno de nosotros diera su plan de trabajo rápidamente, (ensayos, repertorio, etc.),   al final se puso a votación.  Ángel votó por Franco., Cristian votó por Franco, Franco votó por si mismo, y yo vote por Ángel.

En lo particular pienso que esta decisión se debió tomar en Consejo y no dejar que se produjera este amago de elección ya que era obvio lo que iba a suceder.

 Hubo un momento curioso y que nunca podré olvidar de esta reunión. Ángel y Cristian propusieron que Franco dirigiera conmigo, yo no acepte, Franco pensó que yo dudaba de sus habilidades musicales, lo cual no era así.   Le dije que no me parecía bien, y que el no se merecía dirigir el coro,  en un día tan especial, por su comportamiento anterior.  Pero le propuse: “si dirijo contigo, tienes que acatar lo que te diga, y lo más importante, tienes que cambiar tu comportamiento. En otras palabras  tienes que portarte bien”, su respuesta fue la siguiente: “¡ah no!, Entonces dirijo solo.

 Una vez más se tomaba una decisión en la Parroquia, que a mi modo de ver las cosas, dañaban la imagen y modelo a seguir, con esta decisión y repito “a mi modo de ver”, se justificaba la acción negativa de un agente  pastoral.

 Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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