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sábado 29 de febrero del 2020
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Salvemos la Producción Nacional

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Las Secuelas del Ataque Estadinense

Durante decenios los mandatarios colombianos han venido, de una parte, diluyendo el apoyo a la actividad productiva de los estratos empresariales y, de la otra, buscando arrebatarles a las masas laboriosas los contados derechos y conquistas obtenidos en incesante batallar. Conforme a sus escrúpulos, astucias u oportunidades los gobiernos han corrido con mayor o menor suerte en semejante propósito. Pero el actual batió todas las marcas. En prontitud, porque en medio año le puso piso legal al conjunto de sus garrafales intenciones. En extensión, porque las enmiendas abarcan los más variados y sensibles tópicos de la vida del país. En profundidad, porque pocas veces el zarpazo fue tan desgarrador. En frescura, porque se recurre a cualquier arbitrio, igual a la pérfida asistencia de los victoriosos invasores del Medio Oriente que a la sumisión prometedora de los asaltantes del Palacio de Justicia.

Sin embargo, la cuestión no será coser y cantar, para decirlo sin estridencias. Así como el régimen no consulta a los damnificados al adoptar sus determinaciones, éstos tampoco lo consultarán al definir las suyas. En los últimos días se ha escuchado otra tonada, la del descontento, a cada instante más sonora, y con la característica de que involucra a casi todos los integrantes del concierto social. La carta de la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, con fecha del pasado 28 de febrero y remitida, y además del Secretario de la Presidencia , a los ministros de Relaciones Exteriores, Hacienda y Desarrollo, da una idea clara, precisa, de cuántos temores generan los alegres argumentos y las medidas fulminantes de la nueva administración.

Aun cuando esto ocurre a los cinco meses de que los presidentes de México, Venezuela y Colombia rubricaran en Nueva York, el emporio del imperio, la avenencia de libre intercambio comercial, y harto después de promulgada la racha de reformas regresivas de fines de 1990, el pronunciamiento patentiza una de las múltiples impugnaciones al proceso que se lleva a cabo de total y precipitada anexión económica de América Latina por los Estados Unidos. No sabemos hasta dónde llegue la conciencia de los gremios al respecto, o si estén decididos a defender consecuentemente su patrimonio y el de la nación, pero la misiva recoge verdades de a puño. Advierte cómo la apertura entronizada, el intempestivo avivamiento de la integración andina y el Grupo de los Tres ahora, implican un abrupto abandono de las reglas de juego y dejan montada la escopeta de una aleve encerrona hacia el futuro. Fuera de eso, denuncia que los pasos mencionados no sólo carecen de justificación, sino de investigaciones que los ilustren. Mas no podría, ciertamente, redactarse estudios para tales cometidos, por lo menos con rigor científico, puesto que las desgravaciones y los mercados sin fronteras se implantan en el peor momento, cuando la desaceleración del engranaje productivo lleva varios años; las exportaciones afrontan no pocos obstáculos; el hato ganadero está en extinción; el agro no logra reponer a tiempo los equipos, adecuar las tierras y sustituir las tecnologías anticuadas; los cultivos transitorios tiran a contraerse; la actividad edificadora sigue declinando; las flotas de los "cielos y mares abiertos" registran pérdidas multimillonarias, y el desempleo cunde en barriadas y veredas. En las cuentas nacionales correspondientes a la vigencia anterior, elaboradas por el Dane, la memoria estadística del régimen, el auge de la economía recibió un escaso 3.5%, mientras que los encuestadores aspiraban a cotas más altas, a sabiendas de que 1989 tampoco había sido un año bueno; y para 1991, Fedesarrollo, una fundación paragubernamental, vaticina apenas el 2%, con bajas apreciables en las cifras de la industria y la inversión privada.

Asimismo los voceros de la Asociación sostienen en su mensaje que las contradicciones se tornarán, por añadidura, de imposible manejo, si se mira la devastadora incidencia de los galpones de ensamblaje, las celebérrimas maquilas, o maquiladoras, y en concreto, las esparcidas a lo largo de la línea limítrofe del norte de México y resguardadas tras las patentes de los trusts americanos, un desafío ante el cual nuestro desenvolvimiento electrónico, automotriz y metalmecánico, entre otros, se verá disminuido. En relación con Venezuela también vislumbran riesgos de competencia no despreciables para los intereses de Colombia, debido a los costos de importación de las materias primas y de los bienes de capital. Señalan igualmente que se han establecido fechas de cumplimiento de los protocolos sin haberse dispuesto los mecanismos, ni dilucidado las pautas sobre el origen de los productos, ni las cláusulas de salvaguardia, ni el funcionamiento de las listas de excepciones. Y de contera ponen al desnudo el proceder arbitrario de las autoridades, pues los compromisos pactados, pese a su importancia y trascendencia, no fueron ni siquiera leídos ante los representantes de los productores, la fuerza más interesada y ducha en el vital asunto.

De la misma manera como la apertura tiene su historia zigzagueante y ha sido implantada gota a gota, en un lapso mayor de lo que muchos se imaginan, la actitud de los empresarios ha fluctuado al vaivén de las sorpresas, no obstante andar persuadidos de que aquélla obedece a los requerimientos ineludibles del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, a los cuales las repúblicas atrasadas y dependientes se encuentran sin remedio uncidas por deudas enormes. Ojalá la mencionada comunicación refleje a plenitud el pensamiento de los fabricantes colombianos y repercuta correspondientemente. Fue suscrita por Fabio Echeverri Correa, quien quedara entre Escila y Caribdis en las desapacibles polémicas sobre la "internacionalización de la economía" que antecedieron a su renuncia a la ANDI , obligado con frecuencia a saltar del combate al acatamiento; una de las tantas repercusiones de los enfoques contrapuestos entre dos bandos de la burguesía productora: el que rechaza la liberalización, dado que ocasiona perjuicios ostensibles, y el que la admite, por creerla aprovechable, o por gozar actualmente en el extranjero de compradores más o menos fijos para sus existencias. De cualquier forma, tarde que temprano las decepciones o las bancarrotas lanzarán a la palestra a cuantos tengan algo que perder con la postración del Continente.

Desde la época de los realinderamientos de Bretton Woods, detrás de los máximos organismos rectores de las finanzas mundiales se han movido particularmente los banqueros de la metrópoli americana, que no cesan de requerir, ante los países entrampados, franquicias para sus caudales y mercancías, o devaluaciones, recortes en los gastos, espíritu ahorrativo, a fin de que les cancelen los débitos con desahogo y puntualidad. En favor de esta solvencia de pagos, al gobierno colombiano le exigen encima que deponga responsabilidades, desista de emitir circulante inflacionario y renuncie, una por una, a sus atribuciones reguladoras, comprendido cuanto concierne al manejo del peso, que antes de 1963 le correspondía a la junta directiva del Banco de la República , de influencia notoriamente privada, y desde entonces, por Ley, recae en la Junta Monetaria , de mayoría oficial. Reversión que habrá de perpetrarse a través de la Asamblea Constituyente , cuyas principales facciones integrantes han presentado sendos proyectos en tal sentido, sin olvidar el del señor Gaviria. La supresión de los subsidios, de los créditos baratos, y aun de los planes de fomento, compendia, pues, el dogma de fe que nos predicaron siempre esos sumos sacerdotes de la especulación, así no le rindan culto en sus propios altares.

Hacia la mitad del período de Belisario Betancur, a raíz de la famosa monitoría del Fondo y el Banco, empezaron a plantear muy en serio, no únicamente el desmonte de los estímulos y de la protección a nuestras actividades productivas, sino de la legislación laboral vigente. En una palabra, la apertura. A Barco Vargas lo asediaron por todos los costados, incluso reteniéndole los dineros del préstamo Challenger. Así, la superpotencia de Occidente, estando abocada a una disputa comercial nunca vista, en especial con la Comunidad Europea y Japón, trata de salir airosa optando por la completa colonización económica de vastas áreas del globo, preferentemente América Latina, el establo de la hacienda. Y al sobrevenir el desenlace providencial del derrumbe de la Unión Soviética , poderoso adversario de la víspera, Washington ha sabido calzarse las botas, como recién lo hiciera en el Istmo panameño y en el Golfo Pérsico, cuyas gentes, entre el humo de los cañones, asistieron a la inauguración del "nuevo orden" predicado por George Bush.

Habiendo conseguido de nuevo la supremacía universal, Estados Unidos se dedica ahora a la recuperación, sin dilaciones ni miramientos, del espacio que perdiera en por lo menos dos décadas, tras los espectaculares avances de sus competidores de Europa y Asia. En muchas ramas se ha quedado atrás en tecnificación, productividad, innovaciones. Sus balanzas han sufrido deterioros constantes. Adentro ve incrementarse el desempleo, la inflación y la falta de recursos; afuera contempla la contracción de los mercados. En general, las utilidades de sus inversionistas tienden a la baja y los brotes recesivos de su economía se vuelven entretanto más traumáticos y continuos. Lo cual entraña desarreglos que de todos modos sus dirigentes hubieran encarado con urgencia, por encima de las dificultades y a cualquier precio, so pena de sucumbir; mas las condiciones han cambiado positivamente para el imperialismo yanqui. En la Casa Blanca se afinca el poder republicano, que ha vencido los complejos de la mala etapa anterior. Valiéndose de los favorables augurios, los vencedores repentinos de la guerra fría no se dedicarán solamente a corregir las desactualizaciones de sus fábricas. Blandirán cada uno de los instrumentos de presión a su alcance: la deuda de los Estados empobrecidos; el librecambio dentro de sus zonas de influencia; las barreras proteccionistas frente a los otros poderes desestabilizadores del globo; el envilecimiento de la mano de obra en extensas y populosas regiones; los altos déficit fiscales de los gobiernos lacayunos; la supervisión de los suministros estratégicos y los artículos esenciales procedentes de los países atrasados, y la violencia, que de por sí consiste en un negocio, como acaba de demostrarse en Kuwait, cuya reconstrucción se estima en cerca de 100.000 millones de dólares. Los destrozos iraquíes cuestan dos o tres veces más, y de los cuales, sin duda, también aspiran a hacerse cargo los consorcios que patrocinaron la "tormenta del desierto" y, en cuestión de semanas, la finiquitaron para su exclusivo beneficio.

Los promotores de nuestra "modernización" apelan, pues, a los métodos característicos del antiguo sistema colonial, desde la institucionalización de los impuestos confiscatorios dentro de las repúblicas que gravitan en su órbita, hasta el quite y ponga de los gobernantes que les sirven de intermediarios. Por supuesto que la hegemonía de las grandes potencias depende a la larga de la solidez de sus pilotes industriales; sin embargo, probando fortuna con una jugada no exactamente mercantil, cual fuera la ocupación del Medio Oriente, Estados Unidos retoma el petróleo árabe, reactiva las transacciones, reajusta la tasa de ganancia, refuerza los fondos de inversión y rescata la iniciativa a nivel planetario, pasos indispensables en el camino hacia una virtual reconversión de sus plantas fabriles. Realidades que tratan de encubrir o paliar ciertos comentadores, mayormente norteamericanos, cuando insisten, desde una posición académica y economista, que, para atender los apremios de la crisis, el presidente Bush debió haberse quedado en la Oficina Oval resolviendo los faltantes presupuestarios, el paro, la depresión y el resto de desequilibrios, en lugar de salir con medio millón de soldados a declararle la guerra a Saddam Hussein.

Remitido: Organización Moir Francisco Mosquera

http://www.moirfranciscomosquera.org

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