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sábado 06 de junio del 2020
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Formas para mejorar el diálogo

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Tanto los conflictos externos como nuestros más profundas desavenencias  dependen del diálogo que mantenemos. De hecho se podría decir, que todas nuestras relaciones se basan en nuestra capacidad de diálogo.

Los conflictos se generan  cuando hay disparidad entre aquello que pensamos y lo que finalmente hacemos. No es posible encontrar armonía  cuando nuestro diálogo interno se convierte en una batalla. Nuestro mundo se convertirá entonces en una perenne lucha en la que jamás habrá vencido ni vencedor. El reto es aprender a dialogar, pero ¿cómo mejorar nuestro diálogo?

1.- Evita los reproches.

De nada sirve “sacar los trapos sucios”. Al establecer un diálogo no debemos perder de vista cual es el objetivo principal. Cuál es el propósito de esa conversación.

Cuando ejercemos nuestra fuerza dialéctica para destruir al contrario, empezamos una batalla que no ha de encontrar ganador. Si el resultado que deseamos obtener es un mayor entendimiento, un acercamiento, de nada nos puede ayudar atacar, resistirnos o combatir. Aceptar lo que sucede sin juicios ni valoraciones, es el primer paso.

Parte de nuestra responsabilidad en este tema, pasa por crear un ambiente en el que la escucha activa sea el acompañante de un ambiente más distendido, en el que todas las partes implicadas puedan expresarse libremente.

2.- Cuenta hasta diez

Todos hemos oído esa fácil fórmula. Y lo cierto es que se necesita control para hacerlo. Ciertamente si eres capaz de detenerte y controlar por instantes la situación, no va a ser necesario que cuentes. El trabajo quedará hecho en el momento que te detengas.

No permitas que un torrente de emociones controle tu diálogo. En algún momento de nuestras vidas, casi todos, nos hemos arrepentido de lo dicho y hecho frente a una conversación que debería haber sido resolutiva y no motivo de un conflicto mayor. El control sobre tus emociones es el cimiento que propiciará una vida más plena y satisfactoria a todos los niveles.

3.-Ponte en el lugar del otro.

Ten en cuenta en todo momento, que la verdad no tiene una sola cara. Intenta entender que necesidad básica se intenta encubrir o lograr al otro lado. Intenta entender qué es lo que realmente tanto te está molestando.

Una vez que has tomado el control, el resto es relativamente más fácil. Intenta dar un paso atrás. ¿cómo vería esa situación una persona completamente ajena? ¿Cómo se está viviendo en el extremo opuesto?.

No pierdas de vista cuál es el objetivo final de ese diálogo. Tanto si es interno, cómo externo, los factores a tener en cuenta son los mismos. Y las repercusiones y herramientas… también.

Cuando expresas tus sentimientos y pierdes de vista el objetivo y el resto de opiniones, tu diálogo interno también está fallando en las mismas bases. ¿Estás diciendo aquello que realmente querías decir? ¿Te estás expresando tal y como querías? ¿El sentirte ganador en base a una mayor fuerza dialéctica, va a hacerte sentir bien?.

Recuerda que siempre hay un punto en el que todos pueden salir beneficiados, o menos perjudicados. Para hallarlo necesitas abrirte a puntos inicialmente contrarios. Verás de manera sorprendente como casi nunca estás tan lejos como te parecía…

4.-  El Poder de la Ira

Cada vez que escoges la ira, están otorgando el fácil poder al resto, para gobernarte.

Puede ser que la expreses verbal y abiertamente o a través del sarcasmo, el ridículo o incluso con violencia física.

Las películas, los libros, los videojuegos y otros medios, nos acercan a la ira, presentándola como una cualidad a tener en cuenta para conseguir la victoria. Incluso hay corrientes psicológicas que invitan al paciente a expresar su ira de manera más contundente, gritando o rompiendo objetos.

No deberías confundirte nunca. La ira es destructiva en cualquiera de sus formas. Contigo y con tu entorno.

Un individuo confiado y seguro, extrae su fuerza de la no identificación, la serenidad,  y la ecuanimidad.

Quizás seas uno de esos padres de familia que hacen de sus días cotidianas batallas campales, más o menos abiertas, para conseguir poner un orden que no llega jamás.

Cada vez que te lamentas de manera desenfrenada porque “ellos” no actuaron como tú esperabas, estás optando por paralizarte, dejarte herir y privándote de cualquier tipo de búsqueda hacia una resolución o aprendizaje.

Quizás, estés al otro extremo, soportando enfados ajenos y propios en el trabajo, en el coche, en el deporte, los impuestos, los centros comerciales… cualquier excusa es buena.

En ambos casos, tanto si la expresas como si no, el enfado y la ira te acompañaran una y otra vez irremediablemente a la pérdida de control y no sólo imposibilitarán tu avance, sino que te condenarán a una vida gris, solitaria y frustrante.

La próxima vez que sientas nacer el enfado de forma descontrolada, detente un minuto. Tan sólo un minuto. En pocos pasos más habrás aprendido sobre como se comporta y a como irte desprendiendo de ella.

Cambia la ira por la comprensión y empieza a experimentar el poder de un diálogo más franco y beneficioso para todos.

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