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martes 19 de marzo del 2019
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El drama de los desplazados

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El drama de los desplazados

El drama de los desplazados es solo una   de las múltiples y terribles facetas de un país como el nuestro en donde sus habitantes, en un mal  momento de la historia, se acostumbraron a convivir con las más   deplorables formas de violencia.   Los colombianos  cometimos el error de volvernos insensibles ante la muerte y los muertos; de anestesiar nuestra capacidad de reacción frente a la justicia y los injustos;  de declararnos impotentes e inermes ante el negocio oscuro  y criminal del narcotráfico; de rendirnos ante el delito mil veces abominable del secuestro.   Y desafortunadamente estamos cometiendo, desde hace años, el pecado de volvernos indiferentes   en relación con el sufrimiento de   los compatriotas que por diversas razones se han convertido en víctimas del desplazamiento  del lugar en que nacieron y crecieron y en donde labraban la tierra y los sueños de un presente feliz y un futuro promisorio.

 La tragedia comienza de variadas formas y en circunstancias diversas. En algunos casos el sentido común recomienda atender las amenazas de muerte de grupos armados irregulares: “le damos 24 horas ( ó 48 ó 72) para que abandone el pueblo (o la finca)”.  La  memoria guarda celosamente el recuerdo imborrable  de todos los amigos y familiares asesinados sin misericordia  por  no cumplir a tiempo la fatídica orden. Marchar y vivir es mejor que    desobedecer y morir. En otros casos los desplazados son sobrevivientes de masacres o  batallas entre fusiles ciegos incapaces de  distinguir al combatiente enemigo del inerme ciudadano perteneciente a la población civil.

A lo primero que se enfrenta la víctima es a la muerte misma. Detrás de un árbol, encima de una loma, a la orilla de un río o debajo del manto impenetrable de la noche temible puede acechar el peligro.   Un padre de familia precavido sabe que debe estar vigilante en todo momento, especialmente cuando debería entregarse con tranquilidad al descanso reparador de las horas nocturnas. La experiencia le ha enseñado a tener a su alcance  un costal  listo con los elementos indispensables para la supervivencia en caso de una travesía inesperada por el bosque o la selva.    Si sobrevive deberá coexistir con otras penalidades como el duelo por los familiares  muertos, el miedo constante   a ser el próximo en la lista, el desarraigo, el desempleo, la  terrible sensación de no conocer a nadie ni ser reconocido en su nuevo lugar de residencia, el hambre, la miseria, la desolación, la indiferencia, la desconfianza y hasta el desprecio de sus nuevos vecinos…  la imposibilidad del retorno al lugar en que era feliz junto a los suyos y a la sombra de sus árboles frondosos y cargados de frutos frescos.

La vida cambia de manera drástica  y vertiginosa.   Deambular por las calles congestionadas de la ciudad en busca de un refugio  se convierte en la actividad principal. Luego viene  el momento conmovedor en que los niños comienzan a pedir su alimento y, finalmente,   la vergüenza inenarrable de mendingar en las calles, el parque o los buses.

El Estado colombiano ha diseñado algunos programas para hacer más llevadera la situación de estos infortunados conciudadanos pero el mayor esfuerzo debe concentrarse en dos frentes: crear las condiciones para  el retorno de quienes deseen regresar a su lugar de origen y generar acciones   para evitar  futuros desplazamientos  forzosos.

Pero la sociedad también debe hacer su aporte.   Y un buen comienzo es cambiar su percepción acerca de quienes son  víctimas de esta lamentable situación de nuestra historia reciente.   Es necesario entender que el desplazado es una víctima de nuestro absurdo conflicto. Y todos tenemos la obligación de ayudarlos a vivir dignamente e incorporarse como ciudadanos de primera categoría a nuestra comunidad. O mientras  regresan al lugar de árboles frondosos en donde los pájaros le cantan a la vida. Un lugar de donde nunca debieron ser obligados a salir.

Alejandro Rutto Martínezes un prestigioso periodista y escritor colombiano, vinculado como docente a varias universidades colombianas. Es autor de cuatro libros y coautor de otros tres en los que se aborda el tema del liderazgo, la ética y el Desarrollo Humano. Con frecuencia es invitado como conferencista a congresos, foros y otros eventos académicos. Póngase en contacto con él a través del corrreo alejandrorutto@gmail.como llámelo al celular 300 8055526. Visite su página www.maicaoaldia.blogspot.com

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