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viernes 19 de julio del 2019
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Historia de una pesadilla

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El Manual de Protocolos y Procedimientos del Servicio de Trasplantes, coludidos con los altos niveles de enzimas hepáticas… ¡Me devolvieron al pasado!

La tarde de un  lunes, entraba por la puerta de Hospitalización, Iba vestido con una Camisa de Fuerza que me había puesto del Dr. Martin Padilla, llevaba un maletín y en mi mano derecha portaba la Orden de Hospitalización, a mi lado caminaba Marujita, perseguida por demonios y fantasmas, entrar por esa puerta… ¡era una locura!

Los vigilantes revisaban la orden y abrían el maletín y solo encontraban ropa y temores, la enfermera de turno nos recibió con alegría y me dijo señalando la cama 503… ¡He ahí su cama!, un escalofrío me invadió, en ese viejo catre había visto morir a varios amigos, en ese viejo catre agonice y resucité, sin embargo sonreí y agradecí, temerosamente me acerque… ¡Hola!-le dije- y me instalé en la habitación, a mis costados Jean Pierre, Ana y Raquelita, luchaban contra la muerte, tenían  Encefalopatía, Rechazo agudo del Injerto y Sarcoma de Kaposi

Me puse indumentaria del Hospital, me tomaron los signos vitales, me colocaron una vía y empezaron con los pinchazos, había prometido contabilizarlos hasta el momento de mi Alta, Marujita se fue y me quedé mas solo que nunca, la noche se instaló en el Hospital con su rutina de siempre, cambio de turnos, personal que se iba, personal que entraba, cotorreo por todos lados, las horas pasaban, a lo lejos se escucha la serie “Al fondo hay sitio”, “Magali TV”, recibí mis medicamentos y apagaron las luces…¡hora de dormir!, al día siguiente me esperaba un fatigoso día…Biopsia, hincadas, dolor, ayuno, riesgo de hemoperitoneo, riesgo de Laparotomía.      

Desde que me trasplantaron, una madrugada a las 3 am, desde esa fecha, suelo despertarme a esa hora y esa noche no fue la excepción, alrededor de las 3 am…desperté, abrí mis ojos en un rincón dormía la enfermera, en un sillón lo hacía la técnica, los pacientes agonizaban y mientras me acomodaba en el viejo catre para intentar dormir, como suelo hacerlo todos los días…

¡De repente!... unos brazos y unas manos abiertas y amistosas, se agitaban en ese cuarto oscuro del Hospital… eran Wilfredo, Américo, Roosevelt y otros, que sonreían ante mi estupor…

 Sonreían… mientras yo temblaba,

Abrían sus manos mientras yo intentaba gritar,

Se alegraban mientras mis palabras se ahogaban en ese hueco vacio de mi garganta…

¿Cómo están?... ¿De donde vienen?... ¿Que hacen aquí? y la cirrosis…la Ascitis, tu Encefalopatía, tu metástasis y tantas preguntas mas quería hacerles, pero  las palabras se negaban a salir, estaban mas acobardadas que yo.

¡Tranquilo Miguel!...parecía decirme.

Me señalaban sus cuerpos… ¡Míranos…mira nuestros cuerpos!- parecía oírlos-

No tenían el aspecto de Zopilotes, no tenían ascitis, no estaban ictéricos, no estaban calvos, estaban lúcidos, sonreían… ¡estaban felices!

¡Ven!, hacían gestos con sus manos

NO, NO, NOOOO, les decía con las mías.

¡Abracémonos!, decían con sus gestos…

Mis temores se fueron disipando

Eran mis amigos, no podía negarme

¡Si!- les dije- ¡Abracémonos!...  Y se acercaron

Les toqué sus manos, sus dedos, sus nudillos… ¡estaban calientitas!, estaban tersas, estaban vivas… ¡Dios Mío!- musité-

Los seguí tocando… ¡esas manos también me tocaban!

¡Dios Mío!... ¡están vivos!... ¡Viven!

Los abrazaré- dije-… ¡Si los abrazaré!- dije convencido-

Me apoyé en sus antebrazos, los seguí tocando…

 Seguían calientitos, son brazos y antebrazos vivos, calientitos… ¡Dios Mío!-musité-

Ellos sonreían…yo también

Ponían sus manos en mi pecho, como queriendo abrazarme…

Si los abrazaré yo también- musité- e intenté ponerme de pie

Pero una voz rompió el silencio…

¡Doctor Por favor tranquilícese!

¿Qué?... ¿Quien eres?-repliqué confundido-

Era la Enfermera de turno,

La tenía agarrada de las manos, de sus brazos y me apoyaba en ella para levantarme...

 Estaba tomando la Presión, el pulso, la temperatura axilar

Cuidado con el termómetro- me dijo-

¿Los ha visto?... ¡licenciada… ¿los ha visto?!- le dije-

¿A quien?- replicó perpleja-

¡A ellos!...¡A ellos pues!... ¿como no los ha visto?- le dije iracundo- a… Wilfredo, Américo…

¡No doctor!, no hay nadie! Ya las luces estaban encendidas, los rayos del Sol también... ¡No hay nadie!, ha tenido Ud., una pesadilla- dijo-… ¡ya había amanecido!

Los busqué y ya no estaban…se habían ido.

¡SI es una pesadilla!-le dije a la enfermera-

Me llevaron a Sala, hicieron la biopsia, estuve sedado, en reposo absoluto y dormido, al día siguiente me dieron de Alta.

Al salir del Hospital, los vigilantes abrían el maletín y yo les mostraba la papeleta de Alta, Marujita caminaba a mi lado, atrás venían los demonios y fantasmas, pero más atrás Wilfredo, Américo, Roosevelt y tantos mas… ¡sonreían  felices!, sin Ascitis, sin Cirrosis, sin edemas, sin cáncer, sin dolor, sin sufrimiento… sonreían pletóricos, plenos, infinitamente felices, en mi bolsillo la estampita de la Divina Misericordia también sonreía.

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Acerca del autor

Miguel Palacios Celi

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