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sábado 27 de noviembre del 2021
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Respuesta a un correo inteligente segunda parte

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Para ti amigo mío:

Agradeciendo por tus palabras y comentario, de los ya realizados y como los que aún no has plasmado.

Cuando conversamos sobre el orden sobrenatural (espiritual) consideramos muchos otros aspectos que están sujetos entre sí y que tienen como bien dices una naturaleza divina (al provenir de Dios mismo).

La vida en sí es un cúmulo de conocimientos, sentimientos, razón; muy aparte del aspecto físico al cual te refieres con sutil diplomacia, obvio es de suponer que no está apartado de nuestro tema en cuestión, pero que para ser sincero tiene importancia pero no lo absorbe en su totalidad, ya que es una parte intrínseca en el ser humano y de la cual no puede alguien desligarse ya que al hacerlo negaría su propia esencia.

A mi entender, cuando de la relación de la pareja se trata, existen sustancialmente entretejidas muchas situaciones reales que conllevan a uno y a otra a buscarse. Una de ellas es el entendimiento, la comprensión, el deseo de compartir no solo momentos buenos y bonitos, sino que además cabe la posibilidad de encontrar situaciones un tanto no gratas, pero que si existe un compromiso personal en ambos es fácil de sobrellevar y si fuera el caso, corregir. Dado que el ser humano no nace sabiendo es permisible que aprenda en el camino de la vida misma. Claro que para ello debe tener sabiduría, humildad y un sin fin de interrelaciones mentales abrazadas a la razón. El motor de todo ello, sin creer equivocarme, no sólo es la voluntad sino también el amor (hablando como te dije en el aspecto hombre-mujer). Por lo tanto, queda firme a mi entender que si el amor ha existido, existe y existirá en el ser humano (hombre y/o mujer) por naturaleza divina, entonces es como un perla escondida en nuestro interior que debemos encontrar y sacarla a la luz, como un diamante en bruto que debe ser pulido para apreciar no sólo su valor y hermosura, sino también para dar finalidad a él, en el caso del amor para poder producir sus efectos positivos, en uno y en los demás. En el caso de la pareja, hacia el ser amado.

Me confirmas lo que se al decir que el amor no se agota. Pero debe hacer la diferencia en cuanto a lo que refieres a los diferentes “amores”, es decir, se que existe modos de amar de acuerdo a las personas: padres, hijos, hermanos, etc., etc. Como bien refieren los textos y doctos en la materia: amor filial, amor amical y demás, incluyendo el amor conyugal. Cada uno de manera distinta de sentir y expresar. Pero cuando se hace alusión al amor de pareja, creo que es un amor mucho más rico en todo, me explico. Cuando uno ama a los padres, es por naturaleza de origen, manteniendo desde el nacimiento un apego y contacto que posibilitan, en la mayor parte de las veces, ese desarrollo de ese amor, igual sucede de padres a hijos. el contacto es permanente, a pesar de que sabemos que algún día ya no estarán junto a nosotros, compartiéndolo todo, pero cuando se trata del amor a la pareja, de la cual estamos enamorados, ilusionados, damos fuerza a un cambio en mucho de nuestro ser, un tanto para asimilar la vida de la pareja en la nuestra propia, un tanto para aprender a conllevarnos con la otra parte, un tanto al darnos a la pareja para compartir mucho o casi todo con ella. Entonces, surge un cambio en esencia en ambos, si realmente existe amor. Esto no quiere decir que nos aniquilemos por completo, es más, creo que debe existir más allá del respeto una tolerancia al “uso” de su espacio, en ambos, creo que amar a una persona conlleva a mucho, pero repito, se hace fácil si existe una respuesta positiva y en la misma intensidad de ambas partes. Me parece que no es matemáticamente visible que 1+1=2 sino que se rompe esa ecuación para volverse 1+1=1. ¿No lo crees? En muchos casos, esa constante “labor” de descubrirse o como dicen algunos “desnudarse” uno frente al otro, no es sino un comienzo de la relación en la pareja, y además esto último no siempre es sinónimo de “llevarse bien”. Por ello el fracaso de muchas parejas, incluso las casadas.

Si bien es cierto que las charlas “prematrimoniales” pueden dar una somera visión de la vida en pareja no siempre se comprende ni entiende correctamente, dado que muchos los allí presentes piensan sólo en la parte “bonita” y no en todo lo que experimentarán posiblemente.

Si ese es el ángulo de visión de mi parte del amor, entonces cabe repreguntarte lo siguiente: Si como dices “es un compromiso para toda la vida, pero ¿Por qué para toda la vida? Fácil de contestar. Porque si no, nos tendríamos que pasar toda la vida buscando a ese alguien que sepa alimentar su amor para con nosotros, probando una y otra vez” Entonces ¿Qué debe suponer que deba “hacer” alguien que no encontró lo que buscaba aún cuando creyó que desde un inicio en la relación sería como parecía? ¿Debe sobrevivir” a esa experiencia a costa de una infelicidad? ¿Está destinado a no ser feliz por el resto de su vida? Me hace recordar a un pasaje Bíblico pero no quiero ahora introducir ese aspecto religioso.

Te agradezco por tus comentarios, amigo mío. Un abrazo.

Es brillante la forma con la que completas todo en lo que estamos de acuerdo. Veo que al final utilizas el término comentarios y no respuestas, y me parece excelente, porque tienes razón. No son respuestas de alguien que se las quiere dar de sabelotodo, sino comentarios de puntos de vista, no digamos diferentes, sino mas bien particulares. Quiero comentar lo que pienso sobre el último párrafo de tu correo.

En el año 1998, cuando empezamos (Adriana y yo) a participar activamente en la Iglesia Católica, y decidiera yo, estudiar teología; la intención que tenia era poder profundizar más en lo que creía por simple fe. El estudio y la razón, me hicieron entender que todo esto estaba estrechamente ligado, a la totalidad del quehacer humano. Cada vez que íbamos profundizando en temas teológicos, me daba cuenta,  (a juicio, propio) que todo tenía relación y sentido. Pude comprender la respuesta a la pregunta: ¿Por qué, es que hay verdades que no pueden ser cambiadas?  

De todo este cumulo de información tengo que extraer lo que necesariamente se tiene que extraer, para comentar sobre tu último párrafo. Los sacramentos.

Después de haber entendió, profundizado, y aceptado  todo esto, (que era uno de los objetivos de estos estudios) me podría hacer las siguientes preguntas y comentarios:

De niño me bautizaron, sin consultarme, y ahora no estoy de acuerdo con algunas cosas de la Iglesia Católica. ¿Puedo, renunciar y suprimir mi bautismo?  Cuando joven por costumbre y tradición, mis padres me llevaron a la confirmación, pero no estoy de acuerdo con eso ¿puedo también, renunciar a mi confirmación?  Soy presbítero (sacerdote) me he enamorado de una joven y quiero estar con ella. Ya no quiero seguir siendo sacerdote. ¿Puedo renunciar y suprimir el sacramento del orden en mí? No creo realmente que el cuerpo de Cristo esté en eso que llaman hostia, ¿puedo ir a comulgar pensando esto? Etc.

Con esto que te digo, no quiero decir que tú no tengas la suficiente preparación teológica, para comprender el hecho. Por favor no quiero que lo entiendas así. Te estimo mucho y no es esa mi intención. Lo que trato de hacer es poder compartir contigo algo desde mi experiencia personal. Para mí en lo particular todo esto no tiene un sentido religioso, sino yo diría más bien, un sentido de orden natural.

A mí me da mucha pena, escuchar o ver a alguien querer renunciar a uno de estos sacramentos. Es lamentable poder apreciar esto; pero de que se da, se da. Lamentablemente el sacramento no se puede suprimir, porque ya se dio, una y única vez. Pero lógico,  si llega al extremo de no poder seguir manteniendo una relación conyugal, las partes se tienen que separar para no llegar a convertir este sacramento divino en un infierno. Pero hay que entender algo muy importante y que no se puede negar: la relación sexual intima de hombre y mujer, solamente se puede dar dentro del sacramento del matrimonio. Pero también la felicidad no puede reducirse a este acontecimiento. Como te dije anteriormente la felicidad es relativa, y se puede ser feliz de mil maneras. Yo no podría decir que no soy feliz, por no tener una hija, que me hubiera gustado tener. Trato y puedo ser feliz con lo que Dios me ha dado, y con lo que me ha tocado vivir. Pero no puedo negar o rechazar, lo que por razón y fe he podido comprender. Quiero decirte que lamento mucho si alguien conocido por mi o por ti, está pasando por este trance. Pero al leer nuestros puntos de vista en estos artículos, quizás le puedan ayudar en algo.

Un apretón de manos, y un fuerte abrazo.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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