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sábado 27 de noviembre del 2021
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Misionología 03

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Continuación de la transcripción de la grabación magnetofónica de la clase:

El termino misión ¿Cuándo hace su aparición en la Iglesia Católica? Hace su aparición en el siglo XVI  con los Jesuitas, con San Ignacio de Loyola. Antes no se conocía el término sustantivo misión. Hace su aparición con ese famoso cuarto voto que tenían los Jesuitas sobre las misiones. Que consistía en tener disponibilidad para cualquier encargo o misión, que le pueda encomendar el Sumo Pontífice. Es una iniciativa de San Ignacio de Loyola. Es para que de allí, para muchos misionologos, e historiadores de la aparición de estos conceptos en teología, señalen esto. Incluso la “Congregación de Propaganda Fiden”, que fue creada por el Papa Gregorio XV  en 1622, que hoy día se llama: “Congregación para la evangelización de los pueblos” Se llamaba Propaganda Fide, es decir, el ambiente eclesial hasta esos momentos, usaban estos términos como propagación de la fe, como extensión de la fe, o divulgación o predicación. Pero no había este concepto de misión, ni tampoco mucho menos de evangelización, como sustantivo. Los verbos como el predicar, el anunciar, si existían. Pero estamos hablando del término sustantivo, misión o evangelización.

Pero nace no como objeto de reflexión teológica. Incluso en las órdenes mendicantes, aparece en sus constituciones. Estos mandatos misioneros, pero no hay una reflexión sistemática de la misión, o sobre la misionaridad. Hay simplemente un mandato misionero, que se supone deben de cumplir los candidatos o miembros de las comunidades a la que están asistiendo en ese punto. Ahora bien, el concepto y termino o sustantivo evangelización, hace su aparición recién en el siglo XIX, y en ambiente protestante, no hace su aparición antes, ni mucho menos en el ambiente católico.

Hemos dicho nosotros que el Dios trinitario, es un Dios que se revela por amor, porque el Dios Cristiano es un Dios Trinitario, es una comunidad de amor, el Dios trinitario es comunión de personas. Hemos dicho que el Dios cristiano se revela en la historia. Y nosotros sabemos que este Dios se ha revelado como un Dios creador.

Y la teología trinitaria, atribuye la creación al Padre. Y que no solamente ha creado al mundo, sino también al hombre y a la mujer por amor, con una finalidad que es importante. Que el hombre y la mujer puedan participar de la comunión de amor que existe en la trinidad. Es esta finalidad por la cual Dios se revela. Y Dios crea al mundo, al hombre y a la mujer, para que el hombre y la mujer puedan gozar de la plenitud de esa felicidad, solamente en el Dios cristiano.

Sucede que también por la teología ya conocemos que este proyecto de amor de Dios, o de relación de comunión entre el hombre y Dios, es frustrado de alguna manera por el pecado original. Aunque Juan Luis de la Peña, este teólogo español dice que el “El pecado nunca podrá frustrar el proyecto amoroso de Dios. En efecto, sino que por el contrario, lo único que puede hacer en todo caso es tomar otro tipo de connotación; una especie de dificultad en la relación. Pero no que el pecado al final sea la última palabra. Y es a partir de este momento (si ustedes conocen la historia de la salvación), es que hay toda la promesa, de que el Hijo, tenga que encarnarse para poder restablecer esa relación de armonía, resquebrajada por el pecado original.

Entonces a partir de este momento del pecado original, nosotros sabemos que Dios elige un pueblo; al pueblo de Israel, sobre la base de estos patriarcas: Abrahán, Isaac, Jacob. Sobre la base de Moisés y los profetas Dios va preparando un pueblo para poder, preparar a la humanidad, para la plenitud de los tiempos, o para cuando los tiempos sean propicios. El Hijo de Dios se encarne en el ceno de María por obra del Espíritu Santo, y se constituya en el Cristo, en el Jesús de Nazaret, aquel que va ha hacer posible el restablecimiento de esa relación rota en un inicio.

Por un lado tenemos el misterio de la encarnación, que el Hijo de Dios se encarna, pero se encarna con una finalidad, se encarna para realizar aquello que nosotros llamamos la Salvación. La teología cristiana ortodoxa la llama, la divinización. El Hijo de Dios se encarna, entonces no para quedarse encarnado en la humanidad, sino para redimirnos, para salvarnos, divinizarnos, liberarnos, es decir para que realice su Misterio Pascual.

Acá hay dos cosas interesantes. El Hijo de Dios no solamente se encarna, sino que se encarna con una finalidad. Para realizar la Pascua. En toda reflexión teológica, o cristológica. En todo caso, nunca nosotros podemos acentuar o solamente la encarnación o el misterio pascual. Hay que considerar en todo caso estos dos momentos importantes en al cristología. A nosotros nos interesa descubrir esa lógica, que está allí, aquí presente. ¿Por qué el Hijo de Dios se encarna? Sabemos que se encarna porque ha habido un primer momento en que tanto el hombre como la mujer, han resquebrajado esa relación de comunión entre Dios y la humanidad. El hombre libremente ha rechazado ese proyecto de amistad, ese proyecto de comunión.

Por la teología sabemos nosotros, que el Hijo de Dios se ha encarnado, por la acción del Espíritu Santo. El Hijo de Dios se hace hombre en el seno de María por obra del Espíritu Santo. Entonces vamos viendo nosotros la misión del Espíritu Santo al servicio de la misión de Jesús. Y vamos a ver no solamente que el Espíritu Santo hace eso, sino que va a acompañar constantemente el ministerio de Jesús.

Nosotros podemos decir que después de la Pascua de Jesucristo, la humanidad queda redimida, queda restablecida. Y a partir de ese momento, la cristología habla de que, gracias a la Pascua de Jesús, hemos sido liberados de ese pecado original.

Nosotros de teología occidental latina, acentuamos un Cristo salvador. Cristo nos ha salvado, nos ha salvado de esta situación de desgracia, de pecado, y acentuamos y es válida esa afirmación. Porque la teología oriental o ortodoxa, acentúa la cristología como presentando a Jesucristo como divinizador. ¿Qué significa esto?, significa que es la misma lógica, que el Hijo de Dios se hace hombre, para divinizarnos. Solamente Jesús hace posible que nosotros podamos entrar en comunión con la trinidad, nos hace recordar los textos del evangelio: “Nadie va al Padre, sino por mi”, “Yo soy el camino, verdad y la vida” Y solamente por medio de el podemos ir al Padre.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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