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domingo 05 de abril del 2020
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De por que debemos respetarlos

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Erase un niño de 12 años, allá por los 70 del siglo pasado que acompañado por un amigo se disponía a dar caza a un pájaro, animal sin alma según le habían enseñado la sociedad y tambien la iglesia (craso error). Armados ambos con sendos tirachinas fabricados por nosotros mismos, estábamos patrullando por nuestro barrio en la periferia de León en una calleja cercana a las vías del tren con prados y huertas y con arboles, lugares idóneos para encontrar a la bestia a la que queríamos dar caza. En la casa que hacia esquina y que daba lugar al principio de nuestra calleja en un pequeño corral que daba entrada a la casita y digo casita pues era pequeña en espacio y pequeños eran sus ocupantes, no se si este detalle fuera por ley natural de adaptación al medio, estaba escoltado el corral con un buen ejemplar de arbol del cual no puedo decir su raza pues en este momento  que les escribo aunque amante de la naturaleza soy, no tengo el conocimiento botanico para poner apellido al susodicho espécimen, pero si les puedo contar que era majestuoso y que cuando en primavera se vestía con sus mejores galas era muy frondoso, pero por desgracia para la fiera que mi amigo y yo queriamos cazar (un pardal) no tan frondoso como para ocultarse de unos cazadores con ganas de cobrar una víctima. Y allí estaba posado en una rama con sus trinos dilatándose, imagino  que dándole las gracias al espíritu de la naturaleza por que por un día más (eran las siete de la tarde en un mes de mayo o junio), se había alimentado, y después de la dura tarea que supone para cualquier ser vivo cada dia ganarse el sustento, pues el estaba feliz y daba gracias. Mí amigo y yo al oir sus trinos delatores alzamos la mirada y le localizamos siendo ajenos a que el estaba en un estado de felicidad que no le permitia captar nuestras intenciones. Echando mano al bolsillo sacamos munición para nuestras armas y empezamos a descargarlas contra el, dándose la casualidad de que después de no menos de unos quince minutos en que nuestras balas le pasaban muy cerca pero ninguna impactaba contra su pequeño cuerpecito plumoso, solo se desplazaba un poco de un lado a otro al sentir el aire de la munición pasando tan cerca de el. Es después de ese rato de demostrarnos nuestra mala puntería que mi padre que trabajaba en RENFE y como vivíamos cerca de su trabajo se dirigía a casa a preparar su bocadillo y al vernos pregunto que que hacíamos, le comentamos nuestra peripecia con la bestia y entonces me cogió mi tirachinas y una piedra del suelo (la calleja no estaba asfaltada y había munición por doquier) cargo el arma, apunto y disparo dando en el blanco y lo que sucedio a continuación cambio para siempre el ser que hay en mi. La preciosa criatura de DIOS recibido el impacto demoledor, trato de agarrarse con fuerza a la rama para no caer y despidió por su lindo piquito unos trinos más y suspiro por ultima vez y se desplomo.

  Pero su muerte no fue a un saco roto pues esos trinos finales y ese ultimo esfuerzo por sujetarse a la rama o debería decir a la vida, quedaron grabados en mi cabeza. Al dia siguiente mi primera acción fue destruir el tira chinas y pedir perdón al ESPIRITU que nos da el aliento a todos (incluso a los que no creen en EL) y cambiar todos los conocimientos transmitidos por las enseñanzas de la época sobre quienes son los dueños del mundo y quienes están hechos para disfrute o servicio del hombre.

 Los animales tienen los mismos sentimientos que nosotros (cualquiera que se digne en observarlos por un tiempo puede dar fe de ello) y por lo tanto las leyes cuando son escritas por el hombre los deberían tener en cuenta y deberíamos mostrar respeto por su vida, Bernard Shaw dijo "cuando un hombre mata a un tigre es deporte, cuando un tigre mata a un hombre es voracidad" creo que es una frase para recapacitar.

 PS.:esta historia tiene final feliz, por lo menos para mí ya que después de pedirle a DIOS algo que calmara mi desasosiego por aquel suceso, hoy en dia disfruto de la amistad de un amor envuelto en plumas de esos que llamamos canarios que se posa en mi mano, juega conmigo y yo con él, me da besos con su pequeño piquito, si besos y que me quiere tanto que no he entrado por la puerta de casa y el ya sabe que estoy cerca y lo delata con su comportamiento

gracias

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