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miércoles 08 de abril del 2020
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Ley de la atracción - Entenderla y no comprenderla

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A todos nos pasa al principio que entendemos cuando leemos, cómo funciona la ley de la atracción; sin embargo, cuando queremos aplicarla conscientemente no comprendemos como tenemos que hacer.

Vemos la mayoría de las veces que hacemos las cosas mal y no sabemos qué, quedándonos la duda de cuál es el camino correcto que estamos dejando de lado.

Pues bien, para explicar esto volveré a un concepto que exprese con anterioridad y que en esta ocasión como en otras subsiguientes comenzaré a analizar de lleno y en profundidad.

Me refiero a que Jesucristo fue el mayor Maestro en aplicar la ley de la atracción, a tal efecto cito lo que dijo Jesús, según el evangelio de San Marcos (11,22-24):

22- Jesús respondió: “Tengan fe en Dios.

23-Yo les aseguro que el que diga a ese cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, sí no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá.

24-Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.”

Por lo tanto por correspondencia el contenido del Nuevo Testamento, es el libro que contiene toda la información que explica cómo aplicar la ley de la atracción.

Para lograr ello hay que leer dicha información en segundas líneas, ya que este libro fue escrito en clave, de tal forma que en realidad son dos libros en uno.

Por un lado está la Biblia propiamente dicha, donde a simple vista las palabras nos trasmiten una enseñanza cristiana y por otro lado se encuentra esta otra información.

En lo que a mí respecta lo que haré de aquí en adelante, será tratar de interpretar ese mensaje oculto por medio del lenguaje que la ley de la atracción nos brinda.

Lo anterior no quiere decir que esté haciendo un estudio teológico, por lo menos en la interpretación clásica de la palabra, aunque en cierta forma lo es, porque en definitiva teología es el estudio de Dios y del conocimiento que el hombre tiene de Él.

Por lo tanto reitero como he dicho en otros artículos, que esté análisis lo haré desde mi posición de investigador de la ley de la atracción; no teniendo importancia para ello que yo sea cristiano, ya que cualquier persona podría siendo de otra religión hacer lo mismo, incluso los ateos, ya que este “segundo libro” fue escrito para ser interpretados por todos, sean o no cristianos, porque en definitiva Dios hay uno solo y todos somos hijos de Dios, creamos o no creamos en Él.

Bien, para comenzar a interpretar las Sagradas Escrituras y en relación al título de este artículo transcribiré a continuación los versículos del 1 al 23 del capítulo 13 del evangelio según San Mateo, aclarando que intercalaré tanto en medio del texto de algunos versículos o al final de otros, mis comentarios, para que se entiendan las traducciones que iré realizando, poniendo mis interpretaciones entre paréntesis para diferenciarlos del texto bíblico propiamente dicho:

Parábola del sembrador

13-Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del mar.

2 Pero la gente vino a él en tal cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla.

3 Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas (en clave), Les decía: “El sembrador (la mente) salió a sembrar (pensar).

4 Y mientras sembraba (pensaba), unos granos (unos pensamientos) cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se lo comieron.

5 Otros (pensamientos) cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad.

6 Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron.

7 Otros (pensamientos) cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron.

8 Otros granos (pensamientos), finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno.

9 El que tenga oídos, que escuche.” (Aquí es donde nos dice que está hablando en clave y que sólo los que estén preparados serán capaces de entender)

10- Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús: “¿Por qué les hablas en parábolas?”

11 Jesús les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos (la verdad sobre como materializar los deseos con la ley de la atracción), pero a ellos, no.

12 Porque al que tiene (pensamientos y deseos positivos) se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene (pensamientos y deseos positivos), se le quitará aun lo que tiene.

13 Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden. (Porque hasta no comprender bien la ley de la atracción, estaremos manejándonos con las limitaciones mentales que la sociedad nos inculcó, separando nuestra mente consciente de nuestro espíritu, ignorando que los dos no son entes separados, sino que conforman un equipo que trabajando coordinados se transforman en uno sólo).

14 En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más que oigan no entenderán, y por más que miren no verán. (entender y no comprender la ley de la atracción)

15. Este es un pueblo de conciencia endurecida (con las limitaciones mentales de la sociedad). Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón (con la emoción de la Fé y no con el razonamiento)…Pero con eso habría conversión (comprenderían) y yo los sanaría (les concedería todos sus deseos).

16 ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!; ¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen!

17 Yo se lo digo: muchos profetas (coaching) y muchas personas santas (maestros) ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

-18 Escuchen ahora la parábola del sembrador:

19 Cuando uno oye la palabra del Reino y no la interioriza (no cree en la ley de la atracción), viene el Maligno (el Ego), y le arrebata lo que fue sembrado en su corazón (le dice que eso es un invento comercial y que se saque de la cabeza esa idea). Ahí tienen lo que cayó a lo largo del camino.

20 La semilla (el pensamiento) que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye la Palabra (de la ley de la atracción) y en seguida la recibe con alegría.

21 En él, sin embargo, no hay raíces (suficiente estudio y análisis para comprender su funcionamiento), y no dura más que una temporada (pocas semanas o meses a lo sumo). Apenas sobrevive alguna contrariedad (algún problema de la vida)  o persecución por causa de la Palabra (comenta lo que está haciendo a otras personas que le contradicen su postura, o incluso lee artículos que hablan en forma negativa sobre la ley de la atracción), inmediatamente se viene abajo (se desmoraliza y se carga de pensamientos negativos o frustrantes).

22 La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra (la necesidad de conseguir rápido esos deseos para salir de las necesidades monetarias con que la vida moderna nos rodea, más la belleza de poder contar con prontitud con los placeres de que disfrutan los millonarios, hacen que esa impaciencia y la no aplicación del desapego, atente contra la atracción de ese deseo), y al final no produce fruto (la materialización del deseo).

23 La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más.” (el que escucha la ley de la atracción, la comprende y aplica plenamente, obtendrá cualquier deseo que pretenda por más gigante que éste sea).

A partir de ahora dejo de lado los paréntesis, ya que a continuación sólo escribiré mis conclusiones:

Entonces para comenzar diré que con esta parábola, Jesús hace tres cosas: Por un lado nos da una clasificación de las cuatro etapas por las cuales pasa un hombre, para hacer cumplir plenamente la ley de la atracción.

Por otro lado especifica las características que componen a cada etapa.

Y finalmente muestra parte del camino correcto a transitar. Y digo parte, porque a lo largo del Nuevo Testamento irá por los distintos versículos dando piezas de este rompecabezas.

Sintetizando, Jesús en esta parábola enuncia estas 4 clasificaciones y parte de lo que hay que hacer en cada una de ellas:

ETAPA 1: La persona que se encuentra en esta etapa es el que no cree en la ley de la atracción, porque tiene muy desarrollado el Ego y éste no deja aflorar la Fé y el entendimiento espiritual.

Con lo cual nos está enseñando que debemos dejar de pensar sólo en nosotros y empezar a fijarnos en el otro.

ETAPA 2: Aquí la persona cree, pero como tiene la mente llena de pensamientos limitantes que durante décadas la sociedad, la religión, la escuela y todo el entorno le fue inculcando, no puede hacer que esas ideas positivas le invadan su mente.

Con esto Jesús nos está enseñando que primero debemos vaciar nuestra mente de esos pensamientos negativos y equivocados, para recién después introducir los nuevos conceptos.

Y por otro lado nos dice que no debemos comentar a otros de nuestros deseos, porque al hacerlo en realidad estaríamos buscando la aprobación del otro y  por contrapartida mostrando nuestra desconfianza hacía la concreción de dicho deseo, quitándole en definitiva energía a esa acción inicial que impartimos, al solicitar a Dios nuestro deseo.

ETAPA 3: En esta etapa la persona ya supo como limpiar su mente de esos pensamientos limitantes (por ejemplo, sólo tienen dinero los estafadores o malas personas). Y a continuación da una de las herramientas que debemos aplicar para el funcionamiento correcto, que es el desapego.

ETAPA 4: Y finalmente esta etapa es donde el hombre hace todo lo correcto para obtener todo lo que la ley de la atracción le puede conceder. En este caso no da indicios de lo que se debe hacer, sólo lo enuncia, como si fuera un introductorio del temario para desarrollar los distintos puntos a lo largo del Nuevo Testamento.

A partir de ahora y de aquí en adelante la verdad de la “Palabra” empezará a develarse, el que quiera entender que entienda.

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Desde Mar del Plata, Argentina, hacia todo el mundo, Walter Daniel Genga.

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