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domingo 26 de mayo del 2019
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La fuerza del cariño

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Es bien difícil comprender lo que una madre quiere conseguir, al tratar de ver siempre juntos a sus hijos. Es difícil, por que valga la redundancia, es difícil también que los hermanos piensen de la misma manera. Es difícil porque cada uno de ellos al transcurrir el tiempo y vivir en diferentes situaciones personales, llegan a ver la vida de diferente manera, y muy probable que estos conceptos choquen en discrepancias razonables entre ellos.

Pero el cariño de una madre no puede entender esto, para ella solamente es importante que los hermanos se quieran y siempre estén juntos, sin importarle si uno u otro, piensen de diferente manera. La madre piensa que el cariño de hermanos, puede saltarse toda esta gama de entendimientos y personalidades que  existen entre los hermanos.

Para poder entender esto, tendríamos que examinar nuestra propia vida. Tendríamos que hacer un análisis un tanto frio y calculador para ver nuestra propia experiencia. Porque esto no es exclusivo de algunas familias, sino de casi todas propia decirse. Pero vallamos al ejemplo concreto:

Mi vida matrimonial, desde el primer día se dio en la casa de mi esposa. Casa antigua muy grande que estaba habitada por la mamá de mi conyugue, dos hermanos solteros mayores que mi esposa, y uno casado mayor que ella también,   que vivía en la misma casa con su esposa y dos de sus hijas. Pero los hermanos de mi esposa eran más, viviendo en sus respectivos domicilios siempre estaban en contacto. En este ambiente pude constatar lo dicho en los párrafos anteriores. Marina Gutiérrez viuda de Amésquita, trató en vida, siempre de ver unidos a sus hijos en todo momento. Pero esta unidad también se reflejaba en algo un poco no recomendable (se podría decir): los hermanos hombres siempre trataban de defenderse entre ellos, a tal punto de ocultar situaciones un tanto negativas; tratando de esconder compartimientos de algunos, que no eran recomendables desde un punto de vista responsable. 

Todo esto desde un punto de vista externo, pero ¿y mi experiencia personal? ¿Cómo se presenta todo esto en mi familia de origen?

Nosotros somos tres hermanos, con nuestra madre que tuvo que trabajar y sacar adelante a sus tres hijos sola, porque nuestro padre falleció cuando nosotros teníamos edades tempranas. Mis hermanos llegaron a alcanzar una profesión, pero el que escribe por dedicarse a la música no quiso estudiar ninguna profesión. Y esto lo digo, porque creo que es justo decir todo sin saltarse nada. Una adicción a las drogas oscureció mi juventud, haciendo la vida de mi madre y mis hermanos, no muy grata de sobre llevar.

Como era lógico, y por el paso de la vida que nos conduce  necesariamente a formar nuestros propios hogares, cada uno de nosotros tuvo que casarse y formar su propia familia. Fue en este momento, en que cada uno de nosotros tenía que aplicar todo lo que nuestra madre nos había enseñado  con  relación a la responsabilidad, al vivir este acontecimiento. Esos conocimientos que no lo encuentras en las escuelas ni en las universidades, si no en el seno de la familia. Y quien más que nuestra madre para enseñarnos esto.

Si tengo que contar algo y trato de decirlo en su totalidad, tengo necesariamente que decir lo siguiente sin ánimo de herir susceptibilidades. Mi hermano mayor sufrió ruptura de matrimonio, y mi hermano menor tuvo tres compromisos con hijos en los tres. El que escribe mantiene su matrimonio hasta la fecha, sin hijos que nos acompañen. Pero ¿Qué pasó, si los tres fuimos educados por nuestra madre de la misma manera? ¿Qué faltó que nos enseñara?

El cariño que siento por mi madre y mis hermanos, no anulan mi sentido de apreciación cuando me dicen algo erróneo sobre mi relación matrimonial. Para mi madre y mis hermanos es un hecho, de que si yo sigo con mi relación matrimonial, es porque me dejo dominar por mi esposa. En términos populares: soy “un pisado” o “un saco largo” Es doloroso saber que las personas a las que queremos mucho, piensen de esa manera. Para mí, es como si me consideraran sin voluntad propia. Mi madre en alguna oportunidad me comentó, que le había dicho a mi hermano, que debía disculparme porque yo era débil. Una profunda pena invadió mi alma.

Mi esposa y yo, nos casamos en el año 1982, y en el año 1999 empezamos a participar activamente de la Iglesia Católica. Fue la Iglesia que nos mostró realmente que significaba estar casado como Dios manda. Nos enseñó cómo mantener una relación estable de matrimonio. Quien sabe de repente si no hubiéramos tenido este conocimiento, nuestro matrimonio se hubiera desecho hace tiempo. Pero esto no es un modelo a seguir, porque hay matrimonios que llegan hasta el final, de una manera natural, sin que la Iglesia se los enseñe. Esto es por la voluntad de Dios.

Mi hermano menor lamentablemente, (y digo lamentablemente porque deseo de todo corazón que no estuviera pasando por esto) bebe licor constantemente. Y de vez en cuando me llama en ese estado, o cuando me llama bueno y sano, es para darme malas noticias. Siento temor cuando recibo una llamada suya. El sábado pasado recibí una llamada suya, que entre sollozos me decía. “hermano, hermano” en ese preciso momento sentí que algo me subía desde los pies hasta la cabeza, algo como una calentura, primera vez que me pasa esto. Pero luego me di cuenta que estaba en copas y trataba de decirme algo que no le entendía. El susto que me pegué, fue tremendo, pensé que lo peor había pasado con mi mamá.

Este 14 de Junio ha sido su cumpleaños. En la noche de ese día, mi mamá me llamó para preguntarme si lo había llamado para saludarlo, le dije: “El sábado me dio el susto de mi vida” pero mi madre me dijo: “llama a tu hermano, para saludarlo, es tu hermano llámalo” Esto que me dijo mi mamá, me sonó como a una llamada de atención. Hace mucho tiempo que no sentía esta sensación de recibir un regaño de mi mamá, me acordé de mi infancia, de todos los momentos cuando me llamaba la atención por las travesuras que hacía. O también cuando en mi juventud, tuve la desagradable experiencia de la adicción. Pero también me sonó como a que no le importaba lo que yo pude haber sentido en ese momento al recibir la llamada de mi hermano. Por supuesto que estoy recontra equivocado, pero eso sentí al instante de su llamado de primera intención.

Siempre voy a sentir mucho cariño por mi madre y mis hermanos, siempre los voy a querer con todo mi corazón. Pero también me dará mucha pena (como repito), que las personas a las que quiero, piensen que no tengo voluntad propia, que no puedo decidir qué hacer dentro de mi matrimonio. (Que dicho sea de paso, nadie tiene porque intervenir) Siempre esperaré que un día venga mi hermano menor a mi casa (bueno y sano), para decirle que lo quiero mucho, pero que no estoy de acuerdo con lo que piensa de mí.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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