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lunes 12 de abril del 2021
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Idealismo, miradas vacías y mis preguntas a Dios

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Llegamos a una cabaña de pescadores, a la orilla de la playa, y la pobreza de quienes la habitaban era reveladora; jugaban varios pequeños, menores de 10 años; sus padres nos atendieron con la mejor intención, ante la expectativa poco frecuente de ganar un poco de dinero. Me detuve ante la mirada vacía de una jovencita, de no más de 17 años, con un niño en sus brazos; su temprana maternidad llegó sin cristalizar aún sus sueños infantiles. Me pregunto: ¿A cuántos seres humanos hemos perdido como resultado de la miseria y el abandono?

Nunca sabremos las riquezas inexploradas perdidas para la humanidad. En otras condiciones, esa jovencita sumaría su intelecto a la ciencia, las letras, la música o tal vez formando seres superiores en su papel de madre. Pero instalada ahí, en su ignorancia, quizá muera sin saber jamás los talentos que tuvo y la noble causa a la cual, tal vez, hubiera servido.

Esta vivencia estalló dentro de mí; me cuestioné cuál sería la razón de su existencia y encontré una respuesta, no menos cruel, pero muy reveladora. Me imaginé hablando con su espíritu, le decía: "Te conocí de pequeña, cuando tu mirada buscaba estrellas; tus esperanzas eran el mañana; tus sueños entretejían relucientes amaneceres; pero los años transcurrieron, y ese espacio que tuvo su tiempo terminó. A la orilla del camino perdiste tu estrella, la esperanza y el futuro se esfumaron en una realidad sin presente; tu vida se vació en una noche oscura. Tu único pecado fue nacer sin oportunidades y hoy, sin saberlo, quizá tu silencio reclama agobiado por tu realidad. Porque en el mundo que naciste no existió alguien que luchara por tus sueños. Y sabes, niña-madre, que aunque no has visto tus esperanzas convertidas en promesas de realización alcanzadas, tu mirada vacía y sin futuro germinará en otro tiempo. Como un rayo de luz se incendiará en el corazón de los idealistas. Entonces tus lágrimas se convertirán en una fuerza avasalladora, que luchará para que los deseos de los niños del mundo se realicen y encuentren un espacio y un tiempo para su felicidad y prosperidad".

Esta escena, de seres humanos que viven su vida sin sentido como resultado de la ignorancia y de las depravadas acciones de los explotadores que sólo buscan saciar su ambición sin límites, es tan común y corriente que ya no nos sorprende. Es más, los miserables ya no nos causan compasión sino desdeño, pues son sucios, burdos y muchas veces atrevidos.

En realidad, deberíamos despreciarnos a nosotros mismos porque no hemos tenido el coraje y la pasión para rescatar a seres tan reales como lo somos nosotros mismos. Si yo tuve oportunidad, ¿por qué ellos no?

Cuando observa la miseria y el abandono de un niño de la calle, ¿ha pensado que tal vez usted pudo haber sido ese niño?

¿Acaso habrá algo por qué luchar, que esté más allá de su propio bienestar y de su familia? Si así fuera, ¿cuál seria esa causa?

En nuestra región existen muchos seres que han nacido desprovistos de oportunidades. Solamente en América Latina de cada 100 habitantes, 63 viven en la miseria. Piense usted ¿qué se podría hacer por ellos?, ¿qué seria usted capaz de realizar en su favor?

Es necesario que cada uno de nosotros cumpla sus obligaciones: como ciudadano, estudiante, profesional, ama de casa, en fin; todos tenemos el deber de cumplir cabalmente nuestras responsabilidades y quehaceres. Pero necesitamos hacer algo más: luchar más allá de nuestro propio bienestar. Pensar en tantas personas que, aunque no son el resultado de nuestra irresponsabilidad sino fruto de injusticias cometidas por otros, nos reclaman la parte más hermosa de nuestro ser: generosidad, la estrella de bondad que Dios ha depositado al nacer en todos los seres humanos. Debemos recuperar nuestra capacidad de dar y crecer en el amor.

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Acerca del autor

Hermel Balcázar Campoverde © www.aicad.es

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