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domingo 25 de octubre del 2020
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La Mona “Lista”

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Hace unos días contemplábamos atónitos una supuesta superioridad en agilidad mental de un simio con respecto al ser humano. La noticia mostraba una prueba en la que un chimpancé debía memorizar una secuencia de números en orden ascendente y aplicarla en un monitor de ordenador. Bien, el antropoide resuelve el ejercicio sin ningún tipo de problema. Acto seguido se le propone resolver el problema a una persona y falla.

Es evidente, o al menos a mí me lo parece, que el animal ha sido sometido a un estricto entrenamiento en dicha prueba durante un período de, ¿quién sabe?: ¿días, semanas, meses…? No quisiera excederme más... El método consiste en aprender de memoria cada secuencia, prestando más atención al recorrido que ha de hacer el dedo que a los distintos símbolos numéricos que aparecen en la pantalla. En definitiva, se provoca al cerebro a actuar como una máquina, sin aplicar ninguna lógica, sin buscarle un sentido a lo que está realizando.

Quizás con esto podamos decir que el simio no procede con inteligencia, sino como un mecanismo automático incapaz de pensar por sí mismo. Sin embargo, damas y caballeros, no se apresuren a creer que el hombre gana esta batalla de intelecto pues, ¿acaso no nos sometemos nosotros también a la misma clase de aprendizaje? Yo diría que sí, desde bien pequeñitos además. ¿O no les parece esta, amigos, la base del sistema educativo de hoy y de siempre? A saber:

-Estudiar de memoria y al pie de la letra todos los datos:

-¿Por qué…?

-Porque sí, porque es así.

-Sobrevivir a las terribles y agobiantes temporadas de exámenes, para poner a prueba nuestros conocimientos (más bien nuestros nervios, diría yo). Soltar toda esa carga que nos pesa en un folio en blanco de forma mecanizada, y olvidar para siempre este horrible episodio –y ese montón de datos que saturaban mi cabeza-. ¿Entonces de qué sirve?

-Vender nuestra satisfacción a uno de esos símbolos que el mono pulsaba en el cristal, marcado a tinta en una esquina del folio. Medir nuestra capacidad de “no” pensar en una escala del 1 al 10. ¿Y no calificábamos al que obtenía las puntuaciones más altas como “un máquina”? Nunca mejor dicho.

En resumen, queridos amigos y amigas, la cuestión no es si los simios son inteligentes, sino si los seres humanos lo somos.

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