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martes 18 de febrero del 2020
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Ateo también debe orar

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Que nosotros, los Seres Humanos, aprendamos a mitigar el dolor de los que padecen y a regocijarnos en el júbilo de los que se alegran. O seremos cualquier cosa, menos Humanidad.(Paiva Netto)

En el mensaje de la presente edición, Paiva Netto nos insta a reflexionar sobre el poder de la Oración, como el más poderoso instrumento del Alma humana para vencer el dolor y los dramas personales de la vida cotidiana. Orar, para él, por eso se asemeja a la meditación, tantas veces utilizada por los que se consideran ateos, cuando se dedican de corazón puro a los semejantes. El texto integra el capítulo 55 del libro El Capital de Dios (Editora Elevação).

Siete de Septiembre, el llamado Día de la Independencia (en Brasil), que debe aun completarse. ¿Pero cómo empieza la liberación de un Pueblo formado por religiosos, agnósticos, ateos y jaraneros? Por el esclarecimiento del Espíritu, cualquier que sea la forma por la que lo admitan o entiendan. Pensando en eso, en homenaje a todos ustedes que me honran con su lectura, les dedico esta página en la que deseo compartir la emoción de encontrar en la Espiritualidad Superior las más faustas respuestas a las más profundas ansias de Paz que habitan en la conciencia humana de los que desean la genuina liberación.

Amar es una oración

La Oración no es el refugio de los cobardes ni de los ociosos. Ella nos eleva, el trabajo nos realiza. El Papa reza, el Dalai-Lama medita, Chico Xavier ora, los rabinos entonan sus súplicas, los evangélicos cantan sus alabanzas a Dios, los islámicos recitan el Santo Corán, Madre Teresa de Calcuta rezaba, Helen Keller también, hasta Cony ora, en el amor a su perrita Mila. Amar es una oración. ¿Qué no es la Oración, sino el Amor de que se dispone para grandes logros? Un hermano ateo, cuando realiza un acto que beneficia a la colectividad, está orando. Rezar no es una acción simplemente figurada. Es el más poderoso instrumento que la esencia humana, el Capital Divino, posee. Como afirmaba el monje católico alemán Tomás de Kempis (1380- 1471), en Imitación de Cristo, "sublime es el arte de conversar con Dios.” En estos tiempos de mundialización en que muchas fronteras caen, preferentemente sobre las cabezas de las poblaciones más pobres, el Pueblo busca un rumbo seguro para la existencia, regida por fuerzas discordantes. Sin embargo, no siempre es el mejor de todos el destino que se le ofrece. Y la Historia se repite en la sumatoria de frustraciones que pueden desembocar en un movimiento incontrolable de masas. Las naciones también vomitan*1. Buscan, por lo tanto, aliento para sus dolores en lo Invisible. Empero, como algunos se acostumbraron a una visión restrictiva del Poder Espiritual, a menudo elevan su oración a un dios antropomórfico, que no les responde, pues ni siquiera existe (...). Creo que hasta Marx entonaría la oración, como poderosa herramienta psíquica para fortalecer la mente y factor de estabilidad ante los dramas personales y familiares que todos enfrentamos. Pese a la convicción de algunos, el creador del marxismo también era Ser Humano, preocupado a su modo con los problemas sociales. Ciertamente, el polémico autor de El Capital meditaba acerca de sus ideales. A sabiendas o no, de cierta forma oraba. En Crónicas y Entrevistas*2, me referí a que "orar y meditar se asemejan”. (...)

El compañero fiel

El Maestro Dolor es el fiel consejero que habla con los que de él supieron aprovechar la lección que la existencia distraída no es capaz de ofrecer porque no conoce.

He ahí, sin embargo, que siem­pre surge en el horizonte de la amargura la mano extendida del Dios Divino, permanen­temente dispuesto a levantar al caído que Le suplica socorro. En ese momento, la cria­tura encuentra a Su Creador, se así es su voluntad, de acuerdo con el libre albedrío inviolable. Materia y Es­píritu interactúan y la solu­ción inalcanzable resulta factible para el que posee Fe que Realiza. ¡¿Por qué Fe que Rea­liza?! Porque no basta con poseer Fe. Es necesario hacer de ella un acto concreto que favorezca al individuo y su colectivo. Es lo que se llama Solidaridad.

Muy a propósito, cabe aquí una enriquecedora cita que consta en el prólogo de la obra literaria de la Libertad Cristiana, de Martín Lutero, traducida por el profesor Leônidas Boutin, con el apoyo de los reverendos pastores Heinz Soboll y Richard Wengan, de la Comuna Evangélica de Curitiba, estado de Paraná, Brasil, en 1958. Por considerarlo oportuno, la incluí en una de las páginas de mi libro Reflexiones del Alma, con el siguiente comentario:

"Uno de los principales cuestionamientos de una buena parte de los que desean la salvación espiritual es ‘¿Qué le agrada más a Dios?’. El gran reformador Martín Lutero (1483-1546) tiene la respuesta, citada por el profesor Leônidas Boutin: ‘tener Fe verdadera e inquebrantable en la Palabra de Dios, que está en las Sagradas Escrituras. Y quien tiene verdade­ramente Fe ha de practicar Buenas Obras, es decir, amará al prójimo, pues es imposible tener Fe sin practicar Buenas Obras, que son, así, consecuencia natural e inevitable de ella’.”

Orar fortalece

Al acostarme, en el amanecer de un día ya lejano, como de costumbre elevé una oración a Dios, con la esperanza filial de me­recer Su misericordiosa atención. Al abrir mi Alma al Padre Celestial, sentí Su compasiva influencia vibrando en mi Espíritu. Y no hay en esta afirmación ninguna jactancia, por­que Jesús nos enseña que el Reino de Dios está dentro de nosotros (Evangelio, según Lucas, 17:21).

¡Ah! ¡Qué Excelso placer es usufructuar de una gotita aunque sea de Su Carida­d! Es consuelo seguro en este mundo de ardientes y continuas batallas. De ese indecible contentamiento fue merecedora, por persistente y humilde, la Madre suplicante que deseaba la salud perfecta para su hijita (Evangelio, según Mateo, 15:21 al 28).

La Mujer Cananea

Al buscar a Jesús, la desconsolada madre, que era de la región de los cananeos, perseveró firmemente en su intento de conseguir socorro para la hija, que se encontraba atormentada.

Pero antes de ayudarla, el Cristo quiso poner a prueba la Fe que ella poseía.

Y dijo Él:

— No es justo tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros

Ella, sin embargo, insistió: — Así es, Señor, pero los perros también comen de las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

Entonces Jesús afirmó:— ¡Oh mujer, grande es tu fe! ¡Sea hecho contigo como quieres!

Y su hija quedó sana desde aquella hora.

Me refiero a ese pasaje de la Mujer Cananea, que aparece en la Buena Nueva del Cristo, de acuerdo con el primer Evangelista, para recordar la necesidad del desprendimiento y de la paciencia para conquistar las promesas del Altísimo. Conviene recordar esta declaración del inolvidable periodista, escritor y poeta Alziro Zarur (1914-1979), en diciembre de 1974, en la ciudad de Glorinha, estado de Rio Grande del Sul, Brasil: — Las cosas divinas requieren de sacrificio.

La Oración

A los que también lamentan las muchas luchas diarias, consagro esta conversación con El que puede oírnos, aunque seamos arrogantes y pretenciosos:

¡Oh, Dios, que eres mi refugio!

¡Oh, Dios! A Ti, otra vez, elevo mi pensamiento y encuentro respuesta a mis propósitos, amparo para los más desafiantes proyectos, porque jamás arriaré Tu Bandera, que preconiza:— (...) Paz en la Tierra a los de Buena Voluntad (Evangelio del Cristo, según Lucas, 2:14). Lejos de mí augurar la falta de ánimo, que proclama un Juicio Final sin remisión, cuando eres Tú — en todo — el Principio Eterno de la permanencia pujante de vida. En Ti no oigo el abismo, pero deslumbro la redención. Creo en el Amor Universal, que conduce a la supervivencia al género humano, que es porfiado en subsistir, a pesar de las muchas celadas que encuentra en su camino. Esta es mi Fe que realiza, que vive en Paz con las demás; mi ideal ecuménico de Buena Voluntad, que se esfuerza por la confraternización de todas las naciones del mundo, por ser formadas por criaturas Tuyas, oh, Creador Único de Cielos y Tierra!

Eres la Fraternidad Suprema, el abrigo de los corazones. En él no estoy de paso. (...) Me encontré a mí porque me identifiqué con Tu Amor. Eres el auxilio definitivo para mi Alma. Siento a mi ser transbordar de alegría. En Tu Espíritu, me reconozco como hermano de mis hermanos en Humanidad. En ese Edén, que es Tu Sublime Afecto, no me veo como expatriado, abatido por las tempestades del desaliento, lejos de los entes más queridos. Por fin me encontré, ¡oh, Dios!, porque Te encontré. Tú me esperabas, hacía tanto tiempo, y yo no lo sabía. Por lo tanto, mi corazón no vaga más sin paradero: en Tu Divino Seno, encontré refugio; bajo Tu Amor, mi seguro techo; en Tu Regazo, descanso para el Alma. ¡Gracias a Ti doy, Padre Magnánimo, por oírme! Hoy entiendo que eres integralmente Amor, pues eres Caridad, Madre y Padre de la verdadera Justicia. En Ti mora, con abundancia, la genialidad*3 por la que tantos claman, pues de ella el Planeta carece: Tu Majestuosa Claridad, que desciende a nosotros indistintamente, aunque no nos percatemos. Confiando en Tu Criterio Sobrenatural, Te entrego mi destino, porque mi seguridad de hijo está en Tu Sabiduría de Padre! ¡Que así sea!

De este modo concluí la sentida oración. Nada mejor que hablar con Dios, principalmente en las horas en que espiritualmente nos debemos fortalecer, que, al final, son todas ellas. ¡¿Quién no sufre en este orbe o padece de la privación de algo que las satisfacciones terrenales más sofisticadas no suplen la falta?! Busquemos en la Fe la Esperanza que necesitamos para nuestro sustento físico, mental y espiritual. ¿Qué Fe? Escoja la suya. Al terminar mi oración, sentía en mí el aliento de la clemencia de nuestro Amabilísimo Educador.

El notable científico francés Alexis Carrel (1873-1944), Premio Nobel de Medicina en 1912, tras un exhaustivo estudio, definió: — La oración verdadera es un camino de la vida; la vida verdadera debe ser un medio de oración.

Tiene razón el sabio Carrel. Cualquier liberación — que no haga del Ser Humano un esclavo — inicia en la región del Espíritu. Por lo tanto, no habrá grito de Independencia definitivo si, por la indispensable educación de la mente y del corazón, se olvide, en el Tercer Milenio, que no hay nación fuerte si sus componentes no saben qué hacen en este mundo. Volveremos a ese asunto.

*1 Las naciones también vomitan — Consulte Reflexiones y Pensamientos — Dialéctica de la Buena Voluntad (1987), pp. 109 y 110, de Paiva Netto.

*2 Crónicas y Entrevistas — Libro de Paiva Netto, lanzado por la Editora Elevação, durante las celebraciones del Congreso ¡Viva Jesús! en Belo Horizonte, estado de Minas Gerais, Brasil, en diciembre del 2000.

*3 La genialidad que Jesús aprueba— Lea en la obra Somos todos Profetas, del Líder de la Buena Voluntad, p. 36 – 44a edición.

 

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Acerca del autor

José de Paiva Netto Presidente de la Legión de la Buena Voluntad.

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