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domingo 23 de febrero del 2020
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En octavo de EGB participé en un concurso de redacción patrocinado por Coca Cola. La primera fase se realizó en el colegio y el profesorado eligió la opción de que cada uno de nosotros escribiera un cuento o relato corto. Nos dejaron las vacaciones de Navidad para la redacción. En el mes de enero expusimos todos nuestras creaciones; bueno, todos no, mi cuento fue leído por un compañero, ya que entonces solía atrancarme con frecuencia en público y, por alguna razón que luego comprendí, el profesor de Lengua prefirió que lo presentara uno de los niños que mejor leía de la clase, Francisco Javier.

De todas las historias, evoco la de mi amigo Juan, que trataba de una familia que emigraba a Alemania; dura, sentimental y calurosamente aplaudida por todos. Quedó la tercera. En mi opinión, debería haber ganado esa fase y, seguro, hubiera hecho un buen papel en la final, que se celebró en Cádiz, ya que el tema fue sobre la democracia y ahí Juan hubiera rayado el cristal. Mi cuento trataba de un niño huérfano, los Reyes Magos y un beso de su madre; quedó segundo. El primer puesto se lo llevó Juan Manuel, hijo del profesor de Mates (no recuerdo de qué versaba su relato).

Me regalaron un libro sobre la historia de los Papas. Los dos primeros fuimos a la fase final (recuerdo la tristeza de Juan). Y pasó todo sin pena ni gloria. El caso es que unos meses después, escuché en la Cadena Ser la convocatoria de un concurso de relatos cortos y animado por un familiar, con dos reproductores de cassettes domésticos y música de Villancicos, grabamos la master (si aquello se podía llamar master) con la voz de mi hermana y la enviamos a la emisora. Pasaba el tiempo y nada, ni una referencia, ni una carta, nada de nada. No podía ser. Aunque la grabación fuera deplorable, que lo era, el contenido era maravilloso (para mí, se entiende), había recibido los aplausos de toda una clase de octavo de EGB. No me lo explicaba.

Y un día de verano, caigo en un pequeño detalle. Con la ilusión y las prisas, había introducido el cassette en un sobre, había puesto la dirección de la Cadena Ser y ya está, ni un remite, ni una referencia en su interior respecto al autor, su dirección etc. Los trabajadores de la emisora serían muy profesionales pero dudo que fueran adivinos. Mi gozo en un pozo.

Manuel Velasco Carretero

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