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domingo 23 de febrero del 2020
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¿Salvaje Internet?

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A final de 2006 leía en El País que, según un estudio de la multinacional McAfee, “las redes sociales son un vehículo ideal para los delincuentes tecnológicos”. "Existe una falsa economía de la confianza. La gente no presenta sus datos personales a desconocidos en la calle, pero la creación de perfiles en la Web significa que los delincuentes pueden acceder instantáneamente a una verdadera mina de datos".

Pinché la búsqueda de mis datos en Google y, por un instante, me inquieté. Bromas aparte, desde hace unos años he procurado que Internet sea una herramienta de comunicación más y, al fin y al cabo, es la misma información que doy en una entrevista de trabajo, en una actividad formativa, a un cliente, a un proveedor, a mi entidad financiera, etc.

Luego, la charla con algunos profesores del ramo de la informática y las telecomunicaciones, renovó la confianza en las tecnologías. Son los gajes de esta Economía y Sociedad que nos ha tocado vivir. Coinciden conmigo en que McAfee es una de las Cías más antiguas en materia de antivirus, por lo que les cuesta digerir algunas de las afirmaciones del informe que se lee en el diario virtual antes vinculado.

Por ejemplo, no estamos de acuerdo (yo también me meto en el saco) y creemos que es, cuando menos, ligero el comentario acerca de “dar los datos personales a desconocidos en la calle”. Las preguntas que surgen son del tipo: ¿Cómo oferto mis servicios profesionales de manera transparente y sincera? ¿Y la persona que escribe en papel su autobiografía o le escriben su biografía? ¿Y el transeúnte que de manera espontánea y franca te da un abrazo en plena calle?, etc.

Resulta que existe otra Economía, otra Sociedad, otras reglas del juego y, por derivación, otra delincuencia. Antes tenías que ser precavido con determinadas cuestiones; ahora con otras. Me gusta encontrarme en Internet con personas con nombres y apellidos, al igual que en la calle y respeto al que guarde su identidad, al igual que en la realidad. En Internet me engañarán en más de una ocasión, lo sé, pero en la calle también.

Cuento en los blogs historias reales que pienso pueden ayudar a otras personas, al igual que lo hacía con mis alumnos o con los equipos a los que he tenido y tengo la oportunidad de dirigir. Evidentemente, son muchas las otras historias que por discreción, secreto profesional o prevención, quedarán por siempre en el baúl del olvido, al igual que en la vida real. De hecho, pienso que Internet, también es cada día más real.

En lo que a las redes sociales se refiere, pienso que se obtienen muchos más beneficios que perjuicios y, en cualquier caso, es parte de la Economía y la Sociedad del siglo XXI, por lo que hay que aceptarlas e integrarlas. Me muevo en varias redes de profesionales que, al fin y al cabo, también son sociales (ver post Networking), complementando a mis redes de contactos tradicionales (colegios profesionales, clubes de antiguos compañeros, peñas, etc.).

Por desconocimiento, no incluyo las bases de información furtivas en las que se encuentran mis datos y que hacen atrancar periódicamente mi buzón de correos, agotar el contestador telefónico o reventar el gestor de e-mail.

Finalmente, al igual que en la vida tradicional ¿real?, procuro dibujar en mi tarjeta virtual de presentación el perfil profesional real, como soy, sin trampas ni cartón, con mis “tonterías” incluso, de forma que el potencial contacto, colaborador, cliente, alumno o llano visitante del portal, de un golpe de vista, me acepte, me rechace o, como me decía hace unas semanas un transeúnte bloguero, me ponga en cuarentena.

En síntesis, como todo en esta vida, tiene su ying y su yang. Las redes sociales no son jauja o del tipo Second Life, pero tampoco son el infierno o el pecado. Sin prisas, pero sin pausa, hay que ir asimilando el concepto e integrarlo en nuestra vida, fundamentalmente desde la óptica profesional, aunque no se deben descartar los efectos terapéuticos y de relaciones desde el punto de vista personal, eso sí, con las debidas precauciones, cubiertas, fundas o protecciones ¡como en la vida tradicional!

Manuel Velasco Carretero

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