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viernes 25 de septiembre del 2020
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Los Bibliotecarios Derrumban Estereotipos

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Tal vez los estereotipos con los que hemos vivido por tanto tiempo nos remiten a personas encerradas entre montañas de libros, introvertidas, supuestamente dedicadas a entregar, día tras día, los materiales bibliográficos que les solicitamos, sin capacidad de creación. Pero los que se aferran a esas concepciones corren el riesgo de quedar varados en el tiempo, con un elevado subdesarrollo mental. Vivimos en una sociedad donde la información se ha convertido en un preciado bien; sin embargo, su superabundancia nos puede perder ante las diversas fuentes que coexisten y esa información, clasificada, resulta imprescindible en todos los niveles para la toma de decisiones, desde la más simple como qué comprar en la semana hasta importantes asuntos militares. No todos pueden lograr un manejo efectivo de los amplios volúmenes de información y para eso se estudia la carrera universitaria de Bibliotecología y Ciencias de la Información. Costó trabajo; pero afortunadamente ya existe una mayor comprensión hacia la función social que desempeñan los egresados de esta especialidad. Los bibliotecarios cubanos celebran el 7 de junio su Día Nacional. Las festividades son un momento para reconocer logros, avances y premiar a las personalidades con una destacada trayectoria. Al mismo tiempo, la jornada también pudiera funcionar como un llamado de atención sobre algunos de los problemas que todavía afectan al desempeño profesional de los bibliotecarios.

EL PADRE DE LA BIBLIOGRAFÍA CUBANA

El 7 de junio de 1802 nació Antonio Bachiller y Morales, considerado el Padre de la bibliografía cubana y en su honor se celebra el Día del Bibliotecario. La vida de este hombre resultó interesantísima; aunque su figura no se recuerda con todo el énfasis que merece. Bachiller y Morales fue uno de los intelectuales de mayor reconocimiento en la sociedad habanera de mediados del siglo XIX. Todos destacaban de él su erudición en diversos temas. Graduado de Derecho por la Real y Pontificia Universidad de La Habana, ocupó varios puestos administrativos como el de Secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País y luego asumió la cátedra de Filosofía del Derecho en la Universidad. En 1860 fue elegido Concejal del Ayuntamiento de La Habana y desde esa posición hizo todo lo posible para la conservación de valiosos documentos guardados en el Archivo Municipal, en especial las antiguas Actas Capitulares. Un año después, Bachiller y Morales dio a conocer su obra más importante: "Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba", de la que formaron parte su "Catálogo de libros y folletos aparecidos en Cuba desde la introducción de la imprenta hasta 1840" y "Publicaciones Periódicas: Catálogo razonado y cronológico hasta 1840 inclusive". Nunca antes una persona se había atrevido a reunir todo lo publicado en el país y los textos de Bachiller y Morales cuentan con una cifra cercana a los mil títulos, ordenados cronológicamente. Para lograr esta exhaustiva compilación, Bachiller y Morales utilizó su propia biblioteca, la de la Sociedad Económica Amigos del País y la de la Universidad. El material es de un inmenso valor y gracias a él se ha podido estudiar y comprender mejor el universo cultural cubano de la primera mitad del siglo XIX. Bachiller y Morales también tuvo una intensa producción periodística y su firma o seudónimo apareció en publicaciones como El Puntero Literario, La Siempreviva, Faro Industrial de la Habana, La Serenata y Revista crítica de ciencias, artes y literatura. Además, escribió las novelas "Matilde o los bandidos de Cuba", en 1837, y "La Habana en dos cuadros o La Seiba y el Templete", en 1845. En 1869 la vida de Bachiller y Morales cambió notablemente después que firmó, junto a otros amigos, un documento que solicitaba la autonomía para el país. Cuba estaba en guerra desde 1868 contra el poder colonial español y el cuerpo de Voluntarios, uno de los más sanguinarios que existió, la emprendió contra los firmantes de la carta. Bachiller y Morales tuvo que partir de inmediato hacia los Estados Unidos con su familia. La casa fue saqueada y los soldados destruyeron su rica biblioteca. Meses más tarde, recibió la triste noticia de la muerte de su hijo Antonio quien se había incorporado al Ejército Libertador. El añorado regreso de Bachiller y Morales a Cuba no se produjo hasta 1878, luego de finalizada la Guerra de los Diez Años. Falleció en 1889. Sobre él escribió José Martí el 24 de enero de ese año, en El Avisador Hispano-americano: "americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo asiduo, abogado justo, maestro amable, literato diligente, era orgullo de Cuba Bachiller y Morales, y ornato de su raza. Pero más que por aquella laboriosidad pasmosa, clave y auxiliar de todas sus demás virtudes; más que por aquellos anaqueles de saber que hacían de su mente capaz, como una biblioteca alejandrina fue Bachiller notable porque cuando pudo abandonar a su país o seguirlo en la crisis a que le tenían mal preparado su carácter pacífico, su filosofía generosa, su complacencia en las dignidades, su desconfianza en la empresa, sus hábitos de rico, dejó su casa de mármol con sus fuentes y sus flores, y sus libros, y sin más caudal que su mujer, se vino a vivir con el honor, donde las miradas no saludan, y el sol no calienta a los viejos, y cae la nieve".

UN PREMIO EN SU NOMBRE

La Academia de Ciencias de Cuba creó, en 1993, el Sello Conmemorativo "Antonio Bachiller y Morales". Cada año la Asociación Cubana de Bibliotecarios y la Sociedad de Información Científica y Técnica otorgan el Sello a personalidades e instituciones como reconocimiento por los méritos alcanzados en la contribución y apoyo de la actividad bibliotecaria e informativa. Como ha sucedido en las últimas dos décadas, desde que en 1981 fuera instituido el 7 de junio como Día Nacional del Bibliotecario, se realizarán actividades por todo el país. Fiestas, elogios. Pero más allá de una jornada, la labor de los bibliotecarios y especialistas en Ciencias de la información necesita de una mayor aceptación y, sobre todo, de una mejor utilización de sus competencias profesionales. Derrumbar estereotipos no es nada fácil; sin embargo, resulta imprescindible dejarlos atrás porque, aunque la brecha digital se interponga, en la llamada Sociedad de la Información la economía y los procesos productivos se desarrollan, fundamentalmente, en torno a un gran bien: la información.

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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