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martes 28 de septiembre del 2021
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Misionologia 20

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Continuación de las grabaciones magnetofónicas de las clases de Misionología

Historia de la Evangelización de América Latina.

Dimensión misionera de la Iglesia (Mateo 28, 18 ss.) Verán que allí está el Germen, o la Teología de la misión. Cristo envía a hombres de nuestro pueblo. Los envía a trasmitir, no solamente el mensaje, si no, una vida; la trasmisión evangélica no es solamente trasmitir contenidos más o menos interesantes, o profundos, si no, trasmitir una vida. La vida de Jesús. La vida de Gracia. La vida de Dios. Si no fuera así, la misión seria algo muy disminuido. Sería una especie como de nociones, ideas de conceptos, y los misioneros auténticos, como Pablo, como Toribio de Mogrovejo, han comprendió que debía trasmitirse algo más que un sistema catequístico, o de nociones sistemáticamente organizadas. En otras palabras, la Iglesia continúa la obra del Señor.

Y la misión es eso, trasmitir a regiones, a países, a continentes, que no han oído la voz de Cristo. Trasmitirles lo que Cristo fue, lo que Cristo enseñó. No es algo sobre añadido. La misión no es un encargo que se añade a lo que ya tiene. La Iglesia no forma parte de su ser esencial, y esto desde el comienzo.

A veces se dice que hay que dejar a cada pueblo con su cultura propia íntegramente. No hay que traumatizarlos con nociones ajenas. Uno piensa que hay esa frase que puede resultar simpática a primera vista, sin embargo hay una negación a la misión, porque es como decir. “Los apóstoles, quedarse encerrados mirándose a las caras los unos a los otros, par no intranquilizar ni a romanos ni a germanos, ni rusos, ni griegos”   Si hay que dejar a cada uno con su cultura original, entonces había que dejar pues que adoren a la luna, al sol, a los arboles, como eran los judíos germanos.

Pero felizmente la Iglesia va por todo el mundo y anuncia el Evangelio. Eso se puede complementar también con (Juan 17-3) La importancia que tiene el anuncio de Cristo, no es algo lateral o accesorio. “En esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a Ti, único Rey Verdadero”

Así como hay una misión del Hijo respecto del Padre, así a nosotros el Hijo nos envía para que anunciemos la vida eterna, y de esto estaban obsesionados todos los apóstoles de la Iglesia, cuando veían que un pueblo estaba adorando otros dioses. Sentían una profunda tristeza, porque comparaban la riqueza que llevan sus corazones y la orfandad, sombra o escases espiritual de un pueblo que no está en la vida recta del conocimiento de la verdad.

El salmo 119, es el salmo más largo de todo el salterio, tiene 176 versículos. Una vez un alumno me dijo: “Padre, pero es un salmo muy repetitivo”    Depende como lo leas. Es verdad que se repite “Tu ley es para mí, mi gozo y mi alegría. Tu ley vale para mi más que la plata. Tu ley es más dulce que la miel” La ley de Dios, la voluntad de Dios, para la persona, tiene que ser algo que nos llene, que nos realice.

Esto es un principio de pedagogía religiosa. No es como la imposición de un profesor que dice “si ustedes no h acné esto no cumplen esto, se van al infierno”. Esto es una especie de terrorismo religioso.

Bebemos sentir un gozo espiritual, una alegría. No mirar el fundamento de Dios, como una cosa que te va recortar, que te va disminuir. Así no se hace de ninguna manera atrayente al cristianismo. Si no es una vida nueva, muchísimo mejor, mucho más noble.

Es admirable la civilización azteca, la peruana. Cuando he estado en Sechin cerca de Cazma. Esos dioses felinos feroces, uno dice: “Aquí si se cumple un poco la religión por el miedo. Un poco el temor, el miedo reverencial, y ahí vienen los sacrificios para aplacar a los dioses. Nosotros tenemos que ver que Cristo es el amor. Que se hace hombre, y que quiere que nosotros ayudemos a trasmitir esta más que Verdad. Esta Vida.

San Pablo es el misionero por excelencia. “Hay de mi, sin o evangelizo”  Hay de mi, o sea, estoy traicionando mi vida y mi misión, si yo no anuncio al Señor Jesús. Y vive angustiado por esa prisa de llevar La Palabra de Dios, a rincones muy lejanos. Lo mismo ocurrió con San Francisco Javier. Cuando estaba en la India, desea salir más allá de la India. Va al Japón, y quiere pasar a la China, y en eso le sobreviene la muerte. Y es que el Evangelio tiene una fuerza extraordinaria. Es un dinamismo intrínseco. Pero tremendamente exigente, urgente. Es la semilla que crece sin que sepamos (como dice Jesús en el Evangelio) “Para hacer crecer una semilla, no hace falta que el jardinero sea un perfecto ingeniero agrónomo”  el jardinero no sabe cuál es el proceso de una planta. Pero la semilla crece al margen. Crece por su virtud intrínseca. Tener fe en esto. Tener fe que si nosotros sembramos, tal vez no lo veremos nosotros. Como dice San Pablo. “Uno es que siembra, y otro es el que recoge” y nadie debe sentirse frustrado. Sería una mala señal de una persona que quiere ver cada momento los resultados. Un persona muy interesada, más bien sembrar, ya otro recogerán. Nosotros pasamos a segundo plano.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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