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martes 26 de marzo del 2019
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Misionologia 39

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Continuación de las grabaciones magnetofónicas de las clases de Misionología

Entonces ¿Qué ha sucedido en esta Santa Iglesia de Dios?, En el cristianismos, que para nosotros es mucho más fácil quedarnos con lo que es visible, palpable, y por eso, la Historia de la Iglesia ha quedado siempre en torno a las figuras visibles, y a la tendencia del hombre a retratar a Dios.

En el Antiguo Testamento, podían retratar a Dios, y Dios lo dice. “Nada de Imágenes, porque yo no puedo estar en una imagen” y se los prohíbe terminantemente. Hay todavía hoy en día algunas sectas, que viven en el Antiguo Testamento. Y tienen ese pretexto como una de sus grandes afirmaciones o convicciones. Es poco ridículo que cuando uno tiene un árbol ya en la casa, se siente a contemplar la raíz noche y día. A qué pasa lo mismo. Cuando ya el Nuevo Testamento, está funcionando a lo largo de los siglos, y se ha hecho vida que se trasmite, como es propio de la vida que se trasmite pon contagio, y por contacto, que haya hombres y mujeres que todavía contemplando estos mandatos, o sea, cuando dijo Jesús: que el único mandato que él nos dejaba era el amor, y que el amor era la señal que éramos discípulos suyos, y que por lo tanto, tanto más superas la ley en función del amor, tanto más te pareces a Él. Pues bien en la época del amor, de la superación de la ley escrita, cuando dice santo Tomas: “La ley del cristiano, es la estricta del corazón por la presencia del Espíritu Santo” o sea, no la que tu lees en tablas, si no, la que te pervives en la interioridad. Cuando estamos ya en esta época, de la ley del Espíritu, la ley del amor. Que nos vengan recordando estos mandamientos, y preceptos, y prescripciones, y normas, y prohibiciones, y condenas, ya está bien de tomadura de pelo.

Cuando menos necesito los mandamientos, es mejor señal, y tu dale con los mandamientos. Porque no somos capaces de amar. Necesitamos que nos recuerden que no hay que hacer el daño. Exactamente como no somos capaces de ser generosos, nos tiene que recordar que no hay que robar. Como no somos capaces de ser castos, nos tienen que recordar, no cometas acciones contra el orden sexual. Como no somos capaces de santificar las fiestas, tiene que decirnos, iras todos los domingos a misa, y sin no vas, pues cometes pecado mortal.

Con la venida de Jesús, se nos reveló la intimidad de Dios. Que había en Dios una vida insospechada, un contenido inimaginable. No era un ser en solitario. No era un monoteísmo absolutamente al estilo de los judíos del Antiguo Testamento. O de los Mahometanos de estos tiempos. Un monoteísmo radical. Sino que había en ese monoteísmo una vida, y una vida que se expande de forma personal. Porque en esa intimidad había amor. Y entonces la venida del Espíritu Santo, gracias al envió del Hijo, nos descubrió esto. Que Dios sea amor, y entonces hemos llegado a esta conclusión. Que si Dios no fuera uno, no sería Dios, porque no puede haber dos dioses. Pero si Dios es amor, debe ser necesariamente comunión. Como si no fuera uno, no podría ser Dios, y así la conclusión de la venida de Jesús al mundo, fue que nuestro Dios es uno y nuestro Dios en comunión. Y entonces todo cosiste ahora en que el género humano, camina hacia la unidad, para que participe de la comunión con Dios. Y esta tarea se la encomienda a Jesús. Jesús la revela al mundo, y se la encomienda al Espíritu Santo.

El mundo tiene que ser uno para que participe de la comunión Divina. Cuando todo esté realizado según este plan, el Hijo presentará al Padre el fruto de esta labor, que ha conseguido realizar el Espíritu Santo en el mundo. Que es la recapitulación de todas las cosas en el Hijo, y así ven todo parte del Padre por el Hijo, del Espíritu Santo. Si la miran desde el más allá, y si lo miran desde la historia, todo se realiza en el Espíritu Santo, por el Hijo, camino hacia el Padre, y así podemos decir que el Espíritu Santo, es realmente el alma de la misión. La vitalidad de la obra de Cristo. La fuerza de la evangelización, la porción vivificante, y unificante de la creación entera.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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