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jueves 23 de mayo del 2019
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Misionologia 64

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Capitulo quinto: Espíritu Santo e Iglesia misionera.

La misión es obra a la vez de la Palabra y el Espíritu. Jesús se hizo visible y realizó una misión concreta en la historia dentro de una cultura y en una época. La misión del Espíritu es universal y alcanza todos los tiempos y todas las culturas.

Los hechos nos presentan la historia de la Iglesia que comienza con la despedida de Jesús. Y es que la Iglesia nace cuando Jesús se ausenta. Si Jesús está todavía en forma visible entre nosotros, todavía no ha surgido la Iglesia. Cuando Jesús se ausenta, entonces nos envía el Espíritu.

También se derrama la fuerza del Espíritu en los momentos de persecución. Esteban se había presentado en medio del sanedrín y había lanzado un mensaje valiente de acusación a los judíos y de proclamación de la nueva fe. Mientras todos se enfurecían contra él. “El lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la Gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios”

Es por la fuerza del Espíritu como se trasmite en la nueva comunidad el Kerigma, o proclamación de la fe. Semejante es el mensaje que Pablo proclama en Antioquia de Pisidia. “Por el Espíritu Jesús ha resucitado de entre los muertos”

El bautismo y la confirmación son los sacramentos que donan el Espíritu y  a la vez introducen en la comunidad de la nueva vida que adelanta el Reino de Dios. 

De los libros del Nuevo Testamento también podemos decir que son todos ellos libros misioneros y escritos en forma itinerante para consolidar a las Iglesias misionadas.

Este dinamismo evangelizador y misionero es obra del Espíritu que es energía y fuerza difusora en los corazones. Por eso la Iglesia del Espíritu que nos narran los hechos es esencialmente Iglesia misionera que vive en crecimiento sombroso.

Estamos en una situación crucial de nuestra sociedad que tiende a la planetización y donde multitud de filosofías, de ideologías, de religiones y de sectas pugna por adueñarse del control de los ánimos. Eso representa una desafío para el cristianismo, mayor que el que pudo ser el descubrimiento de los nuevos continentes, la difusión de la cultura occidental por toda la tierra.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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