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miércoles 26 de junio del 2019
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Misionologia 65

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Capitulo sexto: Encarnación misionera y redención.

La inculturación se apoya en la noción fundamentalmente cristiana de la encarnación. Y la encarnación significa que Cristo no solo tomo nuestra carne, sino que se hizo en todo semejante a nosotros, menos en el pecado. Más aún no tomo la naturaleza en abstracto, sino que se encarno en su pueblo y en su cultura y vivió la vida de acuerdo a los modos de ser de su época y los modos de interpretar el mundo de su pueblo judío.

Este principio de la encarnación es esencialmente cristiano y por eso mismo nos cuesta muchas veces comprenderlo y asimilarlo. Y es que la encarnación significa fundamentalmente abajamiento y limitación para comunicarse más plenamente con los otros. “Me he hecho débil para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa alguna” (1 Cor. 9,19ss)

Si la Iglesia olvidara que la mayoría de los países considerados propiamente de misión pertenecen al llamado tercer mundo. Existe siempre el peligro de mirarlo con cierta superioridad y despreciar muchos de sus valores tradicionales que habrían de ser sustituidos por los occidentales.

Por eso el cristianismo no puede considerarse como todo ya hecho y concluso que se exporta a los países mensos desarrollados. El cristianismo, es un mensaje de salvación que se ha encarnado en el mundo latino y occidental y que necesita todavía encarnarse en las nuevas culturas de los llamados países de misión.

Esta inculturación es la que prohíbe un fácil proselitismo que consiste en asimilar nuevos miembros a la comunidad misionera, sin esfuerzo alguno de dialogo enriquecedor.

Por eso se ha dicho que el cristianismo necesita en los países de misión, no solo nobles creyentes, sino además una generación de pensadores, de artistas, de poetas, de músicos y sobre todo de santos que vivan el cristianismo en forma propia y desde la nueva cultura.

La Cruz Redentora:

Hemos propuesto hasta ahora la tarea de inculturación, como medio ineludible de una actividad misionera cristiana. Pero sería ingenuo pensar que por la sola inculturación se puede lograr un cristianismo autóctono en las diferentes culturas. Eso supondría olvidar la dimensión de pecado que se da en todas la estructuras humanas. Pues solo si el pecado no existiera, podría el Evangelio avanzar con su fuerza salvadora, sin encontrar resistencia y persecuciones. Y la misma obra de Jesús nos muestra que la encarnación no es el camino completo de la salvación, sino que se ha de completar con la redención que significa muerte y sufrimiento.

Lo mismo le ha de suceder a la Iglesia. El proceso de encarnación en las culturas no podrá realizarse, sin la ineludible presencia de la Cruz, y de la persecución.

Capitulo séptimo: La obra misionera.

Comenzamos por señalar que por ser misionera la Iglesia en todas sus dimensiones, la iniciativa misionera no se podrá dejar a la Santa Sede. Ha habido una concepción de las misiones que parecía dejar toda la iniciativa al cuartel general; establecido en el Vaticano. Era la Congregación llamada De Propaganda Fidei, moderadamente designada como Congregación de la evangelización de loa pueblos. Esa centralización pudo ayudar a una determinada estrategia y a una planificación general, por medio de los cuerpos de ejército que eran las Congragaciones misioneras. Pero en el fondo esa centralización surgió, cuando declinó el ímpetu misionero de las Iglesias Particulares. Y a su vez contribuyó a despojar a esas Iglesias de su misión y consiguientemente a despotenciarlas evangélicamente hablando.

De hecho todos los cristianos debemos ser misioneros. El bautismo que nos asimila a Cristo, es sacramento misionero que nos envía a evangelizar.

Solo así, en un Iglesia en que todos somos misioneros, se podrá vivir la autentica experiencia evangélica que es: “Mas feliz dar y comunicar que recibir”

Pero quizás hoy se insiste más que nada en la necesidad de que las Iglesias Particulares sean auténticamente misioneras. La Diócesis no debe ser una organización sedentaria que administra bienes y custodia el orden de las parroquias. La Iglesia Particular, presidida por el Obispo, debe estar en constante dinamismo misionero.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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