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jueves 09 de abril del 2020
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La Ansiedad Generalizada

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La Ansiedad Generalizada

Cuando la ansiedad toma posesión de ti llegas a desear despellejarte vivo para sacar aquello que llevas dentro y que tanto te molesta. Puede manifestarse de muchas maneras, pero fundamentalmente tiene dos caras: una física y otra cognitiva.

La cara física de la ansiedad en si ya es suficientemente inquietante y desagradable como para condicionar tu vida. Piensa que tener ansiedad física es como estar constantemente preparado para salir corriendo o tener siempre la sensación dentro de ti de que algo malo va a ocurrir. Es como si minuto a minuto pensaras que un león va a devorarte o que, en definitiva, tu vida o integridad física corre peligro.

Todo esta tranquilo, estas a salvo pero tu mente cree que no es así y dispone a tu cuerpo a ser congruente con ello. Si tu integridad física esta en peligro, no puedes estar relajado. Es necesario tener las pulsaciones por encima de cien, respirar entrecortado, tensar uno o varios grupos musculares y permanecer hipervigilante a tu entorno. Y todo ello, llevado a cabo sin levantar la mas mínima sospecha en tu entorno. Familiares, amigos, vecinos, viandantes y demás humanos con los que puedas interactuar no detectan ni uno solo de los aspectos que acabo de describir.

Por si ese estado de hipervigilancia e hiperpreocupacion constante (la parte física) fuera poco, puede aparecer (o no) una ansiedad cognitiva que te lleva a un estado de desasosiego interno que encaraman esta situación psicológica a lo mas alto de la lista de las situaciones incomodas o indeseables.

La ansiedad cognitiva, esto es, todo lo que se te pasa por la cabeza en forma de pensamiento cuando existe un proceso de ansiedad en marcha, lastra mas, si cabe, el fenómeno. Pasar por un anden o un puente, o asomarte a una ventana conlleva que se te pase por la cabeza lanzarte a ese vacio. Ver un cuchillo de cocina puede suponer que se te pase por la cabeza que sin desearlo puedas utilizarlo contra ti o contra otras personas, normalmente gente cercana y querida. Los cristales pueden despertar el pensamiento de autolesiones. Cortes en uno mismo y sangre ocupan horas y horas la cabeza durante el día.

Tenemos del orden de 60.000 pensamientos al día, la mayoría repetidos. Solo con que uno de ellos sea de estas características ya puede ocasionar cierto malestar; pero si de esos 60.000, 30.000 o más giran en torno a este tipo de imágenes mentales nos haremos una idea de que estamos hablando. El poder inquietante que estos pensamientos tienen solo lo conocen aquellas personas que han sufrido un episodio de ansiedad más o menos intenso.

El ansioso normalmente desconoce que este, simplemente es un fenómeno que se comporta así, que por mucho que piensen en coger un cuchillo y clavárselo en el pecho a su madre nunca pasa y que de ansiedad nadie se muere. Esta ignorancia al respecto, unido al hecho de sufrir en silencio la totalidad o una parte importante del fenómeno, convierte en un infierno interior la vida de cualquiera que pase por ahí. La posibilidad de sincerarte con la persona próxima y confesarle el tipo de pensamientos que se te pasan por la cabeza es inconcebible en los primeros estadios del episodio y, desde luego, solo (o sola), casi nunca se lleva a cabo.

Es cuando el episodio remite espontáneamente (cosa que suele suceder) o cuando es sometido (normalmente con ayuda de un psicólogo) cuando se puede llegar a plantear abiertamente a los familiares, amigos y personas cercanas este aspecto de la ansiedad. El por que se genera este bucle físico‐cognitivo en los episodios de ansiedad todavía se discute. Siendo prácticos, lo cierto es que no importa. Lo importante es tener claro que puedo hacer hoy para aplacar la situación. Quisiera también animarte a convertir en pilar esencial sobre el que descansa la superación de un episodio de ansiedad el hecho de hablarlo. Con un psicólogo es ideal, pero si no, hazlo con un sacerdote, con un amigo o con un cojin. Abordar verbalmente el tema es el banderazo de salida de tu recuperación. Se que inexplicablemente algunas personas tenemos una extraordinaria dificultad en tratar según que asuntos pero este aspecto no es negociable.

Hay que verbalizar la situación obligatoriamente.

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Acerca del autor

R. Rodriguez www.psicocentro.net

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