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sábado 23 de marzo del 2019
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Semana Nacional de Liturgia 06

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El misal es el libro clave para la celebración de la Eucaristía.- Todavía no ha sido publicada la traducción de este libro en la lengua vernácula, generalmente las conferencias están trabajando. Es un libro oracional y como tal es necesario que lo sepamos manejar, estudiar, vivir, celebrar y comprometernos ha hacer que la Iglesia crezca constantemente.

El libro del misal, tiene diversas partes. Primero tiene los documentos de aprobación, después está la Ordenación General del Misal Romano. Este documento práctico para la celebración de la Eucaristía, ese documento que usamos hoy que está sobre el Altar.

En la tercera edición del Misal en latín, ese documento ha surgido unas variaciones, se han introducido cosas nuevas, se han especificado algunos ritos, se han eliminado también otras cosas. Con la experiencia de los años Posconciliares. Es un documento que recomiendo en los grupos de las parroquias, de leerlo con mucha atención, no es solamente un documento disciplinar de normas, siempre hay una frase una palabra que nos dé la clave teológica de cada momento litúrgico.

Pero vemos que hoy día se corre la idea de un nuevo Misal, una nueva Ordenación General del Misal Romano, y eso se extiende en revistas, en artículo, en propaganda, etc. Y no sé uno nuevo, sino que el Misal de la tercera edición en latín y la traducción que vendrá en las lenguas vernáculas, solamente se le introduce unos elementos nuevos, se ha reestructurado algunas partes, sobre todo para las misas de diversas circunstancias, con la experiencia de 40 años.

Pero el documento base es el que salió el año 1965, con el Papa Pablo VI, es lo que la Iglesia a orado siempre, y lo que la Iglesia cree, tiene una tradición muy antigua y se ha ido modificando, introduciendo algunos elementos.

El Misal es un libro muerto, está en la Sacristía, está en el Altar, es un libro que está escrito y nada más. Ejemplo de un signo litúrgico: el incienso, y el fuego. Es necesario juntar el incienso con el fuego para que se eleve el humo y el perfume, exactamente pasa con  el Misal, nuestro corazón es el fuego, y el Misal es el incienso. Por eso que en nuestra liturgia romana latina, el incienso siempre es un signo de oración hacia el Señor. Debemos saber ver el Misal, y también la Liturgia de las Horas, ver lo que es esta escritura. Es una letra, pero esta letra necesita vida, necesita del corazón, necesita todo nuestro ser, o si no es letra muerta.

El misal hace posible que se celebre el Misterio Pascual de Cristo. Sin Misal no podemos celebrar. El Misal es necesario que lo usemos antes de después de la celebración no durante la celebración. Antes para prepararnos, porque realmente lo que hacemos es preocuparnos, tenemos que saber acercarnos a esos textos litúrgicos.

Recuerdo que cuando comencé a estudiar Liturgia en San Anselmo – Instituto Litúrgico Pontificio – el profesor nos dijo, hagan comentario de una oración, peor ¿Qué pasó?, que decíamos muchas cosas, y lo que decía la oración no lo decíamos. La reflexión, ir meditando poco a poco, repitiendo, es lo que va haciendo que nos centremos en aquello que dice la oración, y no aquello que nosotros queremos decir, y entramos en otro concepto de lo que es la objetividad de la Liturgia.

A veces vamos a la celebración litúrgica, desde un sentido subjetivo. La espiritualidad litúrgica tiene sus libros, esos libros son los libros litúrgicos, principalmente son los que usamos cotidianamente. El Misal, y la Liturgia de las Horas, es el andar con los pies, la devoción y la Liturgia.

Instrumento de Comunión.- Es esencial, fundamental, pero la comunión hay que entenderla. Comunión con lo invisible y comunión con lo visible, es decir, en la celebración eucarística nos unimos con Dios, por medio de Cristo en el Espíritu Santo, haya un comunión  entre el hombre y la mujer, que participan con relación a cada una de las tres personas de la Trinidad, es la comunión invisible y esto es necesario. Pero hay también una comunión visible, es el crear una comunión entre los que nos hemos reunido, y después ser testimonio de comunión en nuestra vida cotidiana. Un cristiano nunca puede crear división, nunca puede crear marginación o separación, si vive la Eucaristía, ahí aprende a vivir la comunión, y la comunión es común-unión. Generalmente la comunión es la expresión que aplicamos para comulgar uniéndonos con Cristo Sacramentado.

Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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