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martes 26 de marzo del 2019
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Semana Nacional de Liturgia 14

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Hay costumbres en ciertas naciones. El sacerdote sale a la puerta de la Iglesia, y allí va saludando a todos, y un saludo humano, cordial, y allí se entera, si en una familia hay un enfermos, ha pasado esto, ha pasado lo otro, hay una persona desconocida, le saluda con más atención, etc. Y de la puerta inicia la procesión de entrada hacia el presbiterio. Hay un recibimiento, pero no cuando estamos dentro.

El primer saludo del sacerdote es: “El Señor esté con Ustedes”, es el reafirmar que Cristo está presente en la Asamblea, y este es un optativo presente, o sea, está. Y esto lo iremos encontrando en la celebración eucarística varias veces. Lo encontraremos antes del Evangelio. Quiere decir que el Señor está en la Palabra, por lo tanto no son repeticiones inútiles dentro de la celebración, y después antes de iniciar el Prefacio, va a estar presente bajo las especies sacramentales, y antes de la bendición final, para que lo que se ha celebrado se viva.

Estos saludos dentro de la celebración, están en función de las diversas presencias de Cristo en la celebración. La Iglesia se manifiesta cuando se reúne exteriormente, entonces la reunión de la celebración eucarística, es precisamente esa Epifanía de la Iglesia, y hemos de dar testimonio de nuestras reuniones ante los demás no creyentes.

Cristo está presente en el Ministro.- Es lo que nos dice el mencionado Concilio de Trento, pero vinculado a las Especies Sacramentales, y está en la sesión 22 del Concilio Tridentino, del día 17 de setiembre de 1562. Nos habla por lo tanto que en el sacrificio de la Misa, el Ministro es un representante, preside la celebración representando a Cristo, haciendo las veces de Cristo, ocupando el lugar de Cristo, personalmente es Cristo, por lo tanto son palabras que expresan esta realidad. El Sacerdote es otro Cristo en la celebración, porque él no dice en la consagración: “Este es el cuerpo de Cristo”, sino “Este es mi cuerpo”. Y al decir mi cuerpo, encarna totalmente a Cristo. De ahí ese sentido de responsabilidad sacerdotal. El saber encarnar esa presencia de Cristo en su persona, y  que los fieles sepan descubrir en él a Cristo.

Entonces el sacerdote debe saber cómo encarnar, en las actitudes, en las formas, en los movimientos, en los gestos, en las palabras, encarnar totalmente a Cristo en su persona, y así ayuda a la Asamblea a descubrir en él a Cristo. ¿Cómo Cristo, haría los signos?, ¿Cómo se movería en el presbiterio?, ¿Cómo hablaría en la homilía?, etc.

Cristo en la Palabra.- Este ha sido un redescubrimiento de que Cristo está en la Palabra. Cristo es el Verbo, es la Palabra, y esa Palabra necesita una voz humana para ser trasmitida. El lector es la voz de La Palabra de Cristo, que se hace presente, y si Cristo nos habla evidentemente, el está presente.

La responsabilidad de los lectores para que la Palabra de Dios caiga en la Asamblea, de lo contrario el instrumento, la voz, es un instrumento ineficaz, inútil, que no trasmite con toda claridad la Palabra de Dios a la Asamblea. De ahí que los lectores tengan que prepararse, tienen que ser responsables. Hay lectores que comienzan sin prepararse, están a la mitad de la lectura y no se han dado cuenta que le micro no funciona, o comienzan a dar golpes al micro, y es falta de educación. Hay muchos párrocos que dice: “pero si hace dos años que he cambiado los micros, y ahora no funcionan” (risas)

El lector tiene que comunicar la Palabra viva a la Asamblea, y que se entienda lo mejor posible. Imaginemos que Cristo un ida en la parroquia en vez de salir el lector, El se hace presente, y comienza la lectura del Génesis, Etc. Va leyendo despacio, y Cristo desaparece. Aquella lectura la recordaremos siempre en nuestras vidas. Hemos de saber completar esa Palabra de Dios, con unos ojos grandes de fe. Si solamente en la celebración, sin pretender otras cosas, que en la celebración eucarística, tuviéramos una conciencia cada vez más viva, y que viviéramos la presencia de Cristo en la Asamblea, en el Ministro, en La Palabra, y en los Sacramentos, quizás nuestras celebraciones cambiarían en un 100%

Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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