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domingo 24 de marzo del 2019
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Ovnis 01

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Desde muy joven siempre me apasionó el tema relacionado con los famosos platillos voladores, y a lo largo de mucho tiempo me fui documentando de este asunto. Pero descubriendo también que de toda la información que iba adquiriendo, lamentablemente el 90 % de ella se notaba de lejos que era falsa. No sé si seria sugestión o algo psicológico de mi parte, pero cuando llegaban a mi mano los textos y fotos, podía percibir una sensación especial en algunos de ellos. Como que se me  escarapelaba el cuerpo con solamente algunos de estos datos.

En la actualidad, con los avances en las comunicaciones por Internet, podemos tener acceso a más información sobre este apasionante tema, lo que no ocurría en los años de mi juventud. ¿Pero cuando empezó todo esto de los platillos voladores?

La siguiente información es extraída del pequeño libro del señor Mario Lleget titulado ‘Dossier Ovnis hoy’ con algunas modificaciones para su perfecta comprensión. Y tratando de resumir el contenido para que no sea tedioso el tema.

El 24 de Junio de 1947, el piloto civil norteamericano Kenneth Arnold, volaba en su avioneta particular. Eran las 2 de la tarde y viajaba de Chahalis a Yakima, en el Estado de Washington, a 2800 metros de altura, en una atmosfera limpia y transparente, cuando según sus propias palabras, vio una sucesión de destellos luminosos hacia el norte del Monte Rainer. Observando con atención, divisó una hilera de nueve objetos brillantes y al parecer metálicos, que evolucionaban a la altura de los picachos cubiertos de nieve. Arnold quedó asombrado de cuanto veía, y sintió prisas por tomar tierra canto antes. Ya en el suelo, no se mostró parco en sus declaraciones como vamos a ver.

“Su forma era discoidal y aquellos objetos parecían hallarse unidos entre sí – declaró a la prensa – Era como si estuvieran unidos por un vinculo invisible, pues cada dos o tres segundos oscilaban ligeramente y cambiaban de rumbo de manera simultánea”

Arnold calculó la velocidad y la distancia. Aquellos objetos se encontraban – cuando los vio – a unos 40 Km. De distancia y su velocidad no sería inferior a 2,400 Km/hora. El tamaño de los mismos le pareció enorme. Pero lo que le llamó mayormente la atención era su extraña forma discoidal. “Parecían – dijo – dos platillos unidos por su parte cóncava” De ahí nació la desafortunada imagen de los “platillos volantes” que se prestaría a multitud de chistes tan fáciles como de pésimo gusto.

Aquella histórica observación de los primeros OVNIS sólo duró tres minutos, pero sus secuelas todavía están presentes después de todos estos años de avistamientos y de autentica “oleadas” de Objetos Volantes No Identificados. Estos términos en el idioma inglés dieron este resultado: (Unidentified Flying Objects) UFO y de aquí, el estudio de estos asuntos se llamó ‘Ufología’

De momento lo OVNIS, fueron tomados a broma por los científicos, más que nada por el sorprendente bautismo de que fueron objeto. Pero no tardarían en dar lugar a situaciones dramáticas. Veamos ante todo, un caso que hizo correr auténticos mares de tinta: la misteriosa muerte de Thomas Mantell conspicuo piloto militar que al parecer halló un trágico final en plena persecución de un OVNI.

Ello aconteció el 7 de Enero de 1948, cuando Mantell despegó de una base próxima, con órdenes expresas de perseguir a un Objeto Volante no identificado que volaba a unos 6,000 metros de altura cuando fue avistado por el radar. El mensaje de Mantell a su base de tierra parece que podría reconstruirse así: “Me acerco a la “cosa” para examinarla, pero la “cosa” sube más y más a una velocidad igual a la mía” es decir, manteniendo siempre las distancias. De súbito, cambia de tono de voz y desde la base captan el siguiente mensaje: “Ahora la “cosa” se despega y huye delante de mí a una velocidad de vértigo…..” Era el final. Mantell ya no volvería a transmitir a su base.

Dicen que aquel disco metálico desapareció literalmente en el cielo, acelerando muy por encima de la velocidad del F-51 del capitán Mantell, y volando más allá del techo que le era permitido a un aviador en aquella época.

Poco después los restos estriados del F-51 aparecieron diseminados a casi 50 Kilómetros a la redonda, como si el aparato se hubiera desintegrado al entrar en contacto con un potente e invisible campo magnético. Y el cadáver de Mantell apareció junto a los restos de su avión. Mientras testigos oculares del misterioso objeto, supuestamente causante de la muerte de Mantell, calcularon que por lo menos mediría setenta metros de diámetro.

Continua.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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