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domingo 26 de septiembre del 2021
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Ovnis 05

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La siguiente información es extraída del pequeño libro del señor Mario Lleget titulado ‘Dossier Ovnis hoy’ con algunas modificaciones para su perfecta comprensión. Y tratando de resumir el contenido para que no sea tedioso el tema.

¿Cómo se imaginan los científicos la propulsión de un OVNI? En el supuesto de que los OVNIS, sean realmente de otros mundos, ¿Es posible imaginar algún sistema capaz de permitirles sus insólitos movimientos? De momento, en los círculos ufológicos, hace años que se conoce la teoría del capitán René Plantier, en verdad interesante.

René Plantier, as de la Aviación francesa, sugiere que los OVNIS, utilizan un campo gravitatorio propio, es decir que se desplazan apoyándose en principios físicos que permiten utilizar en beneficio propio las fuerzas de la gravedad. Lo curioso es que Plantier concibió su ingeniosa teoría mucho antes de que se oyese hablar de “platillos volantes” encontrándose en Indochina, se preguntó ¿Qué características debería tener un aparato aéreo para funcionar mediante una simple manipulación del campo gravitatorio? Y llevando este estudio a sus últimas consecuencias, esbozó una descripción de dicho aparato que se corresponde extraordinariamente con las que facilitan quienes aseguran haber observado platillos volantes.

Siguiendo a Plantier, vamos a suponer que en virtud de un descubrimiento, que por ahora queda lejos de nuestras posibilidades, se llegase a dominar la fuerza de gravedad, anularla y dirigirla en el sentido que se desease, así como multiplicarla a nuestro antojo cuando nos conviniera. Entonces ocurrirían estas cosas:

a.- Bastaría con dirigir esta fuerza hacia arriba y hacer que fuese más intensa que la atracción terrestre, para que un objeto sometido a esta última, se elevase o, más exactamente, cayese hacia arriba.

b.- En vez de “caer hacia arriba”, orientando adecuadamente esta fuerza, se podría conseguir una “caída” en cualquier dirección, y a voluntad.

c.- El aire que rodease el objeto en cuestión, captado por el campo gravitatorio propio, seguiría  al objeto en su “caída” de modo que éste no rozaría con el aire, evitando todo tipo de recalentamiento y no dando lugar a ruido alguno, incluido el bang supersónico. Esto explicaría el silencio con que suelen maniobrar – según miles de testigos – los célebres “platillos”, capaces de las evoluciones más inverosímiles, porque su aislamiento térmico les permite toda suerte de evoluciones y alcanzar, en plena atmosfera, velocidades increíbles.

Por otra parte, lo eventuales tripulantes del “platillo” que se hallarían también bajo los efectos del campo gravitatorio propio, “caerían” con él, no sufriendo en lo mas mínimo el efecto de las bruscas deceleraciones a aceleraciones, virajes brutales en ángulo recto y demás rarezas observadas en Ufología, porque todas y cada una de las moléculas de su cuerpo seguirían la dirección en que cayese el objeto.

En resumen, Plantier nos propone esta hipótesis de base: “Es posible aplicar a todos los átomos (o a los correspondientes núcleos atómicos) ubicados dentro de un volumen determinado, una fuerza proporcional a su masa (o una característica proporcional a la misma) orientable y maderable a voluntad. Semejante aplicación de fuerzas permite maniobrar hacia arriba, hacia abajo y también mantenerse en ingravidez, flotando a la altura deseada sobre el suelo y por tiempo indefinido”

El capitán Plantier explica muchas cosas. Teóricamente explica, por ejemplo, la nubes que a veces se observan alrededor o sobre los OVNIS, cuando éstos se hallan inmóviles. Aimé Michel las llama simplemente “nubes” pero otros autores – el capitán Keyhoe, entre ellos – las definen más propiamente como cigarros, o “naves portadoras”, aunque no siempre se trataría de naves nodrizas, sino de extrañas nubosidades originadas por el campo de un OVNI inmóvil, suspendido en el espacio en perfecto equilibrio con la gravedad de la Tierra. El caso es que la teoría del capitán Plantier sugiere que la fosforescencia observada en tantos OVNIS, procede de su flujo magnético.

Continual.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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