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domingo 24 de marzo del 2019
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Ovnis 12

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La siguiente información es extraída del pequeño libro del señor Mario Lleget titulado ‘Dossier Ovnis hoy’ con algunas modificaciones para su perfecta comprensión. Y tratando de resumir el contenido para que no sea tedioso el tema.

Acaso podría ser éste el testimonio que andamos buscando: el gigante pintado sobre un paño de roca en pleno Sáhara cuando, 8,000 ó 10,000 años atrás, este desierto era todavía un vergel. Se trata de una historia cuyo origen se remonta al año 1933. El escritos galo Lucien Barnier, cita el caso del supuesto “cosmonauta” del Sáhara, en la región de Tassili-n- Ajjer, en la ondulación de terreno conocida por Jabbaren, que en lengua tuareg significa “los Gigantes”,. Fue en esta región donde el etnólogo francés Henri Lothe, estudió en 1956, unas misteriosas pinturas rupestres, cuya antigüedad estimó entre 8,000 y 10,000 años, y parte de las cuales representan a uno seres gigantescos que se asemejan de modo extraordinario a otros tantos cosmonautas “enfundados en sus escafandras”. El mayor de estos jabbaren mide seis metros de altura (y se trata de una figura incompleta, sin extremidades inferiores), y es el que indujo a Lothe a bautizarlo con el explicito nombre de ‘Le Grand Dieu Martien’, o Gran dios marciano.

Desde cualquier punto de vista que se examine, esta figura da mucho que pensar. Hoy sabemos que en el Fezzan bíblico, los hombres rupestres pintaban con tierras y huevos o leche, sobre las rocas. Ignoramos cómo se han podido conservar durante tanto tiempo estas maravillosas obras del arte primitivo, y menos sabemos aún del gigantesco arte que florecía en la zona del Tassili. Sólo podemos describir, siguiendo a Henri Lothe y a Fabrizio Mori, el aspecto de aquel “gigante vestido de cosmonauta”: la cabeza del coloso es redonda y da la sensación de hallarse protegida por un casco que presenta una especie de pequeña abertura para permitir la visión en el sentido de marcha hacia adelante…

Pero este importante descubrimiento no es, como ya sabemos, el único en su género. Existen otros gigantes o jabbaren en toda la región de Tassili, pintados sobre las rocas. Y además, en los Alpes italianos y en la región de Uzbekistan, URSS,  también se han descubierto otras curiosas figuras rupestres, que hacen pensar en una posible visita a la Tierra, en aquellos remotos tiempos, de seres procedentes del espacio. Más, todavía: en el Japón se conservan antiguas leyendas protagonizadas por misteriosas figuras que también recuerdan a nuestros actuales cosmonautas. ¿Significa todo ello – se pregunta el investigador ruso Kasántzev – que fuimos visitados por hombres del espacio cuando aquí en la Tierra nos hallábamos aún en plena prehistoria?

Autores como el citado, han especulado al respecto sobre la desaparición de un antiguo planeta, que determinados cálculos suponen que existió entre las órbitas de Marte y Júpiter; un astro que algunas teorías cosmogónicas imaginas como volatizado por algún cataclismo. Y hasta hay autores que han creído poder interpretar tal desaparición como producto de una catástrofe artificial, causada por ingenios atómicos o nucleares, creados por una remota civilización que para siempre nos será desconocida, pero algunos de cuyos supervivientes pudieron haber llegado hasta la Tierra. Ellos, los presuntos habitantes del desaparecido planeta (bautizado con el nombre de Faetón) serían, según tales autores, los cosmonautas pintados por los hombres del Tassili. Según esta hipótesis, ya no pudieron regresar a su planeta de origen y, mezclados entre los hombres prehistóricos, tal vez fueron adorados como dioses antes de ser evacuados por el delicado y a la vez ingenuo arte rupestre.

Sea lo que fuere, nos consideramos facultados para extendernos en algunas consideraciones sobre el arte rupestre, demostrativas de que las pinturas de los jabbaren – contemporáneas del despertar de la humanidad ´no tenían nada que ver con los motivos habituales ni con el estilo propio de aquellos tiempos. Examinados desde el punto de vista artístico, los habbaren no contienen los elementos mágicos y por supuesto, y con mayor motivo, del primitivo hombre rupestre. ¿Cuál pretendió ser entonces el mensaje de los hombres del Tassili? Tal vez sólo disponemos de dos plausibles respuestas:

a.- Aquellos anónimos artistas sólo se propusieron “plasmar lo que vieron” Eran gentes sencillas y felices en su Arcadia sahariana; la magia no siempre era precisa en aquel abundante vergel, y pintaban lo que veían con el mismo objetivo que los niños.

b.- Pero hay otra respuesta mucho más interesante y audaz. Los paños de roca pintados en el Tassili revelarían una verdad hasta ahora oculta: la sorprendente originalidad de un diseño fuera de tiempo para su época, superando la factura de las “cabezas redondas” y más o menos “picassianas” (transición al Neolítico), para plantearnos muy seriamente el dilema de si se trataba de la simple fantasía de una genio ignorado, o del verdadero retrato de uno o varios cosmonautas. En cuyo último caso, el famoso gran dios marciano podría ser el retrato del primer extraterrestre que pisó nuestro planeta.

Continua.

 

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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