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sábado 26 de septiembre del 2020
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El problema estructural de la educación

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Varias personas, artículos de prensa y editoriales han hecho su diagnóstico, pero son pocas las soluciones que se han propuesto. El presidente Santos y la ministra de Educación han esbozado algunas buenas intenciones que se resumen en proveer una atención integral a niños de 0 a 5 años, reducir a cero la deserción escolar, aumentar el número de computadores por estudiante, mejorar la calidad de los maestros, impulsar el bilingüismo y las carreras intermedias, aumentar los cupos y mejorar la calidad en la educación superior y establecer una mejor comunicación entre los sectores académico y productivo. Todas estas metas son loables. Falta por ver los resultados, que dependerán del buen juicio y acierto que se requiere para gastar en forma realmente útil el presupuesto de 21,2 billones de pesos que anunció el Presidente para Educación. En este blog ya se ha abordado el asunto de la calidad educativa, y se han hecho varias propuestas. Algunas de ellas, referidas, a la educación primaria y secundaria, se resumen en lo siguiente:

El Ministerio de Educación debe Liderar el proceso

Es indispensable fijar Contenidos Mínimos curriculares uniformes para el país por cada grado escolar desde Transición hasta Once

Se deben fijar como áreas prioritarias de enseñanza Lenguaje y Matemáticas

Se debe disminuir la enseñanza de Materias Superfluas, eliminando algunas; disminuyendo la intensidad horaria de otras

Dentro de cada materia importante, se deben identificar los Temas Prioritarios de indispensable enseñanza y aprendizaje (ver artículo anterior "Enseñar con resultados")

Se debe implementar un plan de Textos Escolares gratuitos o subsidiados

Se debe diseñar y ejecutar un plan de Capacitación De Docentes

Se debe fomentar la Disciplina escolar y el Respeto a los docentes

Se debe aumentar la Exigencia Académica

Es necesario atraer las Mentes Más Brillantes a la Educación y Despolitizar el gremio de los educadores

Varios o todos los puntos anteriores requieren cambios estructurales y conceptuales profundos. El Ministerio de Educación debe replantear su razón de ser. Seguramente, muchos de sus funcionarios deberán cambiar sus actitudes o ser relevados. El MEN debe revisar su posición de abandono de la función de diseñador curricular. Debe dejar de ser un defensor, alcahuete si se quiere, de la mediocridad académica representada hasta hace poco por la promoción automática y aún hoy por los logros y la aprobación por áreas en lugar de materias; de la autonomía escolar mal entendida (autonomía curricular, pero excesiva injerencia en asuntos administrativos y disciplinarios de los colegios); del celo excesivo por el cumplimiento de los derechos de los alumnos y la poca o ninguna promoción de sus deberes; de la poca exigencia académica y la negligencia ante la politización de los maestros; del desprecio por y la carencia de programas de suministro de textos escolares. Respecto a la situación de los educadores, cuya profesión está en mora de apreciar la sociedad colombiana en la justa medida de su importancia, las noticias no son buenas. Según datos del Observatorio Laboral para la Educación del MEN, la única área de conocimiento que ha graduado menos profesionales en 2009 que en 2001 corresponde, precisamente, a Ciencias de la Educación, con un descenso del 28%. Últimamente, la preocupación del Ministerio, aparte de aumentar la cobertura y evitar la deserción escolar, ha girado en torno a la conectividad y el bilingüismo. Sin abandonar esos objetivos, es necesario racionalizarlos, ponerlos en perspectiva y reconocer que las matemáticas y el conocimiento de la lengua materna son prioridades de más alta jerarquía. Los computadores y la Internet, con lo importante que son para la educación en el siglo XXI, son menos prioritarios que los textos escolares. El Ministerio debe abandonar urgentemente su fobia declarada a estos últimos. Sería ideal que implementara un plan de provisión de estos elementos indispensables para una educación de calidad. El bilingüismo sería deseable, pero requiere una inversión gigantesca y de éxito muy poco probable a un nivel generalizado. Antes de perseguir esa quimera con exceso de ahínco, intentemos mejorar el dominio del español, especialmente el vocabulario, la redacción, la ortografía y la corrección gramatical y lingüística de educadores y educandos. En vez de pensar en una educación bilingüe generalizada, el ideal sería fundar algunas instituciones preescolares y colegios bilingües oficiales en los que se enseñen en inglés las materias básicas. Enseñar inglés, en vez de en inglés, con profesores improvisados que han tomado algunas clases pero que no son propiamente bilingües no logra el bilingüismo de los alumnos. Adicionalmente, el Ministerio debe fomentar las carreras intermedias técnicas y tecnológicas de mayor demanda en los mercados laborales regionales del país. Entendemos que ya ha hecho una labor al respecto desde los gobiernos anteriores y que el actual piensa seguir en la misma línea. Lo que hace falta es mayor divulgación y superiores incentivos para la captación de estudiantes. En cuanto a la Educación Superior, también es necesario buscar un mayor nivel a medida que la calidad de los bachilleres lo vaya permitiendo. Mientras tanto, se requiere que las universidades nivelen a sus estudiantes en lugar de "promocionarlos" al anterior estilo de los colegios. Los exámenes Saber Pro (ECAES), bien diseñados, constituirán una herramienta útil para controlar la idoneidad de los egresados, tanto para acceder al mercado laboral como para adelantar estudios posgraduados. El plan de mejoramiento de la calidad educativa anunciado por el Gobierno es bastante bueno en términos generales. Solamente queremos hacer la observación de que el propósito de eliminar por completo la deserción parece más otra forma de enunciar la promoción automática que buscar la excelencia académica. Si se quiere impedir del todo la deserción, es necesario legislar en el sentido de prohibir la desescolarización para menores de 14 años, por ejemplo. Obviamente, eso solamente sería viable en un sistema de educación obligatoria y gratuita, que no creemos que Colombia esté en capacidad de implementar por el momento. Estamos a la espera de un plan de choque del Gobierno y del Ministerio, que ojalá comience a ejecutarse pronta y eficientemente, pues ¡para ayer es tarde! Colombia no puede darse el lujo de producir bachilleres semianalfabetos ni seguir ocupando los últimos puestos en las evaluaciones internacionales de calidad educativa. Debe haber cambios. Los mismos con las mismas no van a ser la solución.

Tomado de: El Tiempo

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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