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viernes 30 de octubre del 2020
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Anónimo roséense

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Algunos me han preguntado ¿por qué no doy la cara?, otros me presionan solicitándome mi "dni" o pasaporte y teléfono de contacto si quiero publicar mis artículos. Mientras que los más ingeniosos me piden el número de cuenta corriente para ingresarme los beneficios de la publicidad que realizan a mí costa... A estos últimos le he mandado a la dirección de la parroquia de mi pueblo, ya sabrá el cura que hacer con esos dineros.

De ahí que un servidor siga siendo un anónimo con seudónimo, y se deleite navegando en su barca por unos canales que pronto pasarán a ser un mar con canales.

Leo algunas protesta de algunos vecinos de la zona, me informo sobre algunas actuaciones de algún que otro ministerio y consejería y... Tomo nuevas precauciones y mantengo la cara escondida ¡no es por nada! Tan solo protejo mi seguridad alimenticia, es decir, mi puesto de trabajo.

¿Qué no es para tanto?. Quizás, pero mientras una consejería manda a una empresa a recopilar información y está, con el nombre y la firma del mismo gobierno de la región, se le permite pegar papelitos en farolas, contenedores y otros bienes públicos... Actuaciones todas ellas, que están expresamente prohibidas por las normativas municipales y ¡aquí no pasa nada!. Para un servidor es el primer aviso.

Quizás por eso, tampoco me sorprende tener que recordar los tiempos del nazismo, que iban de casa en casa y graficaban las puertas de los judíos sin que estos pudieran quejarse. Y justamente este último recuerdo me viene cuando me van explicado que un ministerio ha encargado a una empresa ¡un trabajo de campo! que obliga a sus empleados a entrar en propiedades privadas (sin tener permiso de los propietarios) y realizar pintadas con un color rojizo dentro de ellas dejando alguna que otro señal (grafitis, dicen los jóvenes entendidos en la materia).

Pero ¡aquí no pasa nada!. Las autoridades responsables, como por ejemplo en este caso la policía regional, parece no quiere darse por enterada y no admite denuncias que no sean de los propietarios o con el permiso de los propietarios para denunciar en nombre de ellos, sabiendo que la mayoría de los propietarios están en Alemania, Bélgica, Holanda, Francia y otros países allende de los pirineos.

¿Aún hay alguien? que me pueda preguntar sin malicia porque escribo con seudónimo y de forma anónima... Las consecuencias, es que no me aceptan estas notas en los diarios impresos de la región y ante el silencio de los medios, parece que por aquí no pasa nada... Mientras yo en mi anonimato sigo conservando mi puesto de trabajo y clamando en el desierto alguna que otra verdad parcialmente descubierta.

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Jaume Canals

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