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martes 07 de abril del 2020
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Por qué los policías perdonan mis infracciones de tránsito.

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¿Se imagina trabajar con gente que siempre está enojada con usted, con gente que piensa que usted es un descriteriado y que hace mal su trabajo ?. ¿Se imagina que su labor consiste en decirle a las personas cosas que les hacen enojar, en condenarlas ?. Supongo que es para mandarlo a la clínica psiquiátrica en poco tiempo. Bueno, así debe ser el trabajo de un policía cuya misión es cursar infracciones de tránsito. Nada parecido por ejemplo, el trabajo de un peluquero que conversa relajadamente con su cliente mientras lo atiende. Debe ser bastante difícil que un policía le pregunte a un infractor cómo estuvo su día de trabajo o cómo está su familia mientras le cursa una infracción no es cierto ?.

Un policía me dijo una vez que la tensión que provoca multar a los infractores se debe a que el policía sabe que sostendrá un diálogo áspero con su interlocutor. Aunque no se lo digan, el policía percibe que lo encuentran inconsciente, descriteriado, prepotente, abusador, etc. Lo percibe en el ambiente y esto no debe ser nada agradable para él.

Usted comprenderá que ante una situación así, la disposición emocional del funcionario policial no es la más adecuada como para disculpar la infracción y perdonarnos. Mirémoslo desde otro punto de vista: idealmente ¿qué esperaría el policía que sucediera cuando detiene a un conductor que ha cometido una falta?. En primer lugar que reconozca que la cometió. En segundo lugar, que acepte que cursar la infracción está dentro de lo que es correcto hacer. En general, que se muestre de acuerdo en que el policía cumple con un importante cometido social y que está realizando buen su trabajo.

Pero es más frecuente observar reacciones agresivas en las personas. Más bien descargamos nuestro enfado elaborando todo tipo de calificativos hacia el policía y los más arrogantes llegan a ofenderlo directamente.

Era yo muy joven cuando reparé en este fenómeno y me di cuenta además de que casi en todos los casos las infracciones estaban bien cursadas, es decir, la falta era real y la “defensa” de los “acusados” no era más que un conjunto de excusas rebuscadas que no se creían ni ellos mismos. Admitámoslo, es así. Descubrí además que había una correlación alta entre la amabilidad del infractor y la benevolencia del policía. Pensé también que no había nada de indigno en reconocer que habíamos pasado por alto las reglas del tránsito y desde que comencé a conducir hace ya 35 años, siempre me fue bien con los policías. De hecho, he pagado dos infracciones y me han perdonado unas 15 por lo menos. En uno de los dos casos el policía estaba con un superior por lo que no estaba en sus manos el pasar por alto el asunto y dejarme ir. En el otro caso no me gustó la actitud del policía. Me enojé, entré al auto sin escucharlo y le dije que cumpliera con su deber. Pero la mayor parte de las veces “me ha ido muy bien” con mis infracciones.

Este es mi consejo y así veo las cosas:

1.- Sea sincero consigo mismo y con el policía: No reclame porque usted cometió una infracción. Reconozca que metió la pata, eso constituirá un alivio para el policía porque habrá encontrado en usted a una persona sincera y de manera instantánea aliviará la tensión al cambiar para él sus expectativas respecto del futuro inmediato. La opinión de él sobre lo que es posible que suceda durante el tiempo que estará con usted será distinta y habrá cambiado hacia algo mejor y menos desagradable.

2.- Dígale que tiene razón, que está en lo correcto. Si tiene una excusa muéstrela como una simple causa pero no como una razón que lo exime de culpa (eso sería fatal porque estaría diciéndole que no tiene criterio). Muéstrese y sea muy digno, pero encárguese de transmitirle que lo que él hace está bien, que está cumpliendo con lo que debe hacer. Con esto el policía tendrá una conexión más cercana con usted y comenzará a verlo como un aliado: no como un contendor, pensará que usted es una persona con criterio, que razona, que es además autocrítico, justo e imparcial porque acepta el castigo. Fíjese que usted comienza a hacerse merecedor del perdón.

3.- Transmítale que respecto a las materias del tránsito, él es la autoridad y por lo tanto hágale sentir que usted no reprobará su accionar. Esto es de vital importancia porque no debe chantajearlo. Sea siempre sincero. No se trata de “yo te encuentro razón con la condición de que tú me perdones”. Eso también sería fatal. Lo que usted está haciendo es darle algo que a todos nos gusta, el poder. Con todo esto que ha hecho, usted le ha dado poder para hacer lo que deba hacer, sin inconvenientes. Pero además, usted le ha dado el poder de perdonar y le aseguro que lo va a ejercer. A todos nos gusta perdonar porque nos sentimos poderosos (en el buen sentido). Y es agradable cuando nos dicen “muchas gracias”.

Mi experiencia personal más destacable ocurrió el día de todos los santos cuando con mi esposa acompañamos a sus padres a ver a unos parientes. Prácticamente al llegar a destino me salté un disco pare y doblando la esquina me detuvo un policía en moto. Me pidió los documentos y me advierte que no respeté el disco “pare”. Inmediatamente admití mi error y, mientras él aún miraba mis documentos, le dije que estaba a su disposición. No obstante el disco pare no era todo: “además sus documentos están vencidos hace 7 meses” me dijo con un tono de enojo y decepción. Yo en realidad no lo sabía y se lo dije, aunque sin que sintiera que era una excusa. “tendría que llevarlo detenido” me dijo. En ese momento mi esposa en actitud cariñosa me dice (encargándose de que el policía escuchara) “no te preocupes por el auto, yo llamaré a mi hermano para que lo venga a buscar y nos lleve con mis papás”. Los padres de ella ya habían descendido del vehículo porque estábamos cerca y caminaban hacia la casa de sus familiares.

Creo que fue en general nuestra buena disposición lo que hizo que el policía comenzara a decirme “mire señor, yo soy del sur, de Osorno. Nosotros, los policías que andamos en moto estamos exclusivamente para esto: para los partes por infracciones y es un trabajo sumamente ingrato”. En ese momento supe que me iba a dejar seguir. Le dije que conocía Osorno y que compartía su impresión sobre el tipo de trabajo que desarrollaba. Él tenía ganas de hablar con alguien y lo hizo conmigo porque fui amable. Porque seguramente le hice sentir que cumplía un rol importante. Y continuó “….bueno mire, aquí están sus documentos. Si lo para otro policía no mencione que yo lo detuve. Váyase rápido, renueve su licencia y sea más cuidadoso”. Yo le di las gracias por haberme ahorrado un mal rato y me fui a estacionar en otro sector.

Gracias por leer este artículo. Le invito a visitar mi página www.conversandoconhumanos.blogspot.cm y a compartir opiniones escribiéndome a ayudasolucion@gmail.com

Lautaro Gajardo Millas

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Acerca del autor

Lautaro Gajardo Millas

Ingeniero Industrial

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