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lunes 27 de mayo del 2019
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¿Y esto de qué va?

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¿Y esto de qué va?

 ¿Quien conoce realmente lo que es la vida?

¿Alguien puede descifrar este misterio?

¿Por qué albergamos en nuestro cerebro las tinieblas del desconocimiento y las telarañas de la ignorancia?

Dijo una vez el famoso escritor alemán Ghoete “que no hay nada más peligroso  que un ignorante activo”  y tenía el hombre toda la razón.

Uno no puede andar por el mundo sin saber lo que se trae entre manos, hay que espabilarse de una vez y espantar de la cabeza, como si de una mosca cajonera se tratase, ese analfabetismo exacerbado, ese profundo desconocimiento, esa “empanada” mental que hace al hombre tan pequeño como una hormiga, tan simple como un botellín de agua mineral (sin gas), tan imbécil como aquel que se cree que está por encima del bien y del mal, tan vulgar como una alpargata de esparto y sobre todo tan sumamente “retrasado que acaba siendo el último de la fila, el vagón de cola, el farolillo rojo, el burro de la clase, el más torpe del pelotón, el colista de la categoría  o un completo lelo como Forrest Gump”

Sin embargo hay que tener cuidado, no obstante, con esos falsos predicadores del Siglo XXI, con esos nuevos profetas de la era de  la informática, el botellón y los intereses usureros del capitalismo bancario, que con un sermón barato, propio de un televendedor o de una estudiada estrategia de marketing de andar por casa te dirán que te has apartado del camino de la verdad, de la razón y del conocimiento y trataran de hurgar en vuestra mente, a esos, ni caso.

“Siempre, mejor solos que mal acompañados”, la excursión comienza y el ascenso a la montaña de la razón y la verdad es un largo y duro desplazamiento, así que durante el recorrido que no se os olvide beber a grandes tragos de las fuentes del saber que os encontrareis durante el camino.

Procurar que se quite lo más rápidamente de vuestro hemisferio cerebral, esa costra de subdesarrollo que los políticos aportan año tras año a la vida diaria del sufrido y paciente ciudadano de a pie, gracias también a esos malos hábitos sociales adquiridos a golpe de tragar con todo y sobre todo a la pegajosa tradición (desfasada tradición) que algunos (o muchos) confunden con la sabiduría popular y que tantos males es capaz de causar a la convivencia entre las personas

Muchas veces la ignorancia se apodera de todos nosotros y se pega a nuestro ser como el óxido a la chapa y se acaba confundiendo lo uno con lo otro llegando a un extremo tal que no basta con saber más, primero hay que desaprender para volver a empezar y  aprender de nuevo.

Sería muy interesante que todos hiciéramos un ejercicio de auto-investigación para escudriñar bien a fondo y llegar hasta el lugar más inaccesible del maravilloso y a la vez complejo funcionamiento de nuestro cerebro, a ver que encontramos, quizás alguno se llevaría una sorpresa, sobre todo los que no van a encontrar nada, que son más de los que se cree.

Si solo pensamos en lo elemental, en lo intrascendente, en lo elemental, como ¿qué me pondré hoy para salir? o  “tengo que buscar sin falta un papel para la pared con unas tonalidades en rosa que me hagan juego con los respaldos del sofá del salón”, esto más bien es cosa de “ellas”, pero es que “ellos” también tienen lo suyo (en este caso tenemos), como “me cayeron tres pelos” (pues los guardas en una caja de madera si no quieres perderlos)

o “no sé si este verano iré de vacaciones al pueblo o  al Caribe o mejor no voy a ningún lado y con el dinero que me ahorro compro un televisor de plasma con pantalla mega panorámica con sonido envolvente “ 

Podríamos seguir con unas y con otros y no acabaríamos:

¿Me hará juego la forma de  los zapatos con el diseño de los  pendientes?

¿Se me notará mucho el grano que me ha salido en la nariz?

¿Llamaré a Pepi para salir o mejor quedo con Lucy?

Y etc. Etc. Etc.

No nos quedemos en lo simple ni en lo superficial, el cerebro no se gasta por usarlo mucho y es una pena que una máquina tan perfecta apenas se utilice, incluso algunos lo tienen prácticamente intacto cuando les ponen el “traje de pino”.

Hay que procurar meterse como una taladradora  en esa senda misteriosa y apasionante que es “uno mismo” y excavar y profundizar aunque muchas veces no guste lo que se ve, si bien, en ocasiones hay quien se lleva una agradable sorpresa, ¡caramba caramba, no pensaba yo que esto podía salir de mí!. Incluso alguno se siente importante por darse un toque de intelectualidad inesperado que le va a permitir asomarse a un mundo desconocido, el del conocimiento, pero de ahí, hasta llegar a la cima de la sabiduría queda un trecho muy largo que no todos están en condiciones de llevar a cabo.

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