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viernes 26 de noviembre del 2021
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Doctrina Social de la Iglesia 02

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Las fuentes de la doctrina social de la Iglesia.-

“Las fuentes de la doctrina social, son la Sagrada Escritura y las enseñanzas de los Padres y de los grandes teólogos de la Iglesia y del mismo Magisterio”. La DSI, entonces se apoya fundamentalmente “en la  fe a través de la cual la realidad del hombre se ilumina a la luz de la realidad de Cristo”.

La referencia a las fuentes hecha por el documento de la Congregación para la Educación Católica, lleva inmediatamente a encontrar un paralelo en el texto de Constitución Dogmatica Dei Verbum, sobre la Divina Revelación, cuando afirma en el número 10 cómo está constituido el depósito de la Revelación:

“La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia”.

El paralelo entre ambos textos manifiesta claramente el enraizamiento teológico que quieren resaltar los más recientes documentos de la DSI, respecto a su propia constitución epistemológica. En consecuencia, se ubica la DSI en el campo de la Teología.

La Sagrada Escritura es fuente de la DSI porque, si la DSI quiere mostrar las luces y energías que la fe aporta para construir la ciudad del hombre, debe volverse hacia la palabra de Dios, para iluminar desde allí la realidad social, pues es en ella en donde la historia de salvación, la historia del encuentro del hombre con Dios, se encuentra contenida en forma privilegiada.

El recurso de los padres de la Iglesia como fuente permite que la DSI se fundamente sólidamente en la Tradición. Estos son escritores eclesiásticos de la antigüedad cristiana que cumplen con las condiciones de ortodoxia de doctrina y de santidad de vida. En ellos, “las preocupaciones por la justica y los pobres son muy evidentes y constituyen una rica fuente del pensamiento cristiano, en algunos casos de sorprendente radicalidad”

Ahora bien, en el texto citado de la Congregación para la Educación Católica sobre las fuentes de la DSI, “Puede llamar la atención de que no se diga ninguna palabra acerca del derecho natural, cuando es así que, por ejemplo, Pio XII afirmaba que León XIII en Rerum Novarum, se había fundado tanto en aquél, como en la Revelación, doble manifestación del orden inmutable querido por Dios”

Más aún, cuando recientemente la misma DSI parece marcar distancias respecto a la posición expresada en el Magisterio anterior al Concilio Vaticano II, cuando afirma la presencia de los “recursos del saber y de la ciencias humanas” en ella, y lo hace indicando la utilización tan sólo instrumental de los recursos de la razón, la filosofía y las ciencias, y ya no como antes afirmando el carácter de “fuente de la DSI” del derecho natural.

Cuando la Iglesia ha hablado de derecho natural, ha hecho referencia al: “reconocimiento racional de lo justo natural, en cuanto definido por la Iglesia según su experiencia humana milenaria iluminada por el Evangelio”. El cuestionamiento surge en cuanto que es un hecho que el hombre caído puede errar en este conocimiento incluso gravemente, produciéndose el peligro de aceptar elementos ideológicos al utilizar concepciones humanas de derecho natural. Por ello, no puede ser afirmado de derecho natural lo que los hombres de cada época consideran que es recto según la naturaleza.

En conclusión se puede inferir de lo expuesto que la cuestión del derecho natural como fuente de la DSI es una de las más dificultosas de ella, pues, por una parte, la Iglesia no puede sacralizar la razón humana natural ni tampoco despreciarla y es muy difícil, como en todas las cosas, encontrar el justo medio.

Abordaremos también este punto más adelante al tratar el tema del giro epistemológico de la DSI a partir del Concilio Vaticano II.

La categoría epistemológica, propia de la Doctrina Social de la Iglesia.-

Abordando el tema de la estructuración epistemológica de la DSI, luego de habernos referido a sus fuentes, nos referiremos a su tipo de conocimientos y a los elementos que la conforman. Primeramente nos referiremos a la categoría epistemológica propia de la DSI,  es decir, a su particular perspectiva epistemológica: la relación en la cual el objeto formal aborda su objeto material.

El objeto material de la DSI está constituido, de una parte, por los actos y actitudes de las personas de consecuencias sociales y, de otra parte, por las instituciones. Ambas constituyen “los problemas que surgen en la vida de la sociedad”. El objeto material de la DSI fue ampliando su ámbito explícito, desde la “cuestión obrera” en la Rerum Novarum, hasta abarcar todo el campo de la social público.

El objeto materia, es abordado por el objeto formal. “A la luz de la fe y de la tradición eclesial”. La DSI como ya señalábamos al abordar anteriormente el tema de las fuentes de la DSI, pertenece al ámbito de la teología, “y especialmente de la teología moral”.

Dentro de la teología moral, la DSI se distingue por una categoría epistemológica propia, la antropología cristiana. Lo más específico de la DSI es que mira la realidad a partir de la comprensión cristiana del hombre.

Su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y, a la vez trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana.

En consecuencia con lo dicho, podemos afirmar que el lugar epistemológico propio de la DSI está situado en el diálogo entre la Iglesia y el mundo, se constituye de la relación entre su objeto formal y su objeto material, que “es el de mediación o instrumento mediador entre la verdad evangélica acerca del hombre (objeto formal específico) y la realidad social (objeto material).

Por tanto, en razón de esta mediación, la DSI ocupa epistemológicamente una posición intermedia, en el orden racional, entre la fe cristiana y las ciencias sociales que estudian empíricamente la realidad social y, en el orden de la acción, entre la moral evangélica y los programas concretos de la actuación social.

Interdisciplinariedad de la doctrina social de la Iglesia.-

Al profundizar en el tema de la estructuración epistemológica de la DSI (luego de haber delimitado su objeto formal y material, y especificado el lugar epistemológico propio de la DSI), es indispensable referirse a su dimensión interdisciplinaria:

La doctrina social, por otra parte, tiene una importante dimensión interdisciplinaria. Para encarnar cada vez mejor, en contextos sociales económicos y políticos distintos, y continuamente cambiantes, la única verdad sobre el hombre, esta doctrina entra en diálogo con las diversas disciplinas que se ocupan del hombre.

Esta dimensión interdisciplinar “determina aún más su objeto formal en cuanto que éste informa su objeto material propio, y en cuanto también este último repercute en aquél”. De la misma manera como la DSI, desde el momento en que deduce de la Revelación verdades y elementos de valoración y discernimiento, “tiene necesidad de un sólido encuadramiento filosófico-teológico”, “la doctrina social se sirve asimismo de los datos que aportan las ciencias positivas y, particularmente, las sociales”

Ante la tentación de un discurso ético eclesial excesivamente insistente en los grandes principios morales, el hecho de que DSI se sirva de las ciencias sociales le aporta realismo a su reflexión moral. Sin embargo, al recurrir a las ciencias sociales como instrumento, la DSI deberá sortear primeramente la dificultad de la complejidad propia de las ciencias sociales, y luego el peligro de manipulación ideológica, en cuanto que en el recurso acrítico de elementos de las ciencias sociales se corre el peligro de otorgar el adjetivo de “científico” o “riguroso” a análisis que no expresan más que intereses determinados. Por ello señala la Congregación para la Educación Católica al  hacer referencia al uso de la DSI de las ciencias positivas:

El recurso de estas ciencias exige un cuidadoso discernimiento, con una oportuna  mediación filosófica, pues se puede correr el riesgo de someterlas a la influencia de determinadas ideologías contrarias a la recta razón, a la fe cristiana y, en definitiva, a los datos mismos de la experiencia histórica y de la investigación científica.

Tenemos que añadir que, reconociendo que frente a los problemas que afronta la DSI las soluciones estructurales son las que perduran, y que estas deben basarse en un detenido estudio de las circunstancias del pasado y del presente, se descubre como complemento insustituible de las ciencias sociales, el recurso a las ciencias históricas. Una panorámica global y objetiva de la circunstancia histórica en la cual se encuentra inserto el problema al cual la DSI busca enfrentar, le entregará grandes luces.

Dimensiones de la Doctrina Social de la Iglesia.-

Al estructurarse, la DSI se proyecta sobre los aspectos éticos de la vida de manera que:

Basándose sobre principios válidos, lleva consigo “juicios contingentes”, ya que se desarrolla en función de las circunstancias cambiantes de la historia y se orienta esencialmente a la “acción o praxis cristiana”.

Por ello es que si la DSI afirma poseer un cuerpo doctrinal propio, no lo considera tal, como anteriormente decíamos, en el sentido de acabado y completo definitivamente. Esta enseñanza social, ha sido enriquecida con una larga tradición, pero sigue abierta a un mundo en evolución. 

La presencia simultánea de la DSI de principios siempre válidos, junto con juicios contingentes, manifiesta la existencia en ella de una triple dimensión:

La doctrina social comporta una triple dimensión, a saber: teórica, histórica y práctica. Estas dimensiones configuran su estructura esencial, y están relacionadas entre sí y son inseparables.

La dimensión teórica está conformada por principios teóricos de raíz teológica, moral o racional, derivados del Evangelio y de la experiencia humana de la Iglesia. Su fundamento es la antropología cristiana, a la cual están íntimamente ligados los principios de la solidaridad y de subsidiaridad. Estos principios fundamentan los criterios para emitir juicios sobre las situaciones, estructuras y sistemas sociales. Por último, los principios fundamentales y los criterios de juicio inspiran directrices para la acción.

La dimensión histórica está presente en la DSI pues los documentos de ella están situados en referencia a concretas situaciones históricas, y es a estas situaciones a las cuales juzgan sus principios de reflexión, criterios de juicio y directrices. La dimensión histórica está dada, así como por la experiencia fundante y los interrogantes que de ella surgen, por el eje de relectura de la misma Tradición viva, incluido el Magisterio social anterior. Forma también parte de dicha dimensión histórica la mediación de las ciencias humanas y sociales para conocer la realidad.

La DSI posee una dimensión práctica, pues se dirige por su fin a orientar la acción humana. El camino de descenso hacia la praxis no es simplemente la aplicación deductiva y silogística de la doctrina, pues “el paso de lo doctrinal a lo práctico supone elementos de tipo cultural, social, económico y político”. El paso de lo teórico a lo práctico exige la mediación de la racionalidad práctica (ética, hermenéutica, estratégica), aplicándose los principios de la DSI bajo la dirección de los valores que se derivan del concepto de la antropología cristiana. En el camino hacia la praxis, la racionalidad hermenéutica práctica ocupa un lugar mediador entre la ética cristiana y la racionalidad instrumental práctica.

En consecuencia, estando las tres dimensiones esencialmente constituyentes de la DSI  presente de la forma anteriormente desarrollada en su estructura, se puede afirmar que están relacionadas epistemológicamente de modo circular. Esto quiere decir que, la dimensión teórica se interrelaciona con las otras dos dimensiones, y a la histórica conduce la práctica. “Hay aquí una circularidad entre el pensamiento y la acción, la espíteme y la praxis”. La dimensión teórica constituye un cuerpo articulado de doctrina, pero abierto a las nuevas situaciones históricas, en interrelación con ellas, como consecuencia de lo cual puede darse incluso una reformulación teórica; de esa forma se interrelaciona la dimensión teórica con la práctica. No olvidarnos que la intencionalidad última de la DSI es práctica; por ello, la dimensión práctica recoge las dos dimensiones anteriores: busca aplicar la teoría, y en ella recibe la dimensión histórica. A su vez, al formularse, la dimensión práctica debe hacerse histórica, con lo cual se cierra el círculo, la dimensión práctica es histórica.

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Andrés Arbulú Martínez

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