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lunes 06 de abril del 2020
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La Traición y el Perdón

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Voy a iniciar compartiendo la definición colectiva, de traición y perdón, para partir de una idea general común. El diccionario de la Real Academia Española dice que la traición es un delito que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. Dice también: alevosamente, faltando a la lealtad o confianza; con engaño o cautela. En relación con el perdón dice que es una remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. Adicionalmente, se refiere al perdón como la remisión de los pecados.

Mi interpretación de estos conceptos, en este momento, es la siguiente:

Traición: es una creencia que presupone un acto deshonesto y desleal, manejado por la ignorancia, la envidia, la ira, la codicia, la inseguridad y el miedo, que provoca heridas profundas y que destruye, generalmente, la confianza  en las relaciones.

Perdón: es un acto de desprendimiento a nivel celular. Por ende, libera las cadenas energéticas internas individuales, y aquellas que nos conectan con otros seres humanos. Especialmente, si existen situaciones pendientes, entre una o varias personas, nacidas de emociones destructivas o inferiores del potencial humano. Es la llave que abre la puerta de la resolución del karma.

Conocimiento a nivel celular: esta idea refleja la diferencia entre pensar sobre un principio o ser ese principio. Desde esta perspectiva, el conocimiento a nivel celular, es un proceso en el cual se pasa de pensar sobre el perdón a ser y a vibrar el perdón. Los conceptos se pierden porque los hechos simplemente son.  

Si analizamos el proceso que surge cuando experimentamos una traición, de cualquier índole, se podrá notar, en la mayoría, un dolor muy profundo que sacude el piso sobre el cual caminamos. Ese dolor es aún más profundo si la "traición" viene de un ser querido, un amigo de toda la vida o la pareja. En medio de este proceso, y cuando el concepto o creencia personal de "traición" se relaciona con la deslealtad o la deshonestidad, se pierde naturalmente un valor importante que nos permite relajarnos y disfrutar de la vida con mayor alegría. Perdemos la confianza. La confianza es un principio básico de la naturaleza que apoya la supervivencia y el desarrollo de las especies. Lo encontramos en los pajaritos recién nacidos que esperan la comida de sus padres. Lo mismo sucede con los niños recién nacidos, que tienen una confianza inherentemente inconsciente: esperan que sus madres se ocupen de las necesidades básicas de amor, abrigo y comida. Esa confianza, que es tan primordial, puede ser quebrantada o traicionada desde la concepción. Es importante mencionar que esta idea de traición no sólo se aplica a la relación con otros seres humanos, sino a la relación con uno mismo. Muchas veces, la traición a uno mismo es más dolorosa y difícil de perdonar que la traición que viene de otros.

Es interesante pensar que en el registro esencial energético, que llevamos en el ADN, fluyan ciertos principios universales y naturales que funcionan para la vida en la Tierra. No conozco estudios que comprueben que, en el ADN, se lleve no sólo las características físicas sino también, los principios fundamentales de la psico-espiritualidad del ser humano. Pero, no dudo que contenga algo más que información genética, orgánica y física. En este sentido, al ser creados, podrían venir impresos, en nuestros registros internos, ciertas expectativas naturales sobre principios como el amor, la confianza, la sinceridad y la naturalidad. La mayoría de adultos nos regocijamos viendo cómo estos principios se manifiestan en los niños pequeños que, además, nos suelen recordar algunos valores que vamos escondiendo con el tiempo.

 

Suele suceder que, estos sencillos principios, se van quebrantando en la interacción con las figuras importantes de nuestras vidas. Además, desde pequeños vamos entretejiéndolos con la confusión, la desilusion, la angustia y el dolor causados por la "traición" a esos principios. Así, nos vamos alejando de lo natural, y empezamos a crear mecanismos de defensa para proteger al ser herido; mecanismos, en muchos casos, basados en el autoengaño que, a su vez, sirven para despistar a los demás. Como estas máscaras de protección suelen surtir efecto, nos aferramos a las mismas hasta convencernos de que eso es lo que somos. Sin embargo, al actuar con estas máscaras se puede notar que la confianza, en uno mismo, es o muy débil o llena de dudas o inexistente. Por eso recurrimos a los consejos de otras personas, antes que a escuchar la voz interior. 

La confianza primordial, que tiene una natural expectativa, puede crear una experiencia de dependencia y de libertad al mismo tiempo. Esta sensación nace de la seguridad que se siente cuando, el proceso natural, no ha sido quebrantado por la traición. Sin embargo, para despertar y reconocer los principios naturales, a los que me estoy refiriendo, la mayor parte de veces necesitamos experimentar su lado opuesto. A menudo necesitamos alguna experiencia que promueva nuestro reconocimiento de su importancia y su valor. Viviendo en un mundo de polaridad, resulta comprensible que tengamos que experimentar los polos opuestos. De esta manera se espera tener una claridad del eje medio y funcionar en un claro balance.

Para enfrentar y resolver el dolor, causado por la traición, se requiere un trabajo profundo. Mucha gente se queda con el resentimiento, la ira y hasta el odio creyendo que con el tiempo pasarán al olvido. Estas actitudes se guardan en el interior y, a menos que se las cure y se las libere, dentro del tiempo de gracia personal, empiezan a actuar sobre el cuerpo, con su misma energía corrosiva, afectando al ser con proyectos de salud. Eventualmente, cuando el proyecto de salud ya se ha establecido en el cuerpo, las personas suelen enfocarse en la cura física del mal, más no en la causa interior que la creó. Es más, pocas son las personas que relacionan las enfermedades físicas con las enfermedades del alma. Esto refleja la desconexión en que vivimos. Sin embargo, si nos lanzamos a la aventura de la sanación integral, no sólo lograremos curar las heridas, sino que despertará una comprensión a nivel celular y vibracional sobre la importancia de pasar por experiencias dolorosas que, tras de sí, llevan una luz gigantesca.

La luz detrás de la traición puede relacionarse con una auténtica comprensión del perdón y su efecto sobre el camino del alma. La traición puede evocar la ira y el odio, en la superficie oscura, cuya luz escondida puede ser la comprensión de la creatividad y del amor. La traición, también, puede surgir por el miedo y la inseguridad. De todo esto podemos aprender a ver no sólo el amor sino nuestra eterna divinidad. Para lograr ver la luz, detrás del dolor o de las experiencias llenas de sufrimiento, necesitamos tener una orientación espiritual. Pues, si sólo vemos, mundanamente, la traición por traición, el miedo por miedo y así sucesivamente, no lograremos comprender su dinámica y su presencia en la vida como una enseñanza que nos ayuda a evolucionar.

En relación con el perdón, hay personas que creen que con decir: te perdono, ya se ha perdonado de verdad. Es muy fácil quedarse en el perdón mental y seguir, de todas maneras, sintiendo una desazón y disgusto profundos. La disyuntiva entre pensamiento y sentimiento, mente cerebral y corazón, es evidente en estos casos y no refleja un trabajo integral. El efecto del perdón y la armonía consecuente se puede sentir cuando alineamos lo que pensamos y lo que sentimos en una misma dirección. Esa dirección es consecuencia del proceso interno que se realiza para lograr un auténtico perdón. En ese momento, se vibra el perdón a nivel celular.Cuando se logra perdonar, a este nivel, se puede volver a sentir el amor sin que eso, necesariamente, signifique que se aceptará a la persona que traicionó, nuevamente, en la vida de uno. Hay casos en los que las relaciones se vuelven a activar y hay casos en los que las relaciones no se vuelven a activar, ni es necesario que suceda.

Cuando expreso que el perdón es un acto de desprendimiento, me refiero a que uno deja ir las emociones corrosivas y vuelve al amor. En ese momento, se liberan las cadenas energéticas que nos atan a otras personas y las cadenas personales que nos esclavizan al dolor. Esto puede explicarse con un ejemplo: acuérdate de una experiencia en la que te sentiste traicionado o traicionada. Recuerda lo que sentiste y por cuanto tiempo lo sentiste. Nota que, mientras piensas en la situación y sientes el dolor o lo que surja para ti, te mantienes atada o atado a esa persona y esa situación. Esos pensamientos y sentimientos crean cadenas de conexión con la otra persona que nos presionan interna y externamente. Lo mismo sucede en relación con uno mismo. Cuando uno comete errores y siente arrepentimiento necesita aprender a perdonarse a sí mismo. Perdonarse a uno mismo es igual o más importante que perdonar a otros. Cuando uno se perdona a uno mismo, se libera de la auto-presión, cuando se perdona a otra persona se libera de la inter-presión.

En relación con el perdón como llave que abre la puerta a la resolución de un karma, entiendo que, al liberarse de las cadenas, uno se desprende de lo que le ata: una persona o una situación. Esto no sucede si no se vibra el perdón a nivel celular. Imagino que, dentro del concepto de la reencarnación, si no se ha logrado despertar esta comprensión, en cada célula, las personas y las situaciones seguirán repitiéndose y girando en círculo hasta se manifieste esta sabiduría vibracional conscientemente.

Y cuando hayamos pasado por todo este proceso psicológico, que es necesario para comprender la fuerza de la luz llegaremos, rendidos, a una puerta que nos permita asimilar las dimensiones espirituales de nuestro potencial.

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Acerca del autor

Goy Paz, Terapéuta Psicosomática desde 1993. Conductora radial sobre temas de crecimiento personal desde 1988. Ha publicado 2 libros y 3 cds. Se especializa en Manejo de Estrés y Balance Emocional. Directora de Radio Serenidad y de Serenidad Spa Terap

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