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sábado 18 de septiembre del 2021
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Np creo en UPyD

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Tal afirmación, así sin más, ayuna de cualquier elemento explicativo ulterior, puede parecer ―lo comprendo muy bien― un vacuo ejercicio de dogmatismo o una boutade que, a muchos, les parecerá proferida desde la completa ignorancia del ideario-programa de la formación o, incluso mejor, desde una profesión de militancia en el malsano escepticismo conspiranóico, tan políticamente incorrecto como atrayente sobre todo en los tiempos que nos toca transitar. Tiempos aciagos que re-inauguran, en lo político, una hégira del casposo y nefando felipismo-rubalcabismo trufado ―en éste remake― de una buena dosis de movimiento perroflautil, tanto exógeno (procedente de las manipuladas, ilegales y hediondas zahúrdas de la Puerta del Sol y Barcelona, básicamente) como intragubernamental (protagonizado por los «preclaros» y «eficaces» Salgado, Chaves, Blanco, Jáuregui y Jiménez).

En fin, que lo más lógico es ―a renglón seguido― pergeñar un razonamiento que complemente la aseveración que inaugura la página para soslayar posibles críticas y descalificaciones hacia mi humilde persona.

UPyD (más conocido como «el partido de Rosa Díez») se ha convertido, tras el resultado de los comicios del 22 de mayo, en una pieza clave para la constitución de algunas corporaciones locales (26 en concreto), casi exclusivamente en la Comunidad de Madrid, de las cuales Getafe ―tanto por el volumen de población como por el alcance político-mediático que ha traspasado ampliamente las fronteras del consistorio― es, con mucho, la que más resuena en los mentideros periodísticos de todo pelaje. La médula del asunto, pues, estriba en conocer de qué lado caerá el apoyo, por acción u omisión, de los concejales electos de la formación «magenta» y, ahí, es donde realmente entramos en terreno asaz pantanoso. Veamos el «escenario» que diría un progre:

El partido más votado ―o sea, el ganador de las elecciones― ha sido el PP obteniendo 12 concejales; le siguen el PSOE de Pedro Castro (ya saben, esa mezcla de Demóstenes, Cicerón y Petronio de nuestra democracia que tiene sus reales aposentados sobre el municipio desde hace unas tres décadas y, para más inri, preside la FEMP) con 9 ediles, IU con 4 y, finalmente, UPyD con 2. Como se puede colegir, ni el PP ni ―por el otro lado del espectro― la unión de socialistas y comunistas conformarían una mayoría absoluta, de tal forma que se impone, inexorablemente, un acuerdo entre estas fuerzas y el partido de la señora Díez.

Las posibilidades, sobre el papel, pasan por un apoyo explícito de UPyD al PP con lo que éste obtendría la mayoría absoluta; el mismo tipo de aval a la conjunción socio-comunista haría que volvieran a quedarse con el gobierno del consistorio. Si, por el contrario, los representantes «magenta» se abstuviesen, le correspondería a los «populares», según preceptúa el artículo 196 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General de 1985 (más conocida como LOREG), la tarea de llevar las riendas de la política local getafense los próximos 4 años.

Las exigencias que UPyD hace a los partidos mayoritarios para merecer su apoyo han sido aireadas en numerosas ocasiones y se resumen en dos primeras propuestas tan bienintencionadas como etéreas y un compromiso más concreto (e importante en el caso de la política local): la promoción de una reforma de la ley electoral, la devolución, al Estado, de las competencias en materia de Educación que, ahora, ostentan las Comunidades Autónomas y la imposibilidad de apoyar listas municipales que contengan personas imputadas por corrupción o, de no ser de aplicación este postulado, permitir que gobierne la lista que haya obtenido más sufragios populares.

Faltaron menos de 24 horas para que la número 6 de la lista de Castro, Cristina González ―imputada por adjudicar en 2009 las obras de un aparcamiento del plan municipal a la gestora Roblepark S.L. de la que forman parte sus progenitores y su cónyuge (es conocida la querencia del rojerío patrio por el fomento del enriquecimiento familiar a costa de nuestros bolsillos; nada nuevo, por desgracia)― renunciase a su acta de concejal en un comunicado en el que, tras los insultos de rigor al PP, señalaba que tomaba tal decisión para «[que UPyD pueda] llevar a efecto un acuerdo de gobierno con el PSOE en el Ayuntamiento de Getafe». Pero la cosa no termina aquí. No, no se vayan que aún hay más. Y lo que hay, a mayores, es la polémica que, allá por el mes de abril, rodeó la confección de las listas de la formación de la señora Díez en el mentado municipio. En efecto, nada menos que diez militantes, diez, expresaron su renuncia a que su nombre figurase en la papeleta tras conocerse la «decisión», pastoreada desde las alturas, de incluir en ella a Cristina Fernández Acebo como número 2 tras una permuta con el que ocupaba originalmente ese lugar. Y qué ocurre con esta señora, se preguntarán algunos. Pues lo que sucede es que está casada con el constructor Fidel Alonso, un «príncipe del ladrillo de protección oficial» antiguo muñidor de negocios con la felizmente extinta Unión Soviética, primer secretario de CCOO en Madrid y uno de los protagonistas del cisma en el comunismo español encabezado por Ignacio Gallego que dio lugar al Partido Comunista de los Pueblos de España; más recientemente, con el regidor Castro mantuvo una relación de amor-odio que, según se desprende de ciertas informaciones, terminó por decantarse hacia la vertiente del enfrentamiento abierto. Así las cosas, Alonso habría ―reitero que aunque no son más que especulaciones desprenden un molesto tufo de verosimilitud― financiado la campaña de UPyD en Getafe a cambio del puesto de su señora en el consistorio, lo que, hipotéticamente, le daría una posición privilegiada de influir en la política local, especialmente en materia urbanística ya que, Fernández Acebo podría apoyar al PSOE siempre que Castro no fuese el Alcalde o, bien, abstenerse y favorecer la elección de Juan Soler el cual, en buena lógica, debería estar agradecido a ese gesto

Rosa Díez señalaba, el día 28 ―durante el transcurso del Consejo de Dirección para analizar los resultados de las urnas― que su formación actuará con responsabilidad y «no pervertirá el sentido del voto de los ciudadanos»; también admitió que Ferraz se había puesto en contacto con ella pero no los de Génova 13. En similares ―y crípticos― términos se expresaba José Luis Morato, el portavoz de la candidatura getafeña, en declaraciones a esRadio ayer, lunes, al señalar que «no vamos a ir en contra de lo que dicen los ciudadanos» después de constatar que la renuncia de la edil socialista es un «buen gesto» y que «algo está cambiando en el partido socialista».

Así las cosas, todo permanece en el aire madrileño mientras se aproxima, inexorable, el once de junio, fecha en la que han de constituirse las corporaciones municipales.

De cualquier forma si tantas ansias de regeneración y limpieza tienen en la casa «magenta» deberían hacérselo mirar y con urgencia pues no es la primera vez que surgen dudas acerca del proceder de su dirección ni, tampoco, es nueva la renuncia de personas ―de más o menos fuste― por entender que se han pervertido, de alguna manera, los postulados que dieron lugar a su fundación y entrada en el panorama político de España. Pero además, en lo que a mí se refiere, he podido contemplar que las escisiones del marxismo, desde la socialdemocracia de Bernstein en 1875, hasta la Tercera Vía surgida en la década de los 90 del siglo pasado, no han supuesto una mejora sustancial ―al menos desde el punto de vista intelectual― de las necias y caducas teorías del misógino tío Karl.

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Acerca del autor

Miguelanxo Martín

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