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martes 07 de abril del 2020
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¿Realmente eres Egoísta?

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El egoísmo es una noción que ha sido fuertemente criticada por mucho tiempo. Es por sí misma bastante controvertida. A nadie le es ajena pero a la mayoría de nosotros les disgustaría ser llamados egoístas.

Pero en realidad sería conveniente aclarar un poco el término antes de continuar. Hay que saber qué es exactamente para poder afirmar o negar cualquier cosa al respecto. Después de todo, muchos de nuestros padres nos inculcaron actitudes contrarias o a favor del egoísmo. Sin embargo, nunca nos dijeron claramente qué era ser egoísta. Solo nos hicieron creer que era correcto o que era incorrecto. Casi siempre fue lo primero.

Se entiende por egoísmo que pongas tus intereses por encima de los intereses de las demás personas. Que en las cosas que hagas se evidencie que te importa un bledo el bienestar o los intereses de los demás; a no ser que te convenga. Que hasta poseas una filosofía que explique el porqué debes darte prioridad en todo. Y por último, que tus sentimientos estén fuertemente centrados en ti mismo.

Pero ¿eres egoísta? ¿Deseas ser egoísta? Y si lo eres ¿te arrepientes de serlo?

Creo que antes de emprender respuestas hacia esas interrogantes hay que preguntarse cuestiones más primarias: ¿Es malo ser egoístas? ¿Puede alguien no ser egoísta? Para no perdernos en valoraciones éticas o filosóficas usemos un artilugio. Veamos hacia donde conlleva el desarrollo del egoísmo con algunos ejemplos.

La profundización en el desprecio hacia los intereses y derechos de los demás desemboca en tragedias. Se traduce en conductas antisociales como el asesinato, la violación sexual, el robo, la violencia física, la usurpación del derecho ajeno, la arrogancia, el terrorismo, las dictaduras... el fascismo. En todos esos casos solo importan los derechos y caprichos de los victimarios. Lo que deseen las víctimas no importa para nada. Esos son ejemplos muy claros y lamentables de conductas egoístas.

Sin embargo, tú tienes tus propios intereses los cuales deseas y debes defender. Nosotros jamás seríamos autores de hechos tan abominables como los que mencioné. Pero en determinadas situaciones estamos dispuestos a poner nuestros intereses por encima de los de otros. Es más, es necesario que lo hagamos para poder proteger nuestros derechos. Si debemos alimentar a alguien pensaremos primero en nuestros propios hijos. Si hay que salvar a alguien de un desastre haremos todo lo posible por rescatar a nuestra familia. Si hay que despedir a alguien, no nos ofreceremos como voluntarios con tal de salvar el puesto de otros.

Entonces, ¿somos irremediablemente egoístas? Absolutamente no. Nada de lo que he mencionado te hace egoísta. Sería una gran equivocación y un absurdo creer que para no ser egoístas hay que vivir sin intereses propios. Todo el mundo, hasta las personas más altruistas y generosas tienen intereses personales. Y está bien que así sea, es un derecho de cada cual y algo inherente a los seres humanos. Todo el mundo tiene una responsabilidad también consigo mismo.

Sin embargo, eso no impide que te preocupes por la suerte de los demás. Si ves a alguien necesitado le prestas ayuda si está a tu alcance. Haces favores a los demás sin esperar nada a cambio. Deseas que otras personas puedan ser felices y te satisfaces con la alegría de los niños.

A su vez eres capaz de sufrir por las desgracias humanas que ocurren en tu presencia. No quieres que mueran inocentes, aborreces la violencia y te gustaría que en este mundo no hubiera tantas injusticias. Tienes en general buenos deseos hacia los seres humanos. Y también tienes buenos deseos hacia ti mismo porque tú también eres un ser humano y lo mereces.

Luego, basta ya de aceptar que somos egoístas. Salvo algunas lamentables excepciones. Todo el mundo es capaz de hacer el bien desinteresadamente en algún momento. Sería imposible hacer todo esperando un beneficio personal a cambio. Hacemos muchísimas cosas por el simple placer de contribuir en algo. Por el simple placer de defender algo que nos parece justo. Por la simple satisfacción de ponernos del lado de los que ahora son débiles.

Definitivamente, eres como todos los seres humanos, tienes intereses. Pero eso no te hace una persona egoísta. No eres una persona egoísta.

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Acerca del autor

Alejandro Capdevila

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