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martes 07 de abril del 2020
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¿Por qué fracasa el Control Mental?

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He tenido oportunidad de formularle la misma pregunta a miles de personas. He oído millares de respuestas. Les he pedido que me digan cuáles son sus principales problemas y preocupaciones.

Con el tiempo, las respuestas me fueron pareciendo similares entre sí. Parecían obedecer a cierta regularidad. Y gracias a ello pude clasificarlas en dos grandes grupos. Estos tipos de contestación se diferencian en la naturaleza de las cuestiones que plantean. Veamos algunos ejemplos:

Me preocupa lo poco que gano en el trabajo. El tiempo que tengo no me alcanza para estar con mi familia. No sé si podré aprobar los exámenes. Quisiera que mis padres me entendieran mejor. Mi esposa es demasiado recalcitrante. No sé cómo enamorar a la persona de mis sueños. Eran algunas de las inquietudes de los individuos del primer grupo.

No logro superar mi timidez. El insomnio me está matando. Siempre que tengo que hablar en público me quedo trabado. Otra vez se me han metido esas ideas insoportables en la cabeza. Estoy embargado por la tristeza... No he podido lograr controlar mi ansiedad. Tengo un miedo terrible a las situaciones sociales. Me gustaría mucho cambiar mi personalidad. Siempre he vivido traumatizado. Son ejemplos para el segundo tipo de respuestas.

Es curioso ver qué pasó con estas personas después de varios años. Porque he podido comprobar que su suerte responde a cuál de los grupos pertenecen. Veamos qué sucedió con los individuos del primer tipo. Ellos evolucionaron, habían resuelto gran parte de sus preocupaciones. Y otras no las habían resuelto pero las habían abandonado. O sea, de una forma u otra ya no tenían las mismas inquietudes. Ahora tenían otras.

En contraste, el segundo grupo se presentó inmutable. Pasan años y ellos siguen relatando exactamente las mismas ansiedades. O para ser más exactos, las mismas pero acompañadas ahora de otras nuevas. Durante gran parte de su vida, tal vez toda su vida; siguen ante el mismo escenario de problemas. No pueden de ninguna manera alcanzar la orilla del pantano.

Bien merece este fenómeno que profundicemos en él. Lo primero que podemos observar es el tipo de problema que enfrenta el grupo estancado. Ellos están ante cuestiones de índole psicológica la mayoría de las veces. Están enfrascados en operar cambios sobre su mente. Quieren calmar su ansiedad, modificar su carácter, ser más felices, etc. En cambio, los del primer grupo están decididos a resolver problemas más prácticos. Es decir, cuestiones que pueden ser decididas de una manera más objetiva.

A primera vista parece que ya hemos encontrado una explicación. El segundo grupo no avanza simplemente porque enfrenta los problemas más difíciles. Se ha planteado realizar modificaciones sobre sus funciones mentales. Lo cual, ya sabemos es bastante complicado. Porque la personalidad en sentido general es difícil de modificar.

Pero hay detalles que no debemos pasar por alto. La gente que enfrenta cuestiones no mentales también encuentra serios obstáculos. A veces las pruebas que tienen que vencer llegan a ser épicas. Pero a diferencia del otro grupo, ellas reconocen claramente la naturaleza del problema. Elaboran planes y toman decisiones concretas. Llevan a la realización sus ideas, actúan de una manera tangible y práctica. Reciben ayuda de otras personas. Para, finalmente, obtener resultados perfectamente visibles que pueden catalogar de triunfos o fracasos.

Por eso las causas de las diferencias no debemos buscarlas en los problemas. Más bien están en la gente. Y es que la mente humana está preparada para actuar sobre el entorno. Está lista para cambiar el mundo. Sin embargo, es casi completamente incompetente de controlarse a sí misma. Y cuando lo intenta, obtiene resultados contraproducentes.

Digamos que el hombre no está concebido para concentrarse en sí mismo. Está más bien dirigido a actuar sobre cuestiones prácticas. Y es sobre ellas donde obtiene los resultados más reconocidos y relevantes. Es en la actividad vital productiva y útil donde haya su verdadera realización y felicidad. Es de donde saca sus mayores éxitos y principales crecimientos personales.

Cada persona toma por eso una decisión sobre su papel sobre la Tierra. Decide invertir toda su vida en intentar controlarse a sí misma o se libera y opta por controlar al mundo.

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Acerca del autor

Alejandro Capdevila

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