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miércoles 11 de diciembre del 2019
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Toda la Gloria cabe aquí, en mi puño

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La historia de la humanidad ya abarca un periodo de varios miles de años. Y ha estado signada por las luchas permanentes y las guerras por el poder. Es la repetición constante de las mismas motivaciones. Unas veces ha sido en pro de la instauración de regímenes tiránicos o sangrientos. Y otras veces más afortunadas ha contribuido al desarrollo.

El devenir histórico de la humanidad es un proceso objetivo. Y eso quiere decir que ocurre de cualquier manera independientemente de las personalidades históricas. O para ser más claro, no son las personalidades históricas las que hacen la historia. Es precisamente lo contrario, son las condiciones históricas las que permiten el surgimiento de determinadas personalidades históricas.

Pero hay muchos nombres que han jugado un papel prominente en el curso de la humanidad. Muchos se han destacado como grandes científicos, artistas, políticos, revolucionarios, economistas, etc. Gente que encontró fuerzas colosales para vencer adversidades aparentemente insuperables. A veces pagaron con su propia vida el sueño de la grandeza.

Pero podemos y debemos preguntarnos: ¿De dónde sacaron tanto ímpetu, tanta fuerza? Porque la respuesta a esa pregunta no solo ayudará a entender mejor la historia. También servirá para que cada uno de nosotros encuentre siquiera una fracción de esa fuerza. Nos vendrá muy bien porque, aunque sea en menor escala, también aspiramos a lograr proyectos de importancia.

Al consultar la vida de cada figura histórica, aunque con no pocas excepciones; la respuesta es una: buscaban la gloria. Así es, arriesgaron todo y lucharon intensamente para conseguir algo abstracto y sublime llamado gloria. ¡Y cuán colosal fue el afán que encontraron gracias a ella!

¿Pero qué es la gloria y qué valor tiene? Bueno, la gloria es en primer lugar el reconocimiento de otros hacia algo muy relevante que hayas conseguido.

Por ejemplo, todos los próceres de la independencia alcanzaron la gloria. Y no estoy diciendo que andaban en busca de ella. Pero sí consiguieron a la larga el reconocimiento histórico a sus hazañas y logros a favor de sus pueblos. Sus figuras están rodeadas de un halo de respeto y veneración. Y nadie pude negar que tengan reservado un lugar eminente dentro de la historia de la humanidad.

¿Y realmente es algo tan grande la gloria? Y en suma ¿qué importancia real tiene que otros reconozcan o no lo que hacemos? Es más, si lo que buscamos es el orgullo de hacer algo grande ¿Para qué sirve realmente eso? En definitiva no somos nada, somos y seremos siempre algo totalmente insignificantes en el universo sin importar lo que hagamos. La misma historia humana es algo cabalmente y necesariamente limitado en el tiempo. Todo lo que hagamos, por extraordinario que sea, está inevitablemente condenado al olvido y a la extinción. No hay nada humano que vaya a durar para siempre.

La gloria llega así a develarse a veces como un afán ridículo por prevalecer a través del tiempo. Pero ¿por cuánto tiempo? ¿Para qué? ¿Ser reconocido para qué? ¿Debemos esperar por el aplauso de los demás para hacer lo que sabemos que tenemos que forjar? No se le halla sentido.

Nada de lo hecho, por muy grande que sea, conserva intacto su valor cuando se conoce que solo fue hecho por alcanzar la gloria. Se demuestra entonces que meramente existía la intención egoísta de procurar un premio por lo creado. Y la gloria en sí misma no vale nada, es pura banalidad. Lo verdaderamente grande es lo que se hace por amor, por pasión desinteresada.

El reconocimiento a nuestros esfuerzos no deja de ser agradable. Y además es justo y merecido cuando hemos luchado. Pero no debes hacer las cosas con la única motivación de obtener gloria. Debe haber algo más aparte del afán de destacarse. Porque toda la gloria del mundo es tan ridícula que cabe aquí, en mi puño.

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Acerca del autor

Alejandro Capdevila

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