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domingo 26 de mayo del 2019
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El agua: líquido escaso y precioso

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Profecía india: Solo despues de que el último árbol sea cortado, solo despues de que el último río sea envenenado, solo despues de que el último pez sea apresado, Solo entonces sabrás que el dinero no se puede comer.

El camino que Rosalinda debe recorrer todos los días está lleno de piedra y polvo. El sol incandescente de la península Guajira le indica que la mañana está terminando y debe apurar el trote del burro en el que viaja de regreso a casa luego de llenar las garrafas en las cuales ha depositado el agua obtenida en un molino cercano. En realidad no tan cercano, pero para ella y su familia tener el agua a tres kilómetros de su vivienda es mejor que no tenerla en ninguna parte como sucedía antes. Eran otros tiempos en que se sufría aún más en busca de ese líquido transparente, precioso y escaso.

En algunos minutos su mamá y hermanos la recibirán con alegría pues podrán preparar sus alimentos. La pequeña niña cambiará sus ropas y caminará otros dos kilómetros hasta la escuela en donde recibe las clases de cuarto grado de una maestra que habla su propio idioma y quien debe caminar, al igual que ella, varias horas para cumplir con su trabajo de enseñarle aritmética, castellano, ciencias y otras asignaturas que ella necesitará para entender el mundo y seguir adelante en la vida.

Conseguir y transportar el agua es parte de la cotidianidad para los habitantes de la Península de La Guajira y, especialmente, para los indígenas asentados en la parte media y norte de la misma. Algunos se abastecen en los jagüeyes en donde el agua es un líquido turbio y espeso que además de oxígeno e hidrógeno contiene restos de hojas, barro, cadáveres de pequeños animales, semillas, arena, trozos de madera y excremento animal y humano. Esa pócima, con un remoto parecido al agua líquida, transparente y pura que se consume en otras ciudades, servirá para preparar los alimentos y la chicha y calmará la sed de toda la familia, incluidos los niños y ancianos.

El molino de viento suele ser el mejor amigo de la comunidad. Las hélices sostenidas en la parte alta de la torre extraen el agua de las entrañas de la tierra y la pone al alcance de todos. El agua puede ser desde un poco salobre hasta totalmente salada, pero no importa: tener agua es una bendición aunque su sabor no sea el mismo que el de las botellas que se encuentran en las neveras de los hoteles o en los estantes de los supermercados.

Los prolongados e intensos veranos han llevado a los guajiros a hacerse amigos de la lluvia. El cielo gris y el anuncio de la tormenta es visto con alegría por una razón simple: la lluvia es una oportunidad preciosa para recoger agua, llenar las tinajas, las múcuras, las ollas los tanques y las albercas. Y para que el fangoso y desolado lecho del jagüey vuelva a llenarse y pueda ofrecer su pastoso contenido por unos meses, mientras la lluvia vuelva de nuevo.

La mayoría de los municipios de La Guajira han logrado instalar una red domiciliaria de distribución de agua con el fin de aprovisionar a los habitantes de algunos pueblos privilegiados. Pero el servicio dista de ser aceptable por dos razones: Primero, el agua no llega todos los días y segundo, su calidad no es apta para el consumo humano, como lo han demostrado varios estudios hechos por laboratorios de reconocida seriedad.

Cuando el agua llega al barrio es casi un día de fiesta y todos en la casa se dedican a trabajar para almacenarla en la alberca, un tanque de cemento tan necesario como el cuarto de baño o la cocina. Mientras más agua se almacene más posibilidades hay detener agua hasta la siguiente semana o la siguiente quincena o hasta cuando las tuberías vuelvan a humedecerse por la presencia del vital elemento.

Cuando Rosalinda sepa leer bien y lea una revista especializada en el tema se podrá enterar de que hay ciudades en que una persona gasta cincuenta litros en el baño de la mañana y quince más al jalar la cadena del inodoro. La aritmética simple de sus estudios primarios le servirán para sacar cuentas 50 + 15 es igual a 65. Sesenta y cinco litros son más de tres “pimpinas”, un recipiente de veinte litros que sus tíos utilizan para vender gasolina en Riohacha y Maicao. Pimpinas es mucho más de lo que su viejo burro puede cargar e un solo viaje para transportarlo por los caminos de piedra y polvo que conducen a la ranchería. Para cargar todo ese líquido necesitará hacer tres viajes y emplear un tiempo valioso que le podría servir para aprender los secretos de la aritmética, la alegría de las letras y los ritmos del tambor de la yonna, baile típico de su pueblo.

El nuevo día ha llegado y mamá Lucinda le advierte que es hora de ir a buscar el agua. Ella inicia la rutina del día, ensilla su asno y asegura las múcuras, pero nota que uno de los recipientes aún tiene un poco de agua y por eso sabe que “Choco”, su perro fiel aún tiene sed. Lo invita a beber y luego inicia su viaje cotidiano hacia el molino. Sus hermanitos la ven alejarse poco a poco por ese camino tantas veces transitado.

Ellos están pequeños y no pueden acompañarla, pero Rosalinda no viajará sola: “Choco” ha terminado de beber y ahora corre para alcanzarla. En unas horas las múcuras regresarán rebosantes de su valioso contenido y Rosalinda podrá ir de nuevo al colegio en donde aprende a familiarizarse con los números y las letras.

Algún día será como la tía MIldre, quien estudió mucho y hoy es doctora en un hospital lejano. Tal vez entonces leerá una revista en que se entere que el agua se está acabando y ya no se pueden gastar 65 litros en el baño. Entonces volverá a recordar los tiempos felices de la infancia en que solo miraba atrás para ver el adiós inocente de sus hermanitos y la carrera alocada de “Choco” para alcanzarla.

Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso periodista y académico colombiano cuyos artículos se publican en páginas de internet, periódicos y revistas de varios países del mundo. Recientemente fue galardonado con el premio de periodismo de EL CERREJÓN en la modaidad de internet. Frecuentemente es invitado a seminarios y conferencias en diversas ciudades. Póngase en contacto con él a través del correo alejandrorutto@gmail.com y visite su página www.maicaoaldia.blogspot.com.

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