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jueves 02 de abril del 2020
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Erich Eliskases, un Caballero del Ajedrez a la vuelta de la esquina

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Erich Eliskases, un Caballero del Ajedrez a la vuelta de la esquina

Tirolés de nacimiento y cordobés por adopción, desde hace cincuenta años es la gloria mudial del ajedrez más grande que vivió en la ciudad de Córdoba. La Segunda Guerra Mundial, la invitación a un torneo y la seducción de una simpática cordobesa lo hicieron anclar para siempre en “La Docta”. Su enfrentamiento con nueve de los trece titulares ecuménicos de la historia del juego ciencia y la participación activa en diez juegos olímpicos nos eximen de mayores comentarios para presentarlo. Admiración. No es otro el sentimiento que provoca quien entregó sin retaceos un enorme caudal de sabiduría, modestia y cristalinos pensamientos en el mundo del ajedrez. Un auténtico caballero. Aunque ni remotamente cruzó por su mente que la invitación a jugar un torneo en 1947 sería la jugada inicial de una nueva partida en su vida. Erich Eliskases llegó a Córdoba con la valija llena de pergaminos y en busca de retribuciones que le permitieran sobrevivir lejos de su pequeña aldea natal ubicada al pie de Los Alpes. Sucedej que viajar para jugar al ajedrez ha sido -y lo sería por mucho tiempo- su principal activida. Era tan así que año tras año se trasladaba desde Brasil (donde vivía como “rehen” a causa de la Segunda Guerra Mundial) para competir en nuestra ciudad. Pero esto sucedió hasta que un día del verano de 1951 conoció a María Esther Olmedo, una cordobesa que lo sedujo y atrapó para siempre. Así Cupido (símbolo del amor) se enredó con Caissa (la diosa del ajedrez) y gracias a este encuentro casua los cordobeses tenemos “a la vuelta de las esquina” al único Gran Maestro Internacional (GMI) que vivió en nuestra ciudad. Nueve campeones y diez olimpíadas Para quienes no saben nada de él, la sola mención del enfrentamiento que sostuvo con nueve de los trece campeones mundiales reconocidos oficialmente por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) nos exime de mayores comentarios.

Participó en 10 Juegos Olímpicos

Además, tomó activa intervención en diez Olimpíadas ajedrecísticas: Hamburgo 1930, Folkestone 1933, Varsovia 1935, Munich 1936, Estocolmo 1937, Buenos Aires 1939, Helsinsky 1952, Munich 1958, Leipzip 1960 yTel Aviv 1864 En las primeras cinco representó a Austria; en Buenos Aires jugó para Alemania y las restantes lo hizo para la Argentina. De esta manera, tuvo el récord de ser el único jugador de de ajedrez que representó en estos eventos a tres países distintos. Si a esto le sumamos que habla y escribo cinco idiomas (alemán, italiano, portugués, inglés y castellano) y que es un avezado estudioso de la geometría analítica, no podemos más qaue concluir que estamos ante un ser humano sobresaliente. En los intrincados laberintos del ajedrez. Eliskases fue un gran técnico (comparado muchas veces con el genial cubano José Raúl Capablanca), y un permanente innovador en las aperturas. Aún hoy, muchas líneas de de juego que practican los jóvenes maestros tienen el sello de su creación. “Como en el poeta -decía este caballero- el subconsciente del ajedrecista trabaja mucho. Analizar a la ciega, sin tener un tablero de ajedrez en frente, ayuda a fijar los principales alementos de cada posición, que son fundamentales para concretar una buena combinación o una idea interesante. Una intensa actvidad Hasta sus últimos días, en su apacible hogar del Barrio de Alto Verde (que habitó desde 1958) se lo observaba diariamente descubriendo los secretos de cada una de los innumerables libros que llegar a su mano. No sólo de ajedrez, sino también de geometría analítica Pero la tiranía del tiempo es irreversible y, seguramente, no alcanzará a beber de todos ellos. El mismo lo reconoce cuando, entrecerrando sus ojos claros y mensurando cada palabra, señalaba: “Quisiera vivir otra vida para poder leer todos los libros hermosos que tengo y que todavía no pude hacer”. Así mismo, dentro de su actividad habitual, realizaba profundos comentarios de partidas para algunas publicaciones de Europa, contestaba correspondencia a amigos de todo el mundo y analizaba minuciosamente sus partidas (que tenía prolijamente archivadas en una veintena de amarillentos cuadernos de tapa dura). De los mismos surgieron la mayor cantida de partidas para el libro Erich Eliskases, Cabellero del Ajedrez, que agotó dos ediciones. Conversar con él era un gran placer. El tiempo se esfumaba rápidamente. Los recuerdos fluían veloces de su mente y el interlocutor se sentía desbordado. Como por ejemplo, cuando rememoraba el torneo de ajedrez Nothingan en 1936, el más importante que jugó en su vida por la calidad de participantes. (Capablanca, Lasker, Alekhine y Botwinnik, entre otros); o de la incomididad que le produjo jugar en la cárcel de barrio San Martín, en una de sus primera intervenciones en competencia de ajedrez en nuestra ciudad; o cuando llegó a Córdoba y tenía que compartir con estudiantes un departamento prestado por Luis Soppelsa; o los torneos de La Habana y Montevideo, que fueron en donde ganó mayor cantidad de dinero: u$s 600 en cada uno. Así mismo, aunque reconocía que le causa más emoción reproducir partidas de ajedrez de su época, también analizaba las jugadas de maestros actuales. Y emitía juicios como este: “Me gusta más Kasparov que Karpov, el campeón va siempre para adelante, mientras que “tolia”, hace muchas tablas sin luchar”. En definitiva, un hombre pleno, a quien cualquier persona medianamente culta lo escucharía durante horas. Un ser humano lleno de sabiduría y finos modales (como desliza su esposa: “Después de cuarenta años todavía me seguá diciendo “gracias” hasta cuando le alcanzo un vaso de agua”). Sin dudas, un ser humano agradecido de la naturaleza.Un verdadero Caballero del ajedrez.

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Acerca del autor

MI Raúl Grosso (ICCF)

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